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Opinión

El fracaso del golpe en Honda invita a la acción activista

El fallido intento de derrocar al CEO deja al descubierto la debilidad estratégica acumulada desde 2021

El CEO de Honda, Toshihiro Mibe, en Tokio el 20 de enero pasado en una rueda de prensa sobre Fórmula 1.Issei Kato (REUTERS)

Un golpe de Estado fallido en Honda Motor apunta directamente a la cabeza del consejero delegado Toshihiro Mibe. Aunque ha sobrevivido a un intento de destitución protagonizado por exdirectivos, según publicó Reuters el día 9, una sucesión de errores de cálculo deja al fabricante de automóviles y motocicletas que dirige desde 2021 con una capitalización de apenas 30.000 millones de euros, al cambio actual. Eso implica que los accionistas están asignando en la práctica una valoración negativa tanto a la división de automóviles como a la financiera. Un inversor activista podría ayudar a poner la empresa a pleno rendimiento, a ser posible con una nueva dirección.

La camarilla empezó a tramar el relevo del jefe a finales del año pasado. Entre sus miembros figuraba Nobuhiko Kawamoto, quien dirigió la compañía en la década de los noventa, y en ocasiones se reunieron con directivos en activo, según Reuters. El asunto culminó en abril, cuando Kawamoto pidió a Mibe que dimitiera, y fue ignorado.

El consejero delegado, que además ocupa la presidencia del consejo desde 2024, tardó en reconsiderar los proyectos de vehículos eléctricos cuando la demanda flaqueó en Estados Unidos, su mayor mercado, e igualmente en adaptarse al empuje de los rivales locales en China. El mes pasado, Honda presentó su primera pérdida anual en casi 70 años como empresa cotizada. Sus acciones han tenido un rendimiento inferior al de Toyota Motor e inferior al del índice de referencia Topix durante el mandato de Mibe.

La capitalización bursátil actual de Honda, de 30.000 millones de euros excluidas las acciones propias, ni siquiera refleja el valor de la división de motocicletas. Esta unidad generará previsiblemente 3.900 millones en beneficio operativo en el presente ejercicio, según Visible Alpha; aplicado el múltiplo medio de 12 veces de sus pares Harley-Davidson e Yamaha Motor, su valor asciende a 43.000 millones. Si se añade la división de servicios financieros del grupo a valor en libros, se suman otros 17.200 millones.

Eso debería bastar para que inversores activistas como Elliott Management o Effissimo Capital Management salieran a buscar a sus intermediarios bursátiles. Una campaña podría presionar para desinvertir en el pequeño pero deficitario negocio de maquinaria de uso industrial, entre otras medidas. Recortando algo más los costes y con algunas asociaciones estratégicas acertadas, el negocio de automoción podría mejorar su deprimente margen operativo previsto –del 0,8%– para el ejercicio que acaba en marzo de 2028 hasta un modesto 2%. Con los múltiplos medios de sus comparables, podría valer más de 8.600 millones de euros. Sumando motocicletas y servicios financieros, el grupo en su conjunto podría alcanzar los 69.000 millones de euros.

Cierto es que una reorganización bajo la estructura actual podría llevar demasiado tiempo. Escindir la división de motocicletas sería un camino rápido para generar valor. A la vieja guardia tampoco le gustaría eso. Pero a muchos accionistas, sí.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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