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Editorial
Opinión

La prueba definitiva para la euforia bursátil

Está por ver en qué medida la fiebre de la IA puede capear la subida de los tipos de interés a largo plazo

El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey (izquierda), el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent (centro), y el gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau (derecha), posaban este martes para una foto de grupo durante el segundo día de la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del G7 en París.CHRISTOPHE PETIT TESSON (EFE)

La resistencia de las subidas de la Bolsa ante los embates del último año y medio, desde DeepSeek a la guerra de Irán, pasando por los aranceles o los tambores de burbuja en el sector tecnológico, tiene componentes tanto de oferta como de demanda. Por el lado de la oferta, el Dorado de la inteligencia artificial ha conseguido mantener el foco de atención de los inversores fijo durante más de tres años. Un logro que no cabe ya atribuir solamente a la fascinación por unas máquinas que hablan. La última oleada alcista de los mercados está marcada por la fiebre de los semiconductores a medida que las aplicaciones de los modelos de inteligencia artificial no solo generan movimientos disruptores (léase Mythos), sino que permean tareas específicas dentro de las empresas. En otras palabras, el nicho económico de la IA es más concreto y el mercado lo está valorando. Por el lado de la demanda, el cambio de perfil de la inversión que ha acompañado la fiebre de la IA implica un fuerte peso específico de los particulares y concentración de las carteras en los valores que más crecen (es decir, en los más caros).

Estas dos fuerzas han pesado más que los factores de riesgo tradicionales que, en contextos diferentes, han terminado por cortar las alas a la renta variable. Está por ver, todavía, en qué medida la fiebre de la IA puede capear la subida de los tipos de interés a largo plazo. La deuda pública de referencia como activo sin riesgo es la unidad de medida con la que se compara el sistema financiero en conjunto. La lista de episodios de inestabilidad financiera detonados por un cambio repentino en estas rentabilidades es extensa: cuando los inversores se deshacen del papel teóricamente seguro es probable que estén también más dispuestos a vender el que no lo es tanto. Y el impacto afecta a inversores, empresas endeudadas y simples hipotecados.

La subida de los tipos de los bonos, con el estadounidense en los niveles más altos desde meses antes del crac de Lehman Brothers, es fruto de las perspectivas de una inflación enquistada a causa de la guerra de Irán y la crisis energética, factor que se suma al desequilibrio de las cuentas públicas. Elementos que los inversores pueden obviar durante mucho tiempo, hasta que dejan de hacerlo. Wall Street capeó la tormenta arancelaria de hace poco más de un año, pero solamente después de que la Casa Blanca, a la luz del desplome de los bonos, decretase una tregua que acababa de desmentir. Es el gran poder del mercado de deuda.

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