La clave del éxito del Sindicato de Inquilinas: así funciona el método ‘organizing’
El movimiento abraza una corriente nacida el siglo pasado en Estados Unidos y redefine la lucha de la clase obrera


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Un sindicato que no asocia a trabajadores ha provocado un adelanto electoral y una huelga general. Las nuevas relaciones sociolaborales tienen como respuesta plataformas que no responden a las instituciones al uso, pero que nacen en realidad de una realidad industrial.
Los movimientos modernos de organización colectiva fuera de los partidos políticos y otras instituciones clásicas como los sindicatos de trabajadores, nacen en los años treinta en Estados Unidos. Es en 1940 cuando en el cinturón industrial de Chicago, el activista Saul Alinsky dinamiza a familias de clase trabajadora para hacer oír su voz y sus necesidades con un éxito que luego se extiende a otras partes y sectores del país, como los agricultores en California. Este movimiento de empoderamiento de las comunidades por fuera de los cauces tradicionales tiene un fuerte impacto, con Barack Obama como uno de sus líderes más reconocibles.
El método “community organizing” se basa en construir un poder político-ciudadano con los resortes de la comunidad, esto es, asociaciones de vecinos, parroquias, AMPAs… Detectan problemas concretos — no se quedan en “pobreza”, lo trasladan a “no puedo pagar el alquiler porque ha subido un 40%— y activan mecanismos de acción directa, — llamar al casero, quejarse al concejal, y así sube el nivel de protesta para elevar la presión— . Por principio, el organizing es apartidista, y solo trabajan en que la comunidad sea tan fuerte que los políticos de cualquier color tengan que escuchar.
Aunque el denominado organizing nace con unas características muy americanas, fuertemente enraizado en las iglesias de diferentes credos de los barrios periféricos, salta a Europa a principios de los noventa, que lo adopta con acento propio. Encuentra su espacio donde hay una carencia social que no está atendida por las organizaciones tradicionales, especialmente por los grandes sindicatos que cada vez encuentran más problemas para llegar a los rincones de una economía descentralizada donde se ha perdido el centro de trabajo. Este es uno de los fuertes del organizing. Es capaz de conectar a individuos que sufren la misma realidad en diferentes espacios. La dificultad para acceder o conservar una vivienda se vive en hogares independientes y amalgamar en un solo movimiento las reclamaciones es un éxito rotundo del movimiento. Pero también vincula nuevas formas de trabajo más o menos autónomo como los riders, o trabajadoras precarizadas por la temporalidad, los turnos y la diseminación de tajos como las kellys o aún por despuntar, las empleadas del hogar.
A España llega con cierto retraso y en 2004 los primeros grupos que protestan por el difícil acceso a la vivienda se hacen notar, con iniciativas como Miles de Viviendas o Guerrilla de Vivienda. Finalmente, las iniciativas cristalizan en 2009, con la fundación de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). El movimiento se fija objetivos ganables (parar un desahucio) y va creciendo por todo el país. La PAH termina siendo el germen de los partidos de nueva política, principalmente Podemos, y ese devenir además de su propio éxito — se refuerza la protección del hipotecado— y la positiva evolución de la economía le llevan a una paulatina desaparición, mientras toma el relevo el Sindicato de Inquilinas.
Pero la PAH y el Sindicato no sólo se distinguen por su perímetro de acción. También se refina el método. “La PAH era muy asistencialista”, explica Jaime Caro, investigador en movimientos sociales de izquierda y que trabaja para SUMAR. “En 2019 se hace esa reflexión y se asume con mucha más fuerza el método del organizing estadounidense en el que se despliegan mecanismos de cobertura legal, informativa, y se crean brigadas y nodos”, apunta. Para algunos, las acampadas son unas protestas desordenadas y espontáneas, pero no. Se basan en métodos testados y estudiados de intervención, con objetivos tan medibles como los KPIs de las empresas.
Una de las fuerzas de estos movimientos es no institucionalizarse. Pero, entonces, ¿cómo logran su legitimidad? La Constitución española recoge el valor del diálogo social y a los sindicatos de clase —CCOO y UGT a nivel estatal— como interlocutores válidos del Gobierno. Son actores medidos y tasados que ya tienen su hueco en los marcos jurídicos. ¿Cómo hacen estos movimientos para ser tenidos en cuenta?
“Se consigue por pura fuerza organizativa”, dice Caro. Pero también son los propios agentes institucionales de izquierdas, como los partidos y los sindicatos, los que les dan esa legitimidad al entablar con ellos un diálogo extraparlamentario. Se produce la paradoja de que aunque no quieren estar dentro de las instituciones, las tienen que empujar para conseguir sus objetivos. Tienen que influir.
🚲 “La legitimidad es social”, dice Francisco Fernández-Trujillo, profesor de la UCM y miembro del Grupo de Estudios Críticos Urbanos que recuerda que los propios repartidores que querían mejorar sus condiciones no encontraban el apoyo de otros compañeros que defendían ser autónomos. Al final, la protesta social les llevó a tener el soporte necesario que consiguió catalizar una serie de derechos gracias, eso sí, a los sindicatos tradicionales.
Para Fernández-Trujillo, las nuevas formas sindicales crean sinergias con las tradicionales y ahí está su fuerza. “El nuevo sindicalismo complementa e incorpora la base de personas que se han quedado fuera del conflicto. Y lo hacen añadiendo un repertorio de acciones mucho más amplio del que tenían. En estos espacios nuevos las herramientas tradicionales no son válidas”.
🤳🏻 Luz Rodríguez, catedrática de Derecho del Trabajo en la Universidad de Castilla-La Mancha y especializada en la economía de las plataformas, esto es, los trabajos que dependen de una app abunda en esta complementariedad. “Los movimientos en la periferia del trabajo suelen ser más espontáneos y radicales en sus peticiones. Tienen una ventaja sobre los clásicos a los que se les ve dentro del sistema”, reconoce. Pero a la vez apunta a que para conseguir sus objetivos, estos nuevos sindicalismos tiran de las instituciones ya que son los sindicatos tradicionales los que tienen capacidad para negociar convenios colectivos donde se recojan los derechos demandados. “Los movimientos revitalizan el sindicato clásico. Generan simpatía entre los precarios y cuando el sindicato clásico se acerca se revitaliza. Son buenos. Les hace poner el foco en realidades que no estarían de otra forma”, concluye esta experta.
La plataforma Ridersxderechos también nace en Barcelona, y su principal acción pública es una huelga en Deliveroo (hoy ya fuera del país) en 2017. Los riders se habían organizado directamente en las zonas de espera habituales de los repartidores, y se habían marcado esos objetivos ganables, como el fraude de los trabajadores autónomos o el reparto de carga de trabajo de los algoritmos. Pero es el apoyo de los sindicatos tradicionales, CCOO y UGT, los que cristalizan las protestas en una Ley rider en 2021, pionera en el mundo.
🏭 Si pensamos lo que tardaron los obreros de la revolución industrial en organizarse y conseguir derechos (¿treinta, cuarenta años? Además de los sucesos trágicos que median catalizar los cambios), vemos que la velocidad de la lucha obrera para responder a la nueva economía es muy superior.
¿Qué es ser obrero?
☀️ Y es que, ¡Viva la lucha de la clase obrera! Es uno de los cánticos que estos días se han escuchado en la puerta del Sol de Madrid y en otras plazas de España. ¿Son los inquilinos por definición obreros?
La conceptualización del obrero en la nueva economía es clave para flexibilizar el perímetro de acción del sindicalismo. La definición marxista del obrero pivota sobre dos premisas: no es propietario de los medios de producción y depende para su sustento únicamente de su fuerza de trabajo. Además hay otros elementos que definen al proletariado según Marx, como la explotación de la plusvalía del trabajo, esto es, hay una apropiación por parte del patrón de la riqueza que genera el empleado que compensa de forma raquítica y además el proletario se siente ajeno a la actividad que le aliena y no es gratificante.
🖲️ El sector servicios y la digitalización hacen que los nuevos trabajadores difícilmente encajen en este corsé. Muchos tienen sus propios “medios de producción” (una moto, un ordenador) e incluso desarrollan actividades creativas y gratificantes, como un ilustrador o un investigador. De ahí que surja una nueva clase social a principios del milenio que se identifica con el “precariado” y que responde a otros patrones.
El precariado tiene como punto en común la inestabilidad pero también un acceso cada vez más pobre a derechos públicos o básicos, como la vivienda, la educación o la sanidad. Para Jaime Palomera, investigador de IDRA y autor del libro “El secuestro de la vivienda”, son los efectos de la crisis financiera de 2008, “un ciclo de onda larga”, los que exacerban esta merma de los bienes públicos que ya había empezado años antes con la privatización del agua o el transporte.
🪹Porque no solo cambia el sujeto de la clase obrera, también cambia el ecosistema, pasando de un capitalismo industrial que es la base reflexiva del marxismo a lo que desde estos movimientos se ve como un capitalismo extractivo o rentista. “En el capitalismo industrial se produce un valor en la empresa y en la fábrica”, explica Palomera. “Se genera riqueza aunque también se da la explotación. Pero con el cambio de estructura económica, lo industrial deja de dar rentabilidad. Y una parte del capital migra del ámbito de la producción a la reproducción”. La reproducción es el lugar donde los trabajadores hacen su vida fuera del trabajo, básicamente el hogar. Y estos movimientos ven que es donde ahora se extrae la riqueza, en la gestión del agua, de los suministros energéticos, en la gestión de colegios, de comedores… y un largo etcétera. “Para una parte importante del capital los ámbitos relacionados con los bienes básicos se convierten en objetivos de inversión de primer orden”, concluye Palomera.
De hecho, en la gestión de carteras de inversión, las empresas que explotan estos derechos o infraestructuras son consideradas críticas para lograr rentabilidades garantizadas en el tiempo y son las estrellas en un entorno de volatilidad e incertidumbre como el actual.
👷🏻♀️ Para este experto, la “desposesión” y el sentimiento de “autoprotección” son los denominadores comunes del nuevo sindicalismo social, que no entiende de fábricas. Y para desligar la figura del obrero del ámbito industrial resume la nueva lucha de clases. “El conflicto de clase está entre quienes dependen de su trabajo y quienes no”.
Fernández-Trujillo reconoce que en los tiempos que corren la condición “obrera” puede entrar en contradicción con la clase social. “Por nuestra clase social podemos disponer de más tiempo para la movilización”, dice asumiendo que muchas de las caras que se ven en Sol estos días son de estudiantes o profesionales de sectores medios. Pero coincide en que si tu único valor es tu fuerza de trabajo, entonces se te puede considerar “obrero”. Caro añade que “el trabajador es algo más que percibir un salario. Es que esa renta que percibe por trabajar se va a rentas de alquiler y es doblemente explotado”.
🦺 Rodríguez da una vuelta de tuerca con el mundo digital. Aunque los medios inmediatos (la bici, el móvil) sean del trabajador, el algoritmo de las app es el núcleo de la producción, así que si no lo gestionas, eres asalariado. Eso sí, para esta experta el trabajador no debe depender del mercado, es decir, de otros clientes. Este territorio se llena de grises en el caso de los chalecos amarillos en Francia, que algunos ven como clase trabajadora y otros no. Precisamente en Francia se habla ahora de “clases populares” en lugar de “clase trabajadora”. Un término en el que caben nuevas realidades.
Qué va a pasar
En la agenda del futuro inmediato van a pasar muchas cosas. Una huelga general arropada por los sindicatos tradicionales y unas elecciones generales. Pero, ¿Qué va a pasar con el Sindicato de Inquilinas? ¿Correrá la misma fortuna que la PAH?
Caro cree que su suerte será diferente. “El Sindicato de Inquilinas viene del trauma de la aspiradora de Podemos de todos los movimientos sociales. En toda esta gente hay una crítica muy profunda de saltar del sindicato de izquierdas a la institucionalidad”, resume. Por eso, dice, hay puestos rotativos de portavocía y cierta vehemencia con que las protagonistas no pueden acabar en política. Pero el organizing sí ha terminado en instituciones de Estados Unidos. El caso de Obama es el principal exponente, pero el partido de Mandani, en el cual milita Caro, nace de los mismos movimientos y desde el Ayuntamiento de Nueva York se ha convertido en institución.
🧜🏻♀️ Las fuentes anarcosindicalistas de las que también bebe el movimiento hacen creíble que una parte importante de sus integrantes esté impermeabilizado de los cantos de sirena de la política. Porque eso ha sido otra constante de estas nuevas organizaciones. Una presencia, más o menos activa pero siempre visible, de sindicalistas de la CGT.
⬛🟥La CGT es una escisión de un sindicato con pedigrí auténtico en el viejo orden industrial, la CNT, nacido en 1910. Pero una parte de este movimiento sindical libertario y anarquista decide al poco de llegar la democracia apostar por la vía pragmática y apostar por los mecanismos que recogen las nuevas leyes: elecciones sindicales, comités de empresa…
Dice la wikipedia que la CGT es el sindicato anarquista con más afiliados del mundo. Fuentes del sindicato, que el domingo pasado tuvo elecciones, dicen que en los últimos seis años han tenido un fuerte crecimiento de afiliación, con 8.000 nuevos adscritos solo en Catalunya, donde, dicen, superan ya los 30.000 afiliados. En total, son la tercera fuerza sindical estatal con más de cien mil miembros, y aseguran ser mayoritarios en sectores como la educación infantil, rompiendo así la idea tradicional de que su base era la fábrica. En los últimos meses, su papel en el culebrón de Airbus ha sido determinante, alargando el conflicto y a punto de hacer caer el acuerdo de los dos sindicatos mayoritarios con la empresa.
💜 El sindicato con el origen y las ideas más “antiguas” ha sido el que ha estado más vivo para intervenir en las nuevas realidades sociales. En 2018, dieron cobertura legal a la Huelga de Mujeres; estuvieron en el nacimiento de las riders y las kellys, y sus banderas ondean en Sol a favor de los inquilinos. “El sindicalismo se tiene que adaptar”, dice una fuente que no se identifica porque no es el portavoz oficial de la formación, mucho más de orden de lo que parece. “Hay un cambio de paradigma y estamos muy comprometidos”. Los anarquistas son flexibles y por eso no han tenido problema en abrazar al nuevo obrero. “Son seres diversos, nosotros trabajamos en los sectores donde no hay plenos derechos Puede ser por personas racializadas… hay que reinterpretar las nuevas realidades y conservar el sindicalismo combativo”, dice el cegetista.
Al no formar parte del sistema, “les sale gratis intentar capitalizar y estar presentes en todas las luchas”, dice Caro sobre la omnipresencia de la CGT.
Luz Rodríguez saca como conclusión de esta efervescencia que “no está muerto el sindicato, está muerta la forma de hacer sindicalismo” y el crecimiento de estas movilizaciones alternativas irá en aumento. Para Palomera, esa es una gran noticia porque las sociedades con mejor calidad democrática y estados del bienestar más sólidos son “los que están organizados más allá de los partidos políticos”. El investigador cree que hay que romper este modelo español de delegar el voto cada cuatro años para que decidan “por nosotros”. “Los sindicatos trasladan las preocupaciones individuales al ágora pública y es una tensión sana”, concluye.
Cuando se resuelva, o al menos se alivie, la situación de la vivienda, surgirán nuevas luchas en los márgenes donde el uso o abuso de la tecnología tiene muchas papeletas para ser el nuevo campo de batalla.
El dato: 649.600 jornadas de trabajo perdidas
En los cinco primeros meses del año, 323.400 afiliados a la Seguridad Social han ido a la huelga, lo que triplica los datos de 2025 y eso antes de comenzar un otoño MUY caliente, con la huelga general de la vivienda y las huelgas de la Sanidad y la Educación Pública en su punto más álgido.
El concepto: Greying
Seguro que a Marx nunca se le hubiera ocurrido esto, pero uno de los síntomas del proletariado y la mercantilización de las viviendas es la ausencia de color. El mundo es gris para que sea una mejor inversión. Les recomiendo mucho este capítulo del podcast de Ezra Klein en el NYT abordando el asunto. El uso de color es una nueva revolución que lideran las clases pudientes.
La frase
“After the verb ‘to love,’ ‘to help’ is the most beautiful verb in the world.” Por su sencillez, dejo el original en inglés de esta bella frase atribuida a Bertha von Suttner, una aristócrata del siglo XIX que fue la primera mujer en recibir el premio Nobel de la Paz en 1905. Se dedicó profesionalmente al periodismo y logró conectar el feminismo con el pacifismo.
La traigo al caso también porque muchos intelectuales de origen burgués o aristócrata han contribuido con sus aportaciones a la búsqueda de un mundo mejor. Y aprovecho para recomendarles que rescaten de la Biblioteca o de alguna librería de viejo la novela Historia de una maestra, donde se entremezcla la lucha de los intelectuales y el papel de las mujeres en los movimientos anarquistas y mineros en la Segunda República y la Revolución de Octubre en Asturias.
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