HSBC empieza a cotizar como si nada pudiera salir mal
La entidad presenta unos resultados impecables, pero su cotización ya no deja margen para el error

¿Qué podría enfriar el entusiasmo de los seguidores de Georges Elhedery? Desde luego, no los resultados del primer semestre que el consejero delegado de HSBC presentó ayer. Los ingresos del banco global crecieron casi un 11% respecto al mismo periodo de 2025, mientras que su rentabilidad sobre el capital tangible alcanzó un 19,1% anualizado, sin contar extraordinarios, muy por encima del objetivo del 17% a medio plazo que el propio Elhedery fijó a principios de año. El buen desempeño parecería justificar la fe que los accionistas han depositado en él: la acción se ha más que duplicado desde que tomó las riendas hace dos años. Sin embargo, HSBC empieza a cotizar como si nada pudiera salir mal.
Tras subir un 35% este año, mejor que grandes rivales como JPMorgan, las acciones de HSBC se negocian ahora a unas 2,2 veces su valor neto tangible de finales de junio, un nivel que no alcanzaba desde hace más de 15 años. Esa valoración está justificada por el desempeño reciente del banco, aplicando el supuesto de andar por casa que emplea el sector de un coste de capital del 10%, y sugiere que los inversores consideran sostenible un rendimiento tan sólido.
Puede que tengan razón. Aun así, han empezado a aparecer algunas arrugas que aconsejan cierta cautela. Una está por completo fuera del control del banco, valorado en 319.000 millones de euros: la decisión de Pekín, hace un par de meses, de estrechar el cerco sobre los flujos de dinero transfronterizos que salen de la República Popular. Es un desafío para la filial de HSBC en Hong Kong, su mayor fuente de beneficios.
Ayer, Elhedery afirmó que el banco, con sede en Londres, no ha detectado hasta ahora ningún cambio de comportamiento entre sus clientes. De hecho, el número de cuentas nuevas abiertas en la ciudad asiática incluso aumentó en el segundo trimestre. Aun así, es casi seguro que resulta demasiado pronto para saber con certeza hasta qué punto serán estrictos los guardianes financieros del presidente chino Xi Jinping.
Otras cuestiones sí caen de lleno en el terreno del banco. La semana pasada, HSBC decidió salir de la banca minorista en Australia vendiendo su cartera de préstamos a Blackstone y cerrando el negocio de depósitos, una operación que costará a los accionistas unos 431 millones de euros. No está claro, sin embargo, por qué el banco no logró encontrar un comprador. Con unos 21.600 millones de euros tanto en activos como en depósitos, la unidad es unas tres veces mayor que el antiguo negocio de Citi en el país, que vendió en 2021 por 759 millones de euros, y alcanza en torno a tres cuartas partes del tamaño del banco de la aseguradora Suncorp, que ANZ compró en 2024 por 2.850 millones de euros. Aplicando un múltiplo de venta similar al negocio de HSBC, Elhedery habría dejado sobre la mesa 2.160 millones de euros.
Cierto es que se trata de una sola entre las 18 desinversiones que el banco ha anunciado o completado en los últimos 19 meses, pero la falta de transparencia resulta preocupante. La reciente pérdida de 345 millones de euros en sus préstamos de crédito privado a un vehículo de financiación de Apollo es otra señal de alarma en la gestión del riesgo.
Ninguno de estos problemas socava el avance que Elhedery está logrando en conjunto. Pero su entusiasta legión de seguidores corre el riesgo de dejarse llevar.