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Editorial
Opinión

La pelea por la credibilidad de Warsh exige tiempo

La Reserva Federal deja de telegrafiar sus movimientos y el mercado paga la factura

El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, durante la rueda de prensa del miércoles en Washington.SHAWN THEW (EFE)

El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, reconoció este miércoles que la pelea familiar en el seno del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) había sido constructiva. De los 12 miembros con derecho de voto sobre la política monetaria de la Fed, tres disintieron y se mostraron a favor de un repunte de los tipos de interés. El debate siempre es positivo, aunque a veces a más de uno se le atragante el postre en una comida familiar.

Warsh ha dejado claro que ha llegado a la Fed para tomar sus propias decisiones y que lo antiguo, que el banquero central telegrafíe sus movimientos al mercado para evitar cualquier posible susto, no va con él. Quiere limitar la comunicación de la institución al máximo y hacer que el mercado esté más atento al propio partido que a sus movimientos como árbitro. Tanto que ha dejado en el aire sus comparecencias ante la prensa tras las reuniones de política monetaria a partir de 2027.

El mercado tiene que acostumbrarse a las nuevas reglas del juego. Aunque por ahora sigue sin conocerlas y, a tenor de las palabras de Warsh, este no quiere compartirlas. Con estas cartas, el presidente de la Fed ha dejado fuera de juego al mercado y la respuesta de los inversores ha sido rápida: la rentabilidad del bono de EE UU con vencimiento en 2056 se ha disparado hasta niveles no vistos en 19 años. Nada bueno para un país con una deuda que supera el 125% de su PIB, y al alza, inmerso en un conflicto internacional que amenaza directamente al bolsillo de sus ciudadanos si el precio del petróleo sigue subiendo.

La falta de visibilidad que ha dado la intervención de Warsh añade incertidumbre a un mercado que se ha acostumbrado en los últimos años a los embates del presidente de EE UU que su predecesor en la Fed, Jerome Powell, se encargaba de calmar. Las aguas prometen ser tormentosas las semanas venideras si los indicadores llegan a mostrar un fuerte repunte de los precios en julio y agosto. Algo que por ahora sigue sin vislumbrarse con los últimos datos. Aunque Warsh dejó patente que su compromiso con el objetivo de la inflación en el 2% es inamovible, los grandes tenedores de deuda han puesto un interrogante en la actuación, y eso, para un mercado que asciende a 31 billones de dólares y al que recurren inversores de todo el mundo confiando en su fiabilidad absoluta, no es nada positivo. El partido promete ser entretenido. Está por ver si el árbitro no es en verdad un jugador que se ha granjeado los recelos del resto del equipo en los primeros minutos de juego.

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