El mayor problema del ‘shock’ petrolero está en la refinería
El Brent ha caído casi un tercio desde el máximo de la guerra de Irán, pero los combustibles apenas se han abaratado

La crisis del petróleo se está convirtiendo en la historia de dos barriles. El Brent, en torno a los 75 euros por barril, está casi un tercio por debajo de los 108 que tocó en el punto álgido de la guerra de Irán. Cualquier acuerdo de paz, o una reapertura del estrecho de Ormuz, podría hundirlo aún más. Pero los precios de los combustibles que se fabrican con él han caído mucho menos. Eso deja a los consumidores con costes más altos y a los refinadores con márgenes inusualmente gruesos.
El suministro de crudo puede recuperarse más rápido que la producción refinada. Los oleoductos del Golfo, por ejemplo, permiten esquivar Ormuz para parte de las exportaciones de crudo, pero no ofrecen una vía de escape equivalente para los combustibles refinados. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que el procesamiento en Oriente Próximo estuvo 2,9 millones de barriles diarios por debajo de los niveles previos a la guerra en el segundo trimestre y seguirá 2,2 millones por debajo en el tercero. Los ataques ucranios, mientras tanto, han llevado la refinación rusa cerca de mínimos de dos décadas. El menor procesamiento y las menores exportaciones de combustible de China han agravado la escasez.
El diésel es donde el problema resulta más agudo. La AIE estima que las exportaciones de Rusia, Oriente Próximo y los grandes proveedores asiáticos fueron 1,3 millones de barriles diarios inferiores en julio a las de un año antes. Eso equivale aproximadamente a una quinta parte del comercio marítimo del que dependen los importadores. Europa tiene poco colchón: las existencias de gasóleo, un indicador cercano al diésel, en el hub de Ámsterdam-Rotterdam-Amberes están un 24% por debajo de su media de cinco años. Las de queroseno de aviación se sitúan un 39% por debajo de la media.
Los refinadores están exprimiendo la escasez. La prima del diésel europeo sobre el Brent, una medida aproximada del margen que deja convertir crudo en combustible, casi se ha triplicado desde unos 21 euros por barril a comienzos de año hasta más de 60, según datos de LSEG. El queroseno ofrece cierto contraste: unos precios más altos pueden frenar los vuelos discrecionales. Pero la demanda de diésel de camiones, explotaciones agrarias y fábricas es más difícil de recortar. Los consumidores ya notan la diferencia: el diésel en el surtidor era aproximadamente una quinta parte más caro en julio que en febrero en los principales mercados europeos, según datos de la AIE.
Los inversores se han dado cuenta. Las acciones de Valero Energy, Marathon Petroleum y Phillips 66 han subido un 66% de media desde que empezó la guerra de Irán, frente a solo un 8% de ExxonMobil, Chevron, Shell, BP y TotalEnergies, según datos de LSEG. La divergencia tiene sentido: los refinadores se benefician de márgenes de procesamiento inusualmente altos, mientras que las grandes petroleras están más expuestas a los precios del crudo, que han caído con fuerza desde su máximo de la crisis.
Algo de alivio está en camino. Las plantas nuevas y las ampliaciones en Asia, Oriente Próximo y África sumarán capacidad de procesamiento. Pero las perspectivas de capacidad a más largo plazo ya eran ajustadas incluso sin la disrupción actual. Los analistas de Morgan Stanley esperan que la demanda de combustibles refinados crezca en 2,5 millones de barriles diarios en los próximos tres años, mientras que la capacidad neta aumentará solo 1,2 millones. Construir una refinería nueva puede llevar de ocho a diez años.
Un acuerdo de paz con Irán podría recortar todavía más los precios del crudo, pero no reconstruirá las refinerías dañadas ni repondrá con rapidez unas existencias de combustible mermadas. Eso significa que el alivio en los precios del crudo puede tardar más en llegar a los consumidores. Valero y sus competidores pueden disfrutar de la espera.