He Tingbo: La mujer que quiere cambiar la industria de los chips
La directiva presenta un método para construir procesadores más veloces y potentes que aspira a ser revolucionario


Hace más de 60 años, el químico Gordon Moore predijo que el número de transistores que caben dentro de un chip se duplicaría cada dos años. Acertó. La potencia de cómputo aumentó durante décadas y los costes cayeron. Pero muchos móviles, ordenadores y una inteligencia artificial después, la ley de Moore ya no da más de sí. Ahí entra He Tingbo (China, 1969), presidenta del negocio de semiconductores de Huawei, que ha propuesto una ley alternativa para que los chips sigan ganando potencia y eficiencia sin necesidad de seguir encogiendo el transistor.
El nuevo método, anunciado el 25 de mayo en una conferencia titulada New Semiconductor Path in Practice, se llama ley de escalado Tau. Propone cambiar el tamaño por el tiempo: en lugar de seguir reduciendo el tamaño del transistor –la industria fabrica hoy en nodos de apenas unos nanómetros, un proceso técnicamente endiablado y de costes elevadísimos–, propone recortar el tiempo que tarda la señal eléctrica en viajar entre los componentes del chip. Lo hace mediante una técnica llamada plegado lógico, que consiste en apilar los circuitos en vertical, en capas, en lugar de extenderlos sobre un plano.
He Tingbo aseguró que su equipo lleva seis años aplicando el método y que ha fabricado en serie 381 chips con él. El Kirin 2026, cuyo lanzamiento se espera para otoño, podría ser el primero del mundo en estrenar esta tecnología. La reacción ha sido una mezcla de entusiasmo y escepticismo. Varios analistas reconocen que la ley de Tau es la formulación teórica más coherente que se ha ofrecido hasta ahora para la era posterior a Moore. Pero apilar el cómputo en tres dimensiones no es nuevo –otras empresas llevan años haciéndolo– y los expertos advierten de que más capas significan también más calor, peor rendimiento de fabricación y costes más altos. El consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, aseguró que era un gran avance para Huawei, pero sostuvo que no amenaza a TSMC.
Huawei fue una de las primeras grandes compañías obligadas a buscar alternativas a la ley de Moore. En 2019, durante su primer mandato, Donald Trump incluyó a la empresa en la lista negra comercial de Estados Unidos. Washington no fabricaba sus chips, pero controlaba el software de diseño y los equipos sin los cuales nadie podía fabricarlos. La respuesta de la compañía fue volcarse en la autosuficiencia e invertir una porción enorme de sus recursos en I+D (más de 192.000 millones de yuanes en 2025, el 22% de sus ingresos). Tanto que uno de sus presidentes rotatorios, Xu Zhijun, ha llegado a agradecer a Estados Unidos la presión: “Si no nos hubieran forzado, no habríamos hecho algo así”.
He se ha convertido en la principal baza de China para resistir las sanciones estadounidenses y construir una industria de semiconductores independiente. Además de presidir el negocio de semiconductores de Huawei, dirige su comité de científicos, y es una de las dos únicas mujeres en el consejo de 17 miembros de la compañía, junto a Meng Wanzhou, hija del fundador, Ren Zhengfei.
He Tingbo creció en Changsha, capital de la provincia de Hunan, en la zona de Dongtang. Cursó la primaria y la secundaria en la Escuela Primaria Huangtuling, una institución de prestigio de la ciudad. Estudió en la Universidad de Correos y Telecomunicaciones de Pekín, a la que accedió tras una secundaria con excelentes calificaciones. Allí hizo toda su formación superior: una doble licenciatura en Física de Semiconductores e Ingeniería de Comunicaciones, y después un máster en Dispositivos Semiconductores y Física.
Empezó a trabajar en Huawei en 1996, y no se ha movido de ahí en tres décadas. Entró como ingeniera, trabajando en el diseño de chips de comunicación óptica, en la sede de la compañía, en Shenzhen. En 1998 se trasladó a Shanghái para montar desde cero un equipo de chips inalámbricos y dedicarse al desarrollo de chips 3G.
El punto de inflexión llegó en 2003: Zhengfei la puso al frente del desarrollo de chips con un presupuesto anual de 400 millones de dólares y el mandato de reducir la dependencia de proveedores extranjeros. Al año siguiente, Huawei constituyó formalmente HiSilicon como su filial de semiconductores, de la que ella acabó siendo presidenta. Bajo su dirección, HiSilicon dejó de ser un pequeño departamento interno para convertirse en la fábrica de los cerebros de casi todo lo que vende Huawei. Su equipo diseñó los procesadores Kirin que mueven los teléfonos de la marca, los chips Ascend con los que la compañía planta cara a Nvidia en inteligencia artificial dentro de China, los procesadores Kunpeng para servidores y los semiconductores que gobiernan las redes y las antenas 5G.
Antes de las sanciones, ese negocio figuraba entre los mayores del mundo. Pero en 2020 Estados Unidos impidió que ninguna fábrica que usara tecnología estadounidense –TSMC incluida– produjera sus chips, y la criatura que había tardado 15 años en construir perdió de golpe el sitio donde fabricar: sus ingresos se hundieron un 81% en un solo año. Logró una remontada parcial en 2023, cuando reapareció por sorpresa con un teléfono controlado por un chip propio fabricado en casa, pero a un nivel tecnológico todavía por detrás de los líderes.
La ley de Tau es, en el fondo, su respuesta final al golpe de 2019: si no puedes fabricar piezas más pequeñas porque te falta la máquina, deja de competir por el tamaño y empieza a competir por la velocidad. Una forma de seguir avanzando esquivando el único cuello de botella que estuvo a punto de acabar con ella.
El tiempo de retardo
El nombre de la ley de esalado viene de la letra griega τ (tau), que en física e ingeniería es el símbolo que se usa para el tiempo de retardo o constante de tiempo: lo que tarda una señal en propagarse o en cargarse a través de un circuito.