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Perfil
Opinión

Marius Varzaru: el CEO discreto que ha visto crecer a Digi

Asumió la dirección de la operadora ‘low cost’ en España hace 18 años, y ha capitaneado su reciente salida a Bolsa

José Manuel Esteban

A las doce de la mañana del pasado jueves, Marius Varzaru (Bucarest, Rumanía, 1979) hizo sonar la campana en el Palacio de la Bolsa de Madrid. Sacudió el badajo sonriendo y con ahínco, enfundado en un traje azul marino con camisa blanca, sin corbata y con el botón del cuello desabrochado. “Es impresionante. Impacta”, dijo. Acababa de sacar al parqué a Digi España, la operadora que ha visto y hecho crecer como consejero delegado desde 2008 y con la que mantiene una relación larga, cercana y algo inusual en tiempos de amores líquidos y mandatos que se acortan.

La mayoría de edad hay que celebrarla a lo grande y en Digi han debido pensar que no había mejor manera de hacerlo que salir a Bolsa. Como cualquier joven de 18 años, contó Varzaru, la operadora está tomando decisiones que marcarán el resto de su vida. “Es un paso muy importante dentro de la historia de la compañía que ha sido posible gracias al compromiso y la implicación de más de 11.700 personas, que somos Digi, y gracias al apoyo constante de Digi Rumanía”, dijo con un cierto y momentáneo temblor en la voz al acabar la frase.

Ya no será necesario recurrir al dicho de que no hay dos sin tres, a la segunda fue la vencida. Después de retrasar sus planes en abril por la inestabilidad ligada a la incertidumbre geopolítica, la operadora se estrenó en el mercado de valores con un precio de 5,6 euros por acción y una valoración de alrededor de 1.660 millones, cifras por debajo de las valoraciones iniciales, que la colocaban cerca de los 2.000 millones. Para Varzaru, la operación ha supuesto, principalmente, un espaldarazo de los inversores a su modelo y su plan de negocio a largo plazo.

Digi desembarcó en España en 2008, en plena crisis, con un puñado de tarjetas prepago y paquetes de llamadas internacionales con los que la diáspora rumana, la más numerosa del país en aquel momento, según datos del INE, podía hablar con los suyos de forma más económica. Por aquel entonces, su matriz llevaba ya más de una década funcionando.

A principios de los noventa, Zoltán Teszári puso en marcha un negocio de televisión por cable con sede en Bucarest, la capital de Rumanía. Más tarde fusionó ciertos activos con otra compañía, lo que dio lugar a Romania Cable Systems SA (RCS). Unos años después, creó una división de internet y datos llamada Romania Data Systems S.A. (RDS), que en un lustro ya dominaba el mercado. En 2002, también metió la cabeza en el segmento de la telefonía fija, que acababa de ser liberalizado, y finalmente incluyó la móvil. Su expansión internacional comenzó en 1998 en Hungría y hasta 2006 abrió filiales más pequeñas en otros países de Europa central y oriental que acabó vendiendo. Tras España llegó Italia y, más recientemente, también Bélgica y Portugal. En 2018, RCS & RDS, como se llamaba hasta entonces, pasó a ser Digi.

Varzaru tiene un perfil discreto y se sabe relativamente poco sobre él, algo que puede resultar incluso paradójico en el mundo de las teleco, cuya materia prima más esencial es la comunicación y su mayor poder, conectar a las personas. Nació en Bucarest y su relación, al menos teórica, con la economía y los negocios comenzó a una edad temprana. Según su página de LinkedIn, escueta y sin foto, cursó la secundaria en la Școala Superioară Comercială Nicolae Kretzulescu, en Bucarest, el primer instituto público de rama económica que se fundó en el país. En 1998 ingresó en la Academia de Studii Economice din București, la universidad de economía más antigua y de las más prestigiosas, por la que pasaron alumnos ilustres como una exministra de Finanzas o un Gobernador del Banco Nacional. Tras acabar sus estudios, trabajó tres años como analista en la consultora KPMG.

Diez personas

Su camino se cruzó con el de Digi en 2005, cuando se incorporó como supervisor. Después fue nombrado director financiero, puesto en el que se mantuvo hasta que se trasladó a España para dirigir su filial en 2008. Empezó con un equipo de diez personas que se han convertido en miles. A pesar del cambio de escala, cuentan fuentes de la compañía, Varzaru ha mantenido la cercanía, la accesibilidad y la transparencia que marcan su liderazgo. Se preocupa, aseguran, por conocer las ideas, inquietudes y necesidades de los trabajadores y reconoce sus méritos.

Dicen que “cree firmemente que las mejores decisiones nacen de la escucha”; que por eso empezó a estudiar el idioma nada más pisar Barajas y ya lo hablaba menos de un año después. Ahora se le oye, se intuye casi, alguna ligera interferencia fonética de incógnito en un español perfecto. Está casado y tiene una hija y, de acuerdo con las mismas fuentes, le gusta leer –citan Crimen y castigo, de Fiódor Dostoyevski–, el fútbol, la música y el cine, con películas como Algunos hombres buenos, School of Rock, En algún lugar del tiempo.

Digi cuenta con unos 11,4 millones de clientes, más del doble que hace tres años, y va sumando cuota fiel a su modelo marcado principalmente por tarifas bajas y fijas. Actualmente tiene una red de fibra propia que llega a más de 14 millones de hogares y que prevén elevar hasta los 21 millones en 2030, y avanzan en el despliegue de su cobertura móvil. “Esperamos que en los próximos tres años, para finales de 2028, podamos llegar a las 5.000 antenas y con una ambición a largo plazo de poder llegar a ofrecer cobertura Digi para un volumen de a lo mejor 10.000 antenas”, señaló Varzaru en una ponencia el año pasado.

Hasta ahora, Digi, que el año pasado facturó 929 millones, ha tirado de crédito bancario y bonos para financiar su crecimiento. La colocación en el mercado de alrededor del 17% de su capital, al que contemplan sumar otro 5% en los próximos dos años, les dará más combustible para crecer con menos nivel de apalancamiento. Varzaru ha contribuido a convertir aquella operadora que vendía sus tarjetas SIM en locutorios en la cuarta más grande del mercado. La ha acompañado desde sus primeros pasos hasta la mayoría de edad y, salvo sorpresas, la guiará en la adultez.

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