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Las claves
Opinión

Las claves: centros de datos sí, pero depende de cómo

No deben cerrarse las puertas a la inversión, pero tampoco obviarse sus contrapartidas

Centro de datos de CloudHQ en Ashburn (Virginia, EE UU). JIM LO SCALZO (EFE)

La normativa sobre instalación de centros de datos que prepara el Gobierno ha reabierto el debate sobre los beneficios y los costes de estas infraestructuras. La experiencia de otros países, como Estados Unidos, aconseja prudencia: la subida de la tarifa de la luz, que acaba repercutiendo en todos los consumidores, ha generado un enorme rechazo entre los ciudadanos del país norteamericano. Asimismo, la red eléctrica española está ya muy saturada y tiene poco margen para nuevas conexiones. Y la creación de puestos de trabajo que generan estos centros es relativamente efímera, de un par de años dedicados a construirlos; luego su gestión es poco intensiva en mano de obra.

Las zonas rurales irlandesas han comprobado que este negocio no es la panacea, y la normativa del país obliga ahora a las grandes tecnológicas, en la práctica, a generar su propia energía. Es el modelo que ha imitado el Gobierno español en su borrador, que, con sus ajustes convenientes, no deberá cerrar las puertas a la inversión, pero tampoco obviar que tiene sus contrapartidas.

Óscar Puente se queda a gusto defendiendo el desempeño de Renfe

Óscar Puente no se muerde la lengua al defender a Renfe, la empresa dependiente de su ministerio, de buena parte de las incidencias ferroviarias de los últimos días. El ministro pone ejemplos, como un temporal o un incendio que, efectivamente, quedan fuera del control de la compañía. En cierto sentido, tiene razón. No parece razonable responsabilizar a un gobierno de cualquier contratiempo imprevisible. Ahora bien, quizá exagera al imaginar que cada tren detenido termina convirtiéndose, en la cabeza del viajero, en una acusación personal contra él. La gente no tiene tiempo para estar pensando todo el día en Óscar Puente.

Elon Musk pone a los inversores manos a la obra

The Boring Company, la empresa de túneles que Elon Musk ideó después de desesperarse en un atasco, acaba de levantar 3.000 millones de dólares en una ronda que eleva su valoración a 23.000 millones. La compañía, que pretende aliviar la congestión llevando parte del tráfico bajo tierra, ya opera en Las Vegas y prepara nuevos proyectos en Nashville y Dubái.

Lo más llamativo es cómo ha conseguido el dinero. Según desveló The Wall Street Journal, algunos inversores tendrán que ayudar a contratar empleados o conseguir contactos para futuros proyectos; incluso podrán perder parte de su participación si no cumplen. Musk ha alcanzado tal poder de atracción que parece haber invertido la lógica habitual: ya no basta con poner el dinero, hay que ponerse a trabajar.

La frase del día

El suicidio puede ser atajado con sensibilidad, y también con información

De manera casi simultánea se ponen en marcha dos iniciativas para prevenir el suicidio y mitigar sus consecuencias. Una es La última foto, una campaña que reúne imágenes de personas tomadas poco antes de morir para romper el silencio sobre el suicidio. La otra es el nuevo sistema de vigilancia que prepara Sanidad, con un registro estatal que integrará información sanitaria, estadística y forense.

Habrá que ver cómo se concreta. Prevenir el suicidio es extraordinariamente difícil, pero un sistema capaz de compartir y analizar bien los datos podría revelar patrones de riesgo, concentraciones de casos o cambios de tendencia. La tecnología no permitiría adivinar exactamente quién va a suicidarse, pero sí ofrecer mejores indicios para intervenir antes.

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