El Real Madrid de Florentino Pérez, más que un club: un mandato para blindar la reforma societaria
Prepara un referéndum clave con el fin de legitimar una eventual segregación de activos que se integren en la nueva sociedad abierta a inversores

Languidecía el mes de noviembre de 2025 y el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, comparecía en asamblea ante los socios compromisarios para dar cuenta de su gestión en el ejercicio. De paso, el ejecutivo esbozaba su visión sobre el futuro societario del club de fútbol, con detalles inéditos sobre sus planes. Pérez insistió entonces, como ha hecho hace apenas días en su última comparecencia pública, en que los socios son y deben ser los dueños del Real Madrid. No obstante, dejó abierta la puerta a incorporar nuevos inversores, tradicionalmente un anatema en una casa siempre reacia a abrir la caja de los truenos de la propiedad. Fijó un plazo indeterminado para llevar a cabo la operación, si bien no dejó dudas de que se haría. “Se someterá a su consideración en próximas fechas”, garantizó a los presentes. Seis meses después, sin títulos mayores en las alforjas en las últimas dos temporadas, el Real Madrid no tiene un cambio de modelo corporativo en marcha, pero sí un proceso electoral en ciernes, en el que el propio Pérez parte como favorito. Su previsible próximo ciclo, con tiempo por delante, debería ser el de la reforma societaria, acaso piedra angular del programa electoral que en breve verá la luz.
El proyecto, a priori, no se antoja sencillo en el trazo fino, lo que puede explicar la dilación. De forma metafórica, puede decirse que debe conciliar las dos sensibilidades que desde hace tiempo susurran al mandatario blanco. Por un lado, la de José Luis del Valle, Chitín, secretario de la junta directiva y su histórico asesor para asuntos legales, también –y especialmente– como hombre fuerte en ACS. Chitín, precisamente, estuvo detrás de toda la estrategia legal de la constructora en la guerra empresarial con la Iberdrola de Sánchez Galán, con Julián Martínez-Simancas como némesis. Se trata de una figura básica para que los cambios encajen sin estridencias en el ordenamiento jurídico. Por otro, la de Anas Laghrari, el financiero próximo a Pérez, criado en Société Générale y cerebro detrás del fiasco de la Superliga, mecanismo ideado para traer más recursos a la entidad. La reforma societaria es la otra vía para obtener dinero fresco y competir mejor, en un entorno de jeques y clubes estado. No hay disenso en el club, quiso dejar claro el presidente en la asamblea, sin que nadie le preguntara. “He leído que la junta directiva está dividida en torno a esta reforma. Les puedo asegurar que todos los miembros, de manera unánime, apoyamos esta reforma, porque siempre hemos estado unidos y somos plenamente conscientes de las amenazas a las que nos enfrentamos”. Con todos convencidos se trataría, pues, de alinear las piezas.
Por ahora, hay que atenerse a la hoja de ruta trazada por Pérez. “Debemos crear una filial en la que los 100.000 socios del Real Madrid conservemos siempre el control absoluto. Sobre esa base, esta filial podría incorporar simplemente una participación minoritaria, por ejemplo, del 5% de uno o varios inversores comprometidos a muy largo plazo y dispuestos a aportar recursos propios”. El Real Madrid es uno de los cuatro equipos de fútbol que, allá por los años noventa y con muchos de ellos bordeando la quiebra, esquivó la conversión de los clubes en sociedades anónimas deportivas (SAD) y mantuvo una estructura tradicional en la que la propiedad legal es de sus socios, constituidos en una entidad sin fines de lucro. Por definición, ese modelo no permite abrir el capital a socios externos, en tanto se rige por el derecho de asociación. Tomar ese camino le obligaría previamente a convertirse en SAD. Sin embargo, la Ley Orgánica 1/2002, reguladora del Derecho de Asociación, en su artículo 13.2, establece que “las asociaciones podrán realizar actividades económicas que coadyuven al fin asociativo o sirvan al propio fin, siempre que los beneficios obtenidos por las mismas se destinen, exclusivamente, al cumplimiento de dichos fines”. Es decir, habilita al Real Madrid a crear filiales, con la salvedad de que los beneficios que obtengan no se pueden repartir entre los socios, sino que deben repercutir en la sociedad matriz, a la sazón el propio club. Como en cualquier sociedad, paradójicamente, el inversor externo que tome una participación en la filial sí recibiría dividendos.
El Real Madrid, de hecho, ya ha registrado vehículos concretos para gestionar proyectos, como la reforma del estadio o la creación de los aparcamientos en Concha Espina. Sin embargo, en estos casos, los inversores no han entrado en el capital, sino que han recibido el compromiso de obtener un porcentaje del flujo de fondos de la nueva sociedad. Por ejemplo, el gigante estadounidense Sixth Street, firma inversora del ex-Goldman Alan Waxman, con 130.000 millones de dólares en activos bajo gestión, pactó en el año 2022 recibir un 30% de la explotación de los nuevos ingresos del estadio Santiago Bernabéu durante 20 años como vía para compensar los 360 millones que aportaba como inyección inicial. La sociedad que canaliza ese negocio es Real Madrid Estadio SL. Superador de esa fórmula, el modelo societario que plantea ahora el también presidente de ACS supone la entrada de uno o varios inversores cualificados en el accionariado de esa filial de nuevo cuño.
Hipótesis y alternativas
Esa nueva sociedad, sin embargo, presenta limitaciones. Por ejemplo, en su artículo 49, la Ley 39/2002, del Deporte, establece que “para la participación en actividades o competiciones deportivas oficiales de ámbito estatal e internacional será preciso estar en posesión de una licencia expedida por la correspondiente federación deportiva española”. Esa licencia federativa que atesora el Real Madrid, otorgada por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), es fruto de un acto administrativo y no sería transmisible como activo a una sociedad mercantil, salvo que el club se convirtiera en una SAD, justo lo que se pretende evitar. Del mismo modo, parece razonable que los intangibles –la marca, el escudo, etc.–, así como el patrimonio –sin ir más lejos, el propio estadio–, queden en la matriz de esa suerte de holding, véase en la asociación deportiva sin ánimo de lucro. La filial, una mercantil, con los nuevos inversores en el capital, vendría a forjarse sobre la base del desarrollo comercial, con actividades que podrían ir, según se decida, desde la venta de camisetas a la explotación del estadio, pasando por la restauración o, sobre todo, la gestión de los derechos audiovisuales. En esa filial estaría el verdadero volumen de negocio. De hecho, es el segmento que más puede interesar en términos de rentabilidad a los fondos o corporaciones que busquen desembarcar en el proyecto.
Los estatutos del Real Madrid, en su artículo 58, exponen que, “teniendo en cuenta los fines perseguidos por el Real Madrid Club de Fútbol y su naturaleza jurídica, solo procederá su transformación, fusión o extinción cuando así se acuerde por mayoría absoluta de los socios con derecho a voto en referéndum convocado al efecto por la asamblea general extraordinaria”. La redacción no deja claro si la creación de una filial en la que entren nuevos inversores afecta a la estructura de propiedad hasta tal punto que requiera un plácet reforzado. Sin embargo, el propio Florentino Pérez acabó con cualquier especulación en la asamblea de noviembre, al dar por hecho que ese y no otro sería el procedimiento que se utilizará para validar la iniciativa. “Lo haremos, primero, por su importancia y su trascendencia, en una asamblea de compromisarios de carácter extraordinario. Y posteriormente, siempre con su apoyo, convocaremos un referéndum para que todos los socios puedan pronunciarse”, zanjó.
Diversas fuentes jurídicas explican por qué el movimiento requiere el mayor blindaje posible y hace necesario el referéndum. No en vano, el Real Madrid procedería para crear esa filial a una segregación de activos, hasta ahora al 100% en manos de los socios. Con la nueva estructura, esos mismos socios se quedarían con el 100% del club deportivo, en lo económico un cascarón casi vacío, y solo con un 90% de la sociedad, donde están los dineros y el corazón del negocio. ¿Por qué razón deberían renunciar a algo que ya tienen en favor de un inversor? Con el fin de evitar posibles impugnaciones, o de tener los máximos argumentos para que no salieran adelante, resulta esencial el salvoconducto del referéndum, un sello de calidad para la propuesta de Pérez. Eso sí, toca explicarle muy bien al madridismo, desde la máxima transparencia, cuáles son los motivos por los que conviene aceptar esa renuncia. También facilitaría la labor del Consejo Superior de Deportes (CSD), que entre sus atribuciones debe fiscalizar que no se altera el modelo de club de socios o, dicho en román paladino, que no se constituye una SAD por la puerta de atrás.
Riquelme y la privatización
La oposición, personificada en Enrique Riquelme, tiene claro que la reforma societaria es un issue que, al menos, incomoda a Florentino Pérez. El pasado miércoles, en el VII Foro Internacional Expansión, Riquelme tiraba con bala al asegurar que “pueden ser las últimas elecciones de la historia del Real Madrid”, en tanto “viene la privatización”. Lo que ha planteado por el momento Pérez está lejos de suponer una privatización en sentido estricto, pero es verdad que abre un frente delicado. Y da pábulo a las especulaciones. No falta quien ve en el proyecto una forma de resarcir a Sixth Street, eventual aspirante a hacerse con ese porcentaje, en tanto la firma no ha logrado todavía monetizar su inversión en el estadio, víctima del exceso de decibelios y el frenazo al plan de conciertos. Eso sí, Florentino Pérez sabe que, para bien o para mal, en el fútbol todo es más fácil cuando la pelota entra. Incluso sacar adelante los referendos. El Barcelona de las palancas, con la economía tiritando, acaba de celebrar su segundo título de Liga consecutivo. El veredicto del Bernabéu en el inicio de temporada será la prueba de fuego para el mejor presidente de la historia del club, según muchos celebran y él concede. El desafío no está a una altura menor. Tampoco el riesgo.