Más allá del furor por el eclipse: la inversión espacial rinde el 30% en 2026 con sus promesas lunáticas
La industria liderada por SpaceX abarca desde gigantes de la defensa hasta telecos innovadoras e incluso una empresa dedicada a eclipsar el Sol


Roger Waters cantaba en “Brain Damage”, tema de The Dark Side of the Moon dedicado a la enfermedad mental, que “el lunático estaba sobre el césped”. La metáfora ha terminado por eclipsar el significado original del álbum (la presión de la vida cotidiana) y lo ha vinculado a la fascinación de la sociedad por el espacio, después de que la NASA llevara astronautas a la Luna seis veces en menos de cuatro años. Hoy, con el regreso de las misiones tripuladas al satélite y la expectativa de un alunizaje en 2028 —el primero desde que Waters revolucionó el rock—, la fiebre espacial ha regresado y más normalizada que nunca. Los “lunáticos”, las personas presuntamente influenciadas por la Luna, según el origen de la palabra, ya manejan billones de euros en Wall Street y el Valle del Silicio.
La industria espacial cotizada se revaloriza un 37% en 2026 (el triple que el conjunto de la Bolsa), según el índice S&P Kensho Space. Un comportamiento al alza, unos 10 puntos superior al promedio del último lustro, de un sector muy atomizado, con gigantes de la defensa, como Boeing o RTX, que fabrican respectivamente cohetes y sistemas antimisiles, así como telecos innovadoras, como Iridium, con su negocio de lanzamiento de satélites.
Fuera del S&P Kensho Space, hay además toda una constelación de empresas, algunas tan singulares como Redwire, que lanza naves capaces de eclipsar el Sol para captar imágenes de la corona solar para fines científicos. Hacer negocio con el eclipse ya no exige esperar su formación natural, como se producirá este miércoles. Los analistas de Morgan Stanley estiman que el sector debe triplicar sus ingresos hasta el billón de dólares (880.000 millones de euros) hasta 2040.
El sector se ha visto sacudido por la salida a Bolsa de SpaceX, la mayor de la historia y que otorgó de golpe a la empresa de Elon Musk una valoración cercana a los dos billones de dólares. Alicia Daurignac, gestora de fondos espaciales de la firma francesa La Financière de l’Echiquier, señala a CincoDías que “la operación abre la puerta a toda una generación de nuevas empresas”. Sin embargo, la llegada de un nuevo y fuerte competidor en este mercado ha golpeado a las otras cotizadas espaciales y el índice S&P Kensho Space, que todavía no incluye SpaceX, cae casi un 18% desde finales de mayo, cuando se anunció su intención de cotizar en el parqué. “Cuando aparece una nueva compañía en Bolsa, muchos inversores venden otros activos para poder comprarla”, advirtió el responsable de renta variable de la banca privada Pictet, Graham Secker, en entrevista a este diario.
Por ahora, algunas cotizadas han resistido e incluso se han disparado, como Iridium, que se revaloriza casi un 180% en lo que va de año, porque el negocio de los satélites se ha convertido en una máquina de hacer dinero gracias a la drástica reducción de los costes operativos mediante el uso de cohetes reutilizables, un método inaugurado por Elon Musk. De hecho, tanto Iridium como Starlink, la división de SpaceX dedicada a los satélites, son rentables. La compañía de Musk solo registra pérdidas por sus gastos multimillonarios de inversión en IA desde la fusión de la nueva cotizada con xAI el pasado febrero.
Como era de esperarse, una apuesta por encima de la estratosfera está llena de riesgos. “Se trata de una industria intensiva en capital, con una tecnología compleja, una base de clientes reducida y una fuerte dependencia de los contratos públicos”, señala Lou Whiteman, analista de la plataforma Motley Fool, en un artículo publicado en junio. Lo ejemplifica como nadie SpaceX. Tras varios vaivenes, las acciones de la compañía de Musk acumulan una caída del 30% respecto a su precio de salida.
“La temática espacial es una inversión de muy largo plazo; por tanto, lo más importante es tener tiempo por delante para invertir con serenidad en esta revolución”, señala Rolando Grandi, fundador de la gestora francesa Itavera AM, con 1.000 millones de euros en activos bajo gestión, y uno de los mayores expertos del mundo en inversiones espaciales, en declaraciones a CincoDías. Desde Morningstar son tajantes y estiman que los negocios que anticipa SpaceX, como la instalación de centros de datos en la órbita lunar o la colonización de Marte, tienen solo un 7% de probabilidades de materializarse.
Qué considerar antes de invertir en el espacio
Si “en el espacio nadie puede oír tus gritos”, como decía el clásico cartel de Alien (1979), la volatilidad del sector tampoco ayuda a evitar el estrés. La cesta de valores espaciales estadounidenses de Goldman Sachs, en la que sí está incluida SpaceX, es cerca de dos veces más volátil que el sector de la IA y cinco veces más que la Bolsa estadounidense (S&P 500).
“Las empresas todavía no son rentables, pero tienen posibilidad de crecer ya el próximo año”, señalan los analistas de Goldman Sachs en un artículo publicado a mediados de julio. Entre los negocios con mayor capacidad para rentabilizar el espacio a corto plazo y, por tanto, con mayor potencial de revalorización bursátil, el banco de inversión destaca claramente el de lanzamiento de satélites, así como el de cohetes y las telecomunicaciones.
Separar el grano de la paja en un sector tan volátil es fundamental y, al mismo tiempo, difícil. Desde Itavera AM, Grandi alerta que “el sector es bastante técnico y necesita un seguimiento cotidiano”. Luego, recomienda al pequeño inversor comprar participaciones en fondos, ya sean de gestión activa o pasiva, en lugar de elegir una acción concreta: “Hay riesgos tan específicos como un satélite que llega a su órbita en el espacio pero no funciona, o un cohete que explota durante su lanzamiento, como vimos con Blue Origin (Amazon) recientemente”. No hace falta ser ingeniero aeroespacial para invertir en Bolsa, pero en este caso ayuda.