La difícil tarea de invertir entre señales cruzadas
La segunda parte del año empieza con la misma inquietud que teníamos en enero: ¿está la siguiente gran crisis de la Bolsa delante nuestra y no somos capaces de verla?


La segunda parte del año empieza con la misma gran inquietud que teníamos en enero: ¿está la siguiente gran crisis de la Bolsa delante nuestra y no somos capaces de verla?
John Authers, uno de los analistas más influyentes del mundo, cree que las numerosas contradicciones que emergen estos meses en los mercados se asemejan a las que vivimos en los meses anteriores a la crisis de 2008. En los primeros meses de aquel año, mientras las columnas del sistema financiero empezaban a resquebrajarse, el sector financiero se desplomaba en Bolsa porque empezaba a ser obvio que algo estaba podrido en la economía norteamericana. A su vez, el petróleo subía porque se esperaba que la demanda mundial subiera.
Las contradicciones hoy son diferentes, pero difícilmente podríamos argumentar en el futuro que eran imposibles de percibir. La principal de todas ellas: ¿son compatibles los máximos en las Bolsas con una guerra que podría generar una recesión mundial? De ésta surgen muchas derivadas. ¿Es sostenible que suban los semiconductores cuando sube el petróleo por una guerra? Lo primero requiere una economía boyante y lo segundo provoca lo contrario. ¿Por qué sube un activo de riesgo como la Bolsa y cae otro como bitcoin? ¿Por qué caen a la vez dos refugios como el oro y los bonos en un entorno de incertidumbre?
La lista se extiende, pero la cuadratura del círculo, si alguien tenía dudas a estas alturas, es que es perfectamente posible que el mercado crea simultáneamente en dos cosas contradictorias durante un periodo largo de tiempo.
Con estas tensiones en el aire esperando a resolverse sería comprensible para cualquiera que gestionara dinero ajeno que optara por meterlo en un cajón hasta que el horizonte se aclare, que es, de hecho, lo que muchos inversores minoristas hacen. Pero todo gestor profesional sabe que esa técnica sale mal cuatro de cada cinco veces. El que la adoptara a principios de este año ha debido tener en las últimas semanas conversaciones muy incómodas explicando por qué el patrimonio de sus clientes no ha subido el mismo 16% que ha subido la Bolsa mundial.
Con esta premisa en mente, ¿cómo gestionar dinero en la segunda mitad del año?
El primer paso es hacerse con una visión macro. El consenso espera un contexto ligeramente peor que hace unos meses. Habrá algo más de inflación pero no llegará a descontrolarse, en parte porque los bancos centrales han endurecido su posicionamiento. Con costes y tipos más altos el crecimiento se revisa a la baja:
Europa se quedaría por debajo del 1%, Estados Unidos y España por encima del 2%. Correcto, pero sin florituras. Lo curioso es que nadie ha avisado de estos cambios a los analistas de empresas porque mientras la macro se revisa a peor, las previsiones de aumentos de beneficios empresariales en 2026 en todo el mundo han aumentado de un 14 a un 26%. Solo con no creerte esto —por ejemplo revisando las previsiones de crecimiento al 18%, como ha hecho ING— y añadiendo unas expectativas de valoraciones cautelosas, es fácil concluir que a la Bolsa, así en general, podría no quedarle mucho recorrido este año.
Sin embargo, que la Bolsa en general no suba no significa que haya que evitarla. Una opción es seleccionar los sectores. Una aproximación sería irse a por aquellos con mejores precios, como la energía y los materiales, esperando que haya una reversión a la media en algún momento. Una alternativa menos obvia es el sector financiero. Los expertos llevan al menos tres años contando que los bancos no tienen más recorrido, pero, como en una película mala de zombis, los bancos siguen renaciendo una y otra vez. Podría ocurrir que estén resucitando de nuevo y que la economía esté entrando de nuevo en una de esas extrañas coyunturas óptimas para el sector en las que las ganancias por los tipos más altos compensan con creces el enfriamiento del crédito. Esta coyuntura no está del todo descontada y puede generar beneficios inesperados.
La tecnología es con diferencia el sector más delicado, pero cerrarle las puertas en una cartera puede tener un coste enorme. Aquí es donde realmente hay que mojarse. ¿Es razonable no invertir en el sector si crees que la demanda de semiconductores va a seguir creciendo? Probablemente no, pero a estas alturas es razonable buscar las pocas empresas que aún quedan con precios razonables, sobre todo en mercados emergentes, un tabú para muchos gestores.
Algo similar ocurre con la renta fija. Las opciones estándar no acaban de ser muy atractivas. Sí, las rentabilidades son elevadas a niveles históricos, aunque no en términos reales. Pero los refugios habituales —bonos de gobierno a media y larga duración— tienen un enorme riesgo de duración. Una subida de tipos inesperada les haría mucho daño, y aunque no es el escenario central su probabilidad no es desdeñable.
Las alternativas se encuentran en los sectores con algo más de riesgo, siempre que se comparta la tesis de que no estamos ante una recesión inminente. Los bonos de alta rentabilidad, mal llamados “basura”, y los de mercados emergentes, ofrecen combinaciones mucho más atractivas, con rentabilidades extra —que pueden duplicar la inflación— con mucha menos vulnerabilidad a cambios en los tipos.
Un cierto nivel de incertidumbre en el mercado puede ser un buen entorno para ganar dinero. Sí, hay que seleccionar con cuidado dónde asumir riesgo. Decidirse por un rumbo y prepararse para vivir con las contradicciones. Disciplina y selección pueden ser más importantes que acertar con el próximo titular.
Francisco Quintana es director de Estrategia de Inversión de ING España