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Opinión

La IA podría empañar el bajo riesgo de Irlanda

Puede provocar recortes de empleo en las grandes tecnológicas y una reducción de los ingresos públicos

El primer ministro irlandés, Micheal Martin, el 4 de junio en Budapest.Robert Hegedus (EFE)

Irlanda ha recorrido un largo camino desde el rescate de 2010. El déficit presupuestario, que superó el 13% en 2011, se ha convertido en un abultado superávit, impulsado por los ingresos del impuesto de sociedades procedentes de las grandes tecnológicas, como Apple, Meta Platforms, Amazon y Google, que también pagan los sueldos de miles de trabajadores muy bien remunerados. Pero el auge de la inteligencia artificial podría eliminar muchos de esos empleos y domar al Tigre Celta.

Los inversores en deuda pública consideran que Irlanda es uno de los Estados más seguros de Europa. El coste de asegurar los bonos del país contra el impago durante cinco años ha caído a poco menos del 0,2% anual, mínimo de casi una década, lo que refleja una menor percepción de riesgo. El diferencial de los llamados seguros contra impago (CDS) se acerca ya al equivalente alemán, pese a la bastante menor diversificación de la economía irlandesa, su dependencia de las multinacionales y su accidentada historia de auges y crisis.

Cierto que hay muchos motivos para el optimismo en Irlanda. A pesar de las protestas de sus vecinos europeos por su modelo de baja fiscalidad, el Gobierno del taoiseach (primer ministro en irlandés) Micheál Martin ha consolidado su posición como destino preferido de las empresas más rentables del mundo, que declaran allí de forma habitual una parte desproporcionada de sus beneficios globales. Y a pesar del empeño del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por repatriar los beneficios empresariales, el dinero no deja de fluir: los ingresos del impuesto de sociedades alcanzaron casi 33.000 millones de euros el año pasado, un 17% más que el ejercicio anterior. Este año, el superávit presupuestario de Irlanda se prevé en el 1,4% del PIB.

Más allá de los impuestos, las grandes tecnológicas también inyectan dinero directamente en los bolsillos de los trabajadores irlandeses. La retribución media en empresas como Salesforce, Microsoft y LinkedIn supera los 155.000 euros, según el Irish Times. Es casi el triple del salario medio nacional. Esos sueldos han impulsado el crecimiento de la economía real. Los precios de la vivienda en Irlanda han subido casi un 180% desde su mínimo de 2013, según la Oficina Central de Estadística irlandesa. La fiebre se nota incluso fuera de Dublín: en Galway, una ciudad de menos de 90.000 habitantes, uno de cada 20 inmuebles tiene un precio de salida cercano al millón de euros o más, según el portal inmobiliario Daft.

Con todo, hay señales de que la bonanza tecnológica irlandesa puede estar empezando a remitir. Gigantes como Google y Microsoft llevan tres años recortando empleo en Irlanda. El mes pasado, Meta eliminó el 20% de su plantilla irlandesa como parte de una reducción global de costes para financiar la inversión en inteligencia artificial. Es probable que eso se traduzca en más agentes de IA y centros de datos–algo que los irlandeses ya ven con recelo– y en menos programadores, expertos fiscales y directivos bien pagados con base en Irlanda. El problema es que el 10% de los asalariados irlandeses con mayores ingresos paga casi dos tercios del IRPF y de la Tasa de Cotización Social Universal, un impuesto de rescate introducido en 2011 para estabilizar las finanzas del país.

Una crisis fiscal o bancaria como la de 2010 parece improbable. Sin embargo, la revolución de la IA probablemente acarreará mayor desempleo e ingresos a la baja, lo que lastrará el crecimiento, el mercado inmobiliario y los ingresos públicos. Eso significa que el estatus de riesgo casi nulo asignado a la deuda irlandesa difícilmente durará. Al fin y al cabo, el diferencial de los CDS llegó a casi 90 puntos básicos en 2017, hace solo nueve años: más de seis veces el nivel actual. Los agoreros de la IA quizá quieran plantearse apostar contra la suerte de los irlandeses.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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