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La tribuna de los fondos
Opinión

Acciones con HALO, las nuevas perlas de Ormuz

¿Conviene rotar hacia fondos que inviertan en infraestructuras físicas y activos pesados en esta nueva coyuntura?

Un 'trader' de la Bolsa de Nueva York, este jueves.Brendan McDermid (REUTERS)

El acrónimo HALO, acuñado por Josh Brown CEO De Ritholtz Wealth Management y popularizado por Goldman Sachs a principios de 2026, se refiere a un tipo de compañías que pueden ser inmunes a la disrupción de la IA. El acrónimo viene del inglés Heavy Assets, Low Obsolescence y hace referencia a todas aquellas empresas que requieren para su negocio una gran cantidad de infraestructura física y que no corren el riesgo de volverse obsoletos rápidamente a causa de la inteligencia artificial.

Por otro lado, el reciente conflicto bélico en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha disparado el precio del gas y el petróleo, que, casualmente, son sectores con HALO.

Cada vez que oigo una noticia que menciona Ormuz no puedo evitar recitar mentalmente la sonatina de Rubén Darío que aprendimos de memoria los niños de mi generación: “La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa, / que ha perdido la risa, que ha perdido el color. / La princesa está pálida en su silla de oro, / está mudo el teclado de su clave sonoro; / y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. // ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina / para ver de sus ojos la dulzura de luz? / ¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes, / o en el que es soberano de los claros diamantes, / o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?”.

La imagen de riqueza y lujo oriental que evocan los pretendientes de este poema no se correspondía, en mi imaginación, con la figura de los jeques del petróleo; pero lo cierto es que el crudo ha colmado de una riqueza extraordinaria a los príncipes de esa región.

¿Hasta dónde puede llegar el precio del petróleo y de qué manera pueden intentar los inversores protegerse de una eventual subida de inflación?

Los lectores recordarán la espectacular subida del gas y, en menor medida, del petróleo tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022, cuando el Brent superó los 120 dólares por barril. De hecho, este crudo ya venía escalando desde principios de 2021: pasó de cotizar alrededor de 40 dólares a acercarse a los 100, por lo que la gran subida se produjo tras la fuerte recuperación de la economía una vez superada la pandemia, y no tanto por la guerra.

A pesar de que el conflicto ruso-ucraniano se mantiene, por desgracia, desde febrero de 2022 hasta febrero de 2026 el precio del petróleo se redujo de los 120 a los 60 dólares por barril. Muchos lectores quizá ya no recuerden que en marzo de 2008 el Brent alcanzó los 145 dólares. En aquel momento, algunos analistas de Goldman Sachs pronosticaron que llegaría a 200, pero tras tocar aquel máximo, el precio se desplomó y a finales de ese mismo año cotizaba en torno a 40 dólares.

Para responder a la pregunta de hasta dónde puede llegar el petróleo, usaré una de las reflexiones más citadas de John Maynard Keynes “About these matters there is no scientific basis on which to form any calculable probability whatever. We simply do not know.” En este caso podría parafrasearse así: No es posible determinar con certeza la probabilidad de determinados sucesos; simplemente no tenemos manera de saberlo.

La enorme cantidad de variables que influyen en los precios de las materias primas, junto con las diferentes condiciones económicas en que se producen los conflictos que las afectan, hace muy difícil establecer probabilidades fiables sobre su rango de precios futuros. Esto nos obliga a tomar decisiones en un entorno de incertidumbre, donde lo más sensato es diversificar. Ni antes era recomendable concentrar excesivamente las inversiones en compañías de inteligencia artificial, ni ahora conviene girar bruscamente hacia el sector energético.

Quedaría responder a la pregunta de cómo pueden protegerse los inversores frente a una eventual subida de la inflación. Los activos clásicos para hacerlo, siempre que el horizonte sea largo, son la Bolsa, el oro y los bonos ligados a la inflación.

Entre ellos, uno de los más tradicionales es el oro. El dorado metal ha vivido un rally histórico, alcanzando niveles que hace apenas dos años habrían parecido inimaginables. Su máximo histórico se registró en enero de 2026, superando los 5.600 dólares por onza. Parte de este comportamiento se explicaba por la desconfianza hacia el dólar, pero el precio llegó a subir tanto que, antes de la operación “Furia épica”, ya estaba sufriendo una fuerte corrección, situándose el viernes anterior en torno a los 5.200 dólares. En el momento en que escribo, cotiza por debajo de este nivel, mientras el dólar se ha apreciado desde el ataque.

Una vez más, nos encontramos con circunstancias que generan entornos en los que es difícil calcular probabilidades fiables. Tras el pico de inflación de 2021, muchos inversores optaron por fondos de bonos ligados a la inflación, cuyo comportamiento resulta complicado de interpretar para quienes no son profesionales. Por ello, no recomiendo fondos de este tipo de bonos para un particular.

De hecho, mi principal recomendación, siempre que se disponga de plazo, es protegerse mediante fondos de Bolsa con elevada diversificación, que ofrecen cobertura frente a la inflación sin asumir riesgos excesivos en por concentración de valores, sectores o regiones.

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