Una recesión en juego en Ormuz
Crece la presión internacional para que las partes alcancen un acuerdo y se reabra el estrecho


El mes y medio que ya dura el conflicto desatado por Estados Unidos e Israel contra Irán ya se ha cobrado, además del daño humano, una considerable factura económica en forma de problemas de suministro de petróleo y gas, especialmente acusado en Asia, y más inflación a nivel global. A la espera de que avancen las negociaciones para un acuerdo de paz y mientras sigue cerrado el estrecho de Ormuz, el daño ya está hecho, pero puede ser mucho mayor si el conflicto se alarga. Bastarían unas semanas más para que ese daño creciera de forma casi exponencial, como señalaron este martes el Fondo Monetario Internacional y la Agencia Internacional de la Energía.
Los organismos de referencia para las economías mundiales no se andan por las ramas en sus advertencias. El FMI ha avisado del riesgo de recesión global si la guerra se prolonga, con el consiguiente encarecimiento del petróleo. Y la AIE ya pronostica que la demanda mundial de crudo descenderá este año por primera vez desde 2020, el año de la pandemia. Caerá por la mínima, en 80.000 barriles diarios, si bien este podría ser un escenario “demasiado optimista”, reconoce la propia agencia. Si la guerra se prolonga más allá de mayo, la caída del consumo será muy superior, llegará el desabastecimiento en las refinerías de Asia y los problemas de combustible para los aviones en Europa. Será la antesala para un alza de la inflación que, de prolongarse la guerra más allá del verano, trepará hasta el 6% con efectos arrolladores sobre la economía mundial.
El riesgo de recesión económica –causada no por una pandemia ni una crisis financiera, sino por el ataque iniciado por EE UU e Israel– está ahí y los protagonistas del conflicto están avisados. La guerra sobre Irán y Líbano reverbera por todo el planeta y crece la presión internacional para que las partes alcancen un acuerdo y se reabra el estrecho de Ormuz, el cuello de botella que tiene en vilo al mundo. Cada día que pasa la factura humana y económica del conflicto crece e, incluso con un alto el fuego definitivo, no será posible regresar a la situación previa. El suministro de las materias primas procedentes del golfo Pérsico tardará meses en restablecerse del todo y en el precio del crudo quedará un trauma, una prima de riesgo que recordará que Irán ha sido capaz de encarar los ataques y de cerrar el estrecho. Donald Trump y Benjamín Netanyahu han abierto la caja de Pandora en la que ya era la zona más convulsa del planeta. Los males ya han salido, pero aún es posible que no vayan a más.