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La Fed espera a un presidente incognoscible

La reciente defensa de Warsh de los tipos bajos choca con su postura habitual de línea dura

Qué Kevin Warsh dirigirá la Reserva Federal? Sus críticas a la política actual encajan perfectamente con los caprichos de la Administración Trump. Pero su reciente defensa de los tipos bajos choca con su postura de línea dura, que mantiene desde hace tiempo, sobre los riesgos de inflación.

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Qué Kevin Warsh dirigirá la Reserva Federal? Sus críticas a la política actual encajan perfectamente con los caprichos de la Administración Trump. Pero su reciente defensa de los tipos bajos choca con su postura de línea dura, que mantiene desde hace tiempo, sobre los riesgos de inflación.

Warsh, que ya fue miembro de la junta de gobernadores con George W. Bush, ha tenido muchas dificultades para predecir el futuro. El día después de la quiebra de Lehman Brothers en 2008, dijo que aún no estaba “dispuesto a renunciar” a sus “preocupaciones en materia de inflación”. En 2009, con un crecimiento moderado en EE UU y un paro al alza, pidió que se volvieran a subir los tipos, incluso cuando el IPC se hundía hasta el 1%.

Se ganó el respeto por otros trabajos, como ayudar a JP Morgan a adquirir Bear Stearns y al rescate gubernamental de AIG. Pese a la frustración del entonces presidente Ben Bernanke por las críticas de Warsh a la flexibilización cuantitativa, ambos desarrollaron una estrecha relación de trabajo. Tras perder la carrera por liderar la Fed en el primer mandato de Trump, no ha tenido más que palabras duras para Jerome Powell.

Warsh criticó duramente el historial de la Fed en la lucha contra la inflación tras la pandemia y consideró que se había extralimitado en cuestiones como diversidad y cambio climático. A medida que se hacía más evidente la obsesión de Trump por los tipos bajos, Warsh se reinventó como defensor del dinero fácil, afirmando que todo sobrecalentamiento se enfriaría reduciendo simultáneamente el balance del banco central. Esa disonancia cognitiva puede haber convencido a Trump.

La prueba clave de la credibilidad del banco central es si es capaz de ignorar la presión de la Casa Blanca. El aparente cambio de postura de Warsh puede poner en alerta a sus colegas ante los indicios de que está ahora siguiendo órdenes.

El propio Powell puede ser parte de esa dinámica. Puede permanecer como gobernador hasta 2028. Si se queda, la Administración tendría pocas posibilidades de seguir remodelando el banco, ya que no habría vacantes pendientes durante años, suponiendo que el Tribunal Supremo impida a Trump despedir a la gobernadora Lisa Cook y que Justicia abandone su frívola investigación sobre Powell. Si no lo hace, incluso la elección de Warsh podría estar en peligro, ya que el senador republicano Thom Tillis amenaza con torpedearla.

Los mercados de bonos también pueden frenar incluso a una Fed secuestrada, manteniendo elevados los tipos a largo plazo, sobre los que las autoridades tienen menos control. Quizás Warsh vuelva a sus raíces académicas y aplique una política independiente. Sería mucho más tranquilizador si sus antecedentes recientes respaldaran esa esperanza.

Los autores son columnistas de  Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de  Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de  CincoDías

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