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Un mercado laboral complejo

Es histórico que hayamos necesitado tanto tiempo para alcanzar el 9,9% de paro y que sigamos encabezando el indicador en la UE

El paro ha bajado en España del 10% por primera vez en 17 años, y el dato ha sido celebrado como un éxito por el Gobierno: una cifra “histórica”, en palabras de la ministra de Trabajo. Y, efectivamente, es histórico que hayamos necesitado tanto tiempo para alcanzar el 9,9%, como es histórico que, después de tanto tiempo, sigamos liderando el paro en la Unión Europea, situado en el 6%, y como también es histórico que sigamos teniendo la tasa mayor de paro juvenil en Europa.

Contabilizamos 2.500.000 personas en paro, de las cuales un poco más de la mitad son mujeres, y el 46% son parados ...

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El paro ha bajado en España del 10% por primera vez en 17 años, y el dato ha sido celebrado como un éxito por el Gobierno: una cifra “histórica”, en palabras de la ministra de Trabajo. Y, efectivamente, es histórico que hayamos necesitado tanto tiempo para alcanzar el 9,9%, como es histórico que, después de tanto tiempo, sigamos liderando el paro en la Unión Europea, situado en el 6%, y como también es histórico que sigamos teniendo la tasa mayor de paro juvenil en Europa.

Contabilizamos 2.500.000 personas en paro, de las cuales un poco más de la mitad son mujeres, y el 46% son parados de larga duración o sin empleo anterior. La principal causa para encontrarse en paro por parte de quienes tenían un empleo anterior es la finalización de su último contrato. En torno al 76% de las personas paradas perciben algún tipo de prestación. En la mayoría de los casos se trata de la prestación contributiva o el subsidio, con un gasto medio por persona beneficiaria de unos 1.465 euros/mes. El número de hogares con todos sus miembros en paro alcanza la cifra de 770.000, y el gasto total presupuestario por desempleo supera los 2.000 millones de euros/mes.

Que la encuesta de población activa registre en España casi 22.500.000 personas ocupadas es también un dato histórico, situado 2 millones por encima de 2007 (en pleno bum inmobiliario) y casi 10 millones más que en 1994, antes de nuestra entrada en el euro. La evolución de ocupados por sectores económicos también nos trae hechos importantes: la agricultura continúa su descenso; la industria, a pesar de todo, crece entre 1994 y 2025, desmintiendo cualquier supuesta desindustrialización de España; la construcción experimenta un desplome de más de un millón de ocupados entre 2007 y 2025; y son los servicios los que experimentan un salto espectacular, con 4 millones más de ocupados ahora que en 2007, y 10 millones más que en 1994. La llamada terciarización de nuestro país es innegable, aunque conviene no olvidar que, bajo ese término, además del turismo (recibir casi 100 millones de visitantes al año, no es cualquier cosa) se incluyen también servicios profesionales, tecnológicos, financieros o consultoría, que ayudan a incrementar nuestro valor añadido y con gran peso en la balanza de pagos.

Tres datos más merecen señalarse sobre nuestro mercado laboral: en los últimos 20 años el número de trabajadores por cuenta propia ha bajado, pese a la insistencia en el fomento del emprendimiento. Segundo, el 40% de los ocupados lo son en empresas con menos de 50 trabajadores, que representan al 97% del total de las compañías. Tercero, el 88,5% de los trabajadores ocupados tienen contrato indefinido, por solo el 11,5% temporal, pero los contratos a tiempo parcial, cuyo salario se sitúa en el 43% del tiempo completo, representan el 26% de los ocupados, mayoritariamente mujeres.

Si nos circunscribimos solo al periodo enero-diciembre de 2025, la mayoría de los contratos fueron temporales y, de los contratos indefinidos, entre tiempo parcial y fijos discontinuos se alcanzó el 60%. Todo ello en un contexto de precariedad tal que fue necesaria la firma de más de 15 millones de contratos para incrementar la ocupación neta de asalariados a fin de año en medio millón.

La complejidad de nuestro mercado laboral no termina aquí. Otros dos hechos merecen destacarse: el aumento de las vacantes y un elevado nivel de absentismo. Según la estadística que se utilice, el número de vacantes, o demanda laboral insatisfecha, está experimentando una subida persistente desde la pandemia, situándose en algo más de 150.000 puestos. Sin embargo, lo que transmiten los empresarios apunta a una realidad peor, en la que cubrir un número creciente de demandas laborales se ha convertido en tarea imposible, no tanto por el sueldo, sino, entre otras cosas, por un choque aparente de culturas laborales con las nuevas generaciones. Este es un fenómeno a seguir.

El absentismo laboral, por su parte, se encuentra hoy en España en máximos históricos. Según los datos disponibles, más de 300.000 trabajadores faltan a diario sin justificación en España. Unido al dato de que ya estamos a la cabeza de Europa en incapacidad laboral temporal, nos situamos en cifras de más de 1,5 millones de trabajadores diariamente, con el consiguiente impacto en productividad, coste empresarial y sanitarios. Según los últimos datos, España empeora 4,6 veces más que la media de la UE en absentismo laboral, en lo que seguimos liderando. De este asunto no he oído hablar a la ministra, aunque también es un dato histórico.

Otro dato histórico de nuestro mercado laboral lo publica el Ministerio de Inclusión y Seguridad Social: a finales de enero de este año, más de tres millones de extranjeros estaban registrados en la Seguridad Social española, donde los trabajadores extranjeros representan, por primera vez, el 14% del total, con un número de autónomos que supera el medio millón. La realidad de estos datos refleja que ya no solo atraemos empleos temporales o de bajos salarios, sino que se contabilizan ingenieros, especialistas en tecnología, analistas financieros y otros que cubren huecos provocados por carencias nacionales de habilidades, es decir, un problema de desajuste entre formación y mercado de trabajo.

El último dato histórico del que me gustaría que hablara la ministra de Trabajo está incluido en el último Informe Foessa presentado por Cáritas: la precariedad laboral es la nueva normalidad, sobre todo para los colectivos vulnerables. De manera especial: 2,5 millones de jóvenes viven atrapados en una precariedad estructural, con temporalidad, parcialidad y salarios bajos. El trabajo parcial involuntario actúa como trampa de pobreza, mientras la juventud se incorpora al mercado laboral con salarios notablemente más bajos que las generaciones anteriores. La vivienda se ha convertido en el epicentro de la desigualdad en nuestro país. Tener trabajo ya no representa una seguridad frente a la pobreza. España, según el Informe Foessa, emerge como un caso extremo de fragilidad económica en Europa, con vulnerabilidades desproporcionadas a pesar del crecimiento macroeconómico. ¿Qué dice la ministra a todo esto?

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