Añadir oro a una cartera 60/40 es una apuesta 50/50
Cuando los resultados recientes parecen impecables, hay motivos adicionales para ser cautelosos
Desde 2025, dividir las carteras en un 60% para el S&P 500 y un 40% para los bonos del Tesoro de EE UU ha generado un retorno del 18%. Pero, cambiando los bonos por oro, habría sido superior al 50%. Eso, y el valor del metal como cobertura en tiempos de volatilidad, hace que ahora se promocione como alternativa a la parte de renta fija de una cartera 60/40. Pero cuidado, porque las comidas gratis tienden a desaparecer.
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Desde 2025, dividir las carteras en un 60% para el S&P 500 y un 40% para los bonos del Tesoro de EE UU ha generado un retorno del 18%. Pero, cambiando los bonos por oro, habría sido superior al 50%. Eso, y el valor del metal como cobertura en tiempos de volatilidad, hace que ahora se promocione como alternativa a la parte de renta fija de una cartera 60/40. Pero cuidado, porque las comidas gratis tienden a desaparecer.
El viernes, el oro corrigió con fuerza tras saberse que Kevin Warsh sucederá a Jerome Powell al frente de la Fed. Es la primera gran fluctuación en mucho tiempo para el metal, que el jueves alcanzó un máximo histórico de casi 5.600 dólares la onza, el doble que hace un año. Se ha beneficiado de la inflación, las compras de los bancos centrales y el hecho de que Donald Trump haya puesto en duda la seguridad de los bonos de EE UU y el dólar.
De hecho, le ha ido tan bien que ha puesto en tela de juicio la idea central de la venerable estrategia 60/40, según la cual los inversores deben llegar a un compromiso. Por lo general, los mayores retornos provienen de activos más volátiles, y las mayores oscilaciones de precios suelen producirse en los días en que esos activos se venden. Por eso suele ser aconsejable destinar parte del dinero a inversiones con menor retorno, pero también menor volatilidad. Nada de esto se ha aplicado al oro desde 2025: aunque su volatilidad ha superado a la del S&P 500, ha seguido obteniendo una rentabilidad media del 0,28% en los días en que el mercado bursátil ha bajado. Y, en los días buenos, su rentabilidad media ha sido casi igual de alta, del 0,24%. Como resultado, una cartera compuesta por un 60% de acciones y un 40% de oro habría tenido un índice Calmar, que mide los retornos ajustados por la pérdida acumulada máxima, más de seis veces superior al de la combinación convencional de acciones y bonos en ese mismo periodo.
Ese retorno es la razón por la que Morgan Stanley está presionando para que se destine al menos un 20% al oro en detrimento de los bonos. Dadas las persistentes tensiones geopolíticas y las preocupaciones sobre la independencia de la Fed, el oro podría subir fácilmente.
El peligro es confundir la especulación con un activo con crear espacio para una cobertura. Históricamente, el oro ha tenido un retorno mucho menos constante que los bonos. El periodo entre las secuelas de la burbuja puntocom y 2010 encaja en esta descripción, pero los bonos fueron, con diferencia, el mejor refugio en los 80 y 90, y en menor medida entre 2010 y 2019. El periodo más similar al actual fueron los 70, cuando la alta inflación también llevó al oro a comportarse bien en los días buenos y malos. Pero la cartera de oro 60/40 actual tiene un ratio Calmar cuatro veces superior al de entonces. La reciente subida del índice Cboe Gold Volatility, que sigue las opciones relacionadas con el metal, apunta a que es una fiebre que corre el riesgo de revertirse.
La advertencia estándar en inversión es que los resultados pasados no son indicativos de los retornos futuros. Cuando los resultados recientes parecen impecables, hay motivos adicionales para ser cautelosos.
La fiebre del oro china
La minera china Zijin tiene una gran ventaja sobre las occidentales. No es que, con 158.000 millones de dólares y 21 veces sus ganancias, sea más grande y esté mejor valorada que sus rivales nacionales y extranjeras, aunque eso ayuda. Es que tanto ella como sus competidoras chinas están involucrados en un intercambio de favores con el banco central.
La unidad minera de oro de la firma, escindida hace poco, expuso el lunes el entusiasmo por el metal. Anunció un acuerdo por 4.000 millones de dólares en efectivo para comprar la canadiense Allied Gold. Según Dealogic, esta operación casi duplica, hasta 9.000 millones, la cantidad que las mineras de oro chinas han gastado en compras en el exterior en los últimos 12 meses.
Es cierto que los datos oficiales muestran que el banco central solo compró 27 toneladas de oro en 2025. Pero los analistas coinciden en general en que las lagunas en los datos de trading indican que el ritmo real de acumulación –como en el caso de muchos otros bancos centrales– es mucho mayor.
En noviembre, los analistas de Société Générale estimaron que las entidades chinas, incluido el banco central, podrían alcanzar hasta 250 toneladas en compras en 2025: más de un tercio de la demanda mundial de los bancos centrales, aunque gran parte se habría hecho a través de canales no declarados, como refinerías nacionales y empresas comerciales, muchas de ellas clientes clave de Zijin. El apetito del banco central podría persistir durante años: a los precios actuales, el oro supone menos del 10% de las reservas de divisas de China, que suman 3,4 billones de dólares. Esto contrasta con la media mundial del 20%, según Société Générale, que cita a International Financial Statistics.
Esto parecería crear las condiciones ideales para que Zijin y otras sigan buscando minas por el mundo. El problema es que se suelen limitar a activos que sus homólogos de otros países creen arriesgados o poco rentables, lo que las expone a dificultades políticas, sociales y ambientales locales y a una gran caída del precio del oro. Es una gran apuesta por factores que escapan en gran medida a su control.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías