Los primeros inversores en Bolsa de SpaceX en España: “Dejé pasar a Google, no lo haré otra vez”
La operación es acogida con entusiasmo tanto entre particulares como entre fondos de inversión y estaría cubierta más de cuatro veces, según Reuters


Jesús Ángel Bravo tiene cuatro décadas de trayectoria en el sector tecnológico (sobre todo como emprendedor en robótica) y una espina clavada. A finales de los años 2000, dejó pasar una oferta para comprar acciones de Alphabet, la matriz de Google, cuando la compañía llevaba menos de cinco años en Bolsa. Aquella operación le habría dado hoy 33 dólares por cada dólar invertido. Una ganga. “Dejé pasar a Google, no lo haré otra vez”, zanja este bilbaíno sexagenario. Ahora, la oportunidad de subirse a una nueva ola tecnológica se le ha presentado con la hollywoodiense salida a Bolsa de SpaceX, prevista para este viernes y con la que la compañía de Elon Musk aspira a captar 75.000 millones de dólares, casi el triple de lo logrado por cualquier otra empresa hasta ahora.
Bravo ya ha intentado asegurarse un pedazo de la empresa espacial al solicitar títulos por un valor de 22.000 dólares (19.000 euros) a través de Interactive Brokers, una de las seis plataformas con acceso a la oferta pública de venta (OPV) de la empresa. Es la primera vez que los pequeños inversores españoles pueden acceder directamente a una salida a Bolsa en Wall Street, una operación reservada hasta ahora a inversores institucionales como bancos y fondos, incluso en colocaciones localizadas en España.
La colocación ha sido recibida con fervor: según Reuters, las peticiones multiplican por cuatro los 75.000 millones de dólares a la venta, y de acuerdo con Bloomberg algunos grandes inversores han realizado peticiones de 10.000 millones. Parte de la fiebre por SpaceX se explica por el tirón popular del propio Musk, sostenido por una base fiel de seguidores en la que se mezclan el entusiasmo tecnológico, la afinidad política y la promesa de un futuro de ciencia ficción, colonización planetaria incluida. Por eso, pese a tener el éxito asegurado casi desde el día del anuncio, Musk ha reservado una gran parte de la colocación a los minoristas: un 20% para pequeños inversores de Estados Unidos, que pueden pedir títulos con la referencia de 135 dólares cada uno, y un 10% para europeos y de otros países.
En Europa las entidades están estableciendo un precio de referencia de 162 dólares (unos 140 euros), pero el definitivo será el mismo para todos. En el Viejo Continente, la demanda es tan elevada que algunas firmas de valores han fijado importes mínimos (1.000 euros) y otros requisitos para limitar los pedidos. Ahora bien, dado que la demanda supera con mucho la oferta, ninguno de los compradores sabrá hasta el viernes cuántas acciones recibirá.
Bravo, aunque no comparte el pensamiento político de Musk, describe al hombre más rico del mundo como un “visionario”, y el modelo de SpaceX como “revolucionario”. No exagera del todo. La compañía ha abaratado tanto el lanzamiento de cohetes gracias a la reutilización de sus componentes que ha dejado sin respuesta a las agencias espaciales estatales, además de acaparar la mayor parte del mercado. La apuesta por SpaceX también se alimenta del furor de la IA. Más que las promesas de colonizar Marte, y más viable según Bravo en “un tiempo razonable”, es la idea de instalar centros de datos en la Luna, aprovechando las bajas temperaturas del espacio y la exposición constante al sol para acceder a energía barata.
“Quien compra acciones de SpaceX está apostando por el genio de Elon Musk”, señala el asesor financiero independiente Víctor Alvargonzález. Cada vez más voces en los mercados, entre gestores y analistas, repiten el mismo mantra: “Todos pierden cuando apuestan en contra de Elon”. El ejemplo más elocuente es Tesla, cuyo título ha generado un retorno de 300 dólares por cada dólar invertido desde su salida a Bolsa hace 15 años, cuando pocos creían en el coche eléctrico y aún menos imaginaban el autónomo.
La doble fe, en Musk y en la IA, también convence a David Riudor, inversor especializado en empresas emergentes. “Comprar acciones de SpaceX es una forma de meterme más en el sector y obligarme a aprender, porque así me juego algo propio”, declara este barcelonés de 30 años, una estrategia ya aplicada con éxito en sus inversiones en el mercado de los chips. No obstante, Riudor descarta acudir a la OPV y esperará al toque de campana de la sesión de mañana en el Nasdaq, donde cotizará SpaceX. Afirma que invertirá entre 30.000 y 50.000 dólares (26.000 y 43.300 euros) el primer día de cotización en Bolsa, dependiendo de la volatilidad del precio.
“Quiero ver cómo se negocia en las primeras horas”, dice Riudor, preocupado por la volatilidad. Cree que la acción puede subir un 30% el primer día, el doble del promedio histórico, lo que también abriría la puerta a una corrección y por tanto le haría aplazar su inversión. De acuerdo con un estudio de Goldman Sachs, las fuertes subidas en el debut suelen seguir rentabilidades inferiores al mercado. Aun así, Riudor ve reducida la probabilidad de cerrar los primeros días en pérdidas.
El hecho de que SpaceX se vaya a convertir, en un instante, en una de las 10 mayores empresas cotizadas del mundo, por un valor de 1,8 billones de dólares, es un viento de cola adicional. La empresa entrará por la vía exprés en índices como el Nasdaq 100, que han relajado sus requisitos de entrada (no así el S&P 500). Ello obligará a los inversores pasivos, que se limitan a replicar los índices en sus carteras y suponen hoy por hoy más de la mitad de la inversión bursátil en EE UU, a comprar acciones por miles de millones de dólares en cuestión de semanas. Bloomberg estima que estos fondos representarán el 30% de las acciones negociables de SpaceX al cierre de la primera quincena.
Los inversores de esta compañía espacial convertida en conglomerado tecnológico son entusiastas, pero no ciegos, y reconocen los riesgos. En especial, que la compañía no prevé rentabilizar a corto plazo sus promesas más ambiciosas. La presión llegará tan pronto como en tres meses, cuando la empresa de Musk presente sus primeros resultados y los actuales inversores institucionales —entre ellos, la mismísima Alphabet que Bravo dejó escapar— puedan vender sus acciones. El peso de estos inversores en SpaceX es muy superior al volumen total ofertado ahora (tan solo un 4% de la empresa), aunque casi la mitad de ese capital lo controla el propio Musk.
Además, SpaceX competirá también con los otros dos titanes de la IA, Anthropic y OpenAI, por el interés del mercado. Las dos compañías ya han presentado sus folletos para salir a Bolsa, con la expectativa de debutar en las próximas semanas. “SpaceX ha publicitado mucho su OPV para atraer a inversores particulares y luego lo están haciendo ya Anthropic y ya veremos qué hace OpenAI”, comenta Alvargonzález. “No se trata simplemente de determinar si SpaceX es una gran empresa, sino de evaluar qué expectativas están ya incorporadas en el precio”, afirman desde la gestora Edmond de Rothschild en una nota a sus clientes esta semana. Para quien compre la acción, Alvargonzález recomienda mantenerla al menos dos años.
Bravo da a la empresa la “ventana” de precisamente dos años para, al menos, aumentar sus ingresos y justificar el precio de la acción. “Habrá que ver si consiguen incrementar sus ingresos. Es un condicionante”, afirma sobre su decisión de mantener la inversión. Riudor, por su parte, se plantea acumular más acciones poco a poco, “siempre que el mercado lo permita”, con la vista puesta en las promesas de colonización espacial a 30 años. “No sé cuándo será, pero será algo relevante”, sostiene.