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La Lupa
Opinión

León XIV, el antagonista moral de Trump que quiere “desarmar la IA”

La encíclica ‘Magnifica Humanitas’ es un canto al ser humano y crítica soterrada al republicano y su corte de tecnooligarcas

El Papa León XIV, en Roma. Vatican Media/LaPresseVatican Media/LaPresse

Resulta imposible leer la primera encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, sin que resuene a una enmienda a la totalidad a la política que está llevando a cabo el presidente de Estados Unidos y al poder de la corte de tecnólogos que le rodea y adula. Robert Francis Prevost (Chicago, 1955), el primer Papa estadounidense de la historia, jefe del Estado Vaticano, se atreve a cuestionar al presidente Donald Trump. Sólo la autoridad moral de ser el líder de la Iglesia Católica hace posible que se escuche en todo el planeta la crítica del jefe del estado más pequeño del mundo al hombre más poderoso del mundo, que ha alcanzado cotas de amoralidad inimaginables.

León XIV asegura ha querido conectar su pontificado con León XIII, el papa que en 1891 publicó la encíclica Rerum novarum, donde avisó de los peligros de la revolución industrial y sentó las bases de lo que se conoce como la Doctrina Social de la Iglesia. Hoy, el Papa siente la misma necesidad que su predecesor hace 135 años, y quiere alertar del impacto de las nuevas tecnologías sobre la “dignidad de las personas y el bien común”, y asegura que son necesarias normas “capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico”, un poder “predominantemente privado, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común”. En definitiva, la Inteligencia Artificial (IA) posibilita que “pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos”.

En realidad, la encíclica, cuya lectura recomiendo, no aporta grandes novedades. Tiene el valor de la denuncia oportuna, de la reflexión holística, que nace de la perspectiva del ser humano, que se ve reflejado, sea creyente o no. Buena parte de sus consideraciones se pueden encontrar en la carta que hicieron pública, en marzo de 2023, los mayores expertos en IA en la que pedían que se paralizaran sus experimentos. Proponían una pausa para construir una gobernanza que posibilitara que “los potentes sistemas actuales sean más precisos, seguros, interpretables, transparentes, robustos, alineados, fiables y leales”. Lo firmaría León XIV.

Elon Musk, CEO de SpaceX, era uno de los firmantes de la misiva y ahora su empresa está siendo investigada por la UE y acusada por permitir que Grok, su aplicación de IA vinculada a su red social X, facilite lo que denunciaba en la carta: la desinformación y la creación y difusión de imágenes íntimas falsas. Por tanto, líderes de la propia industria de la IA empezaron pontificando, pero los hechos niegan aquella sana preocupación.

El proceso de concepción, financiación y utilización de la IA está en manos de media docena de gigantes americanos y otros tantos chinos, que son los que controlan toda la industria. La regulación emana formalmente de los poderes públicos, pero en el papel de los estados líderes del capitalismo (Estados Unidos) y del comunismo (China) se ha difuminado y apenas se distingue lo público de lo privado. Silicon Valley ha invadido la Casa Blanca y el Partido Comunista Chino controla las empresas.

Las compañías americanas de IA van a ser las protagonistas de los mercados financieros en 2026, con una cascada de salidas a Bolsa en busca de recursos para seguir invirtiendo en alimentar a la bestia. La OPV de SpaceX parece inminente y este mismo año se espera la de su archienemiga Open AI, propietaria de ChatGPT. Entre las dos esperan levantar 135.000 millones de dólares en el mercado. Después vendrá la cotización de Anthropic y así sucesivamente.

Precisamente, Christopher Olah, cofundador de Anthropic, fue el único representante de la industria de la IA que asistió el pasado 25 de mayo a la presentación de la encíclica de León XIV. Anthropic es la compañía que más se ha enfrentado a los deseos de la Casa Blanca de utilizar todas las capacidades de la IA para la guerra, justo lo contrario que la compañía Palantir y su CEO, Alex Karp, que tiene una visión muy militar de la IA y propugna una alianza entre el Pentágono y Silicon Valley, que serviría para asentar la primacía global de los Estados Unidos de Trump.

Por eso se entiende que el Papa propugne “desarmar la IA”, lo que “significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es solo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás”. En definitiva, “desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar”. Por tanto, León XIV va directamente contra esa alianza entre la Casa Blanca y Silicon Valley que puede pervertir la democracia. Para él lo prioritario es el bien común y esto “significa desenmascarar esta nueva asimetría epistémica, económica y política, nombrando los nuevos monopolios de la IA”.

La encíclica insiste en el valor de la verdad, la educación y la escuela. “En una época en la que la verdad suele verse supeditada a intereses y estrategias comunicativas, el mundo de la educación adquiere una importancia decisiva. Sin embargo, las rápidas transformaciones tecnológicas ponen de manifiesto lo poco preparados que estamos en el ámbito educativo. La escuela es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse el sentido de la vida y la dignidad de cada persona”.

El Papa introduce un concepto muy interesante: la “higiene de la atención”. Consiste en “promover ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura, análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida”. Es justo lo contrario de lo que percibe el Pontífice, que asegura que “la omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad”. La encíclica, que propugna “un periodismo serio”, remata asegurando que “la búsqueda de la verdad es un elemento esencial para la democracia. Cuando la pregunta sobre lo que es verdadero pierde interés y se impone un pragmatismo que se conforma con lo que parece útil o eficaz, la vida democrática se debilita”. ¿Se lo explicaría el Papa a Pedro Sánchez?

Aurelio Medel es periodista y doctor en Ciencias de la Información.

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