El bono de EE UU al 5,5%, el umbral de dolor que amenaza el ‘rally’ de las Bolsas
El repunte de las rentabilidades de la deuda se convierte en la principal amenaza para la Bolsa ante el giro de las expectativas de tipos de interés
Superado el impacto inicial por la guerra de Irán y los récords del petróleo al borde de los 120 dólares, las Bolsas han logrado recomponerse, con un puñado de índices encadenando nuevos máximos. Pero a medida que las semanas avanzan y la situación en Ormuz sigue siendo de bloqueo, los inversores empiezan a impacientarse. Con una economía que empieza a emitir señales de desaceleración y presiones al alza en los precios, las preguntas que muchos gestores se hacen son inevitables: ¿puede resistir la renta variable? ¿Y por dónde puede asomar el desencadenante de una corrección?
Lo ocurrido el pasado viernes, cuando el repunte de las rentabilidades de la deuda aceleró las caídas en Bolsa, anticipa lo que podría suceder si las expectativas de inflación y de subidas de tipos siguen ganando terreno. Durante meses, los inversores situaron en el 5% del bono estadounidense a 30 años el umbral crítico a partir del cual podría intensificarse la presión sobre la renta variable. Ese nivel ya se ha superado —la rentabilidad ronda el 5,15%, en máximos no vistos desde 2007, antes de la caída de Lehman Brothers—, pero el mercado no ha reaccionado con una venta masiva de acciones, sino con una corrección contenida.
El riesgo, no obstante, no ha desaparecido. El consenso de los analistas calcula ahora que el 5,5% es el umbral de dolor para las Bolsas. Un “número redondo” en palabras de los analistas de Citi; una referencia a partir de la cual los inversores podrían empezar a considerar que la combinación de rentabilidad atractiva y seguridad favorece el trasvase de dinero desde la renta variable hacia la deuda. “El mayor riesgo para la economía global es la magnitud del repunte de las rentabilidades de los bonos. Si las rentabilidades de la deuda a largo plazo de EE UU siguen subiendo, se crea un equilibrio bastante inestable para la renta variable”, advierten.
Hasta ahora, el encarecimiento de la energía se ha reflejado principalmente en la inflación general —en Estados Unidos el indicador ha alcanzado el 3,8%, su nivel más alto en tres años—, pero todavía no se han observado efectos de segunda ronda, como un repunte de los salarios o de los costes de los insumos. Con las negociaciones entre Washington e Irán en punto muerto y la actividad en Golfo Pérsico paralizada, los temores de un mayor impacto en los precios, junto a la posibilidad de un endurecimiento de la política monetaria, están impulsando al alza las rentabilidades de la deuda. En este contexto, los analistas de Citi advierten de que el mercado podría estar infravalorando el riesgo de una subida de tipos en Estados Unidos.
En la renta fija, a medida que aumentan esas rentabilidades, el precio de los bonos cae. Cuando el mercado entra en una dinámica bajista, ese ajuste puede acelerarse, ya que las ventas se retroalimentan ante la expectativa de más caídas, es decir, mayores subidas de tipos. Unos rendimientos más elevados no solo encarecen el coste de financiación para empresas y estados, sino que también presionan a la renta variable. Por un lado, unos cupones y rentabilidades más altos hacen más atractiva la deuda frente a las acciones, favoreciendo un trasvase de flujos. Y, por otro, desestabilizan, por sus bajos precios, los balances de los grandes inversores, lo que puede desencadenar más ventas.
Los analistas de Citi admiten que ese punto de entrada aún no ha llegado y que, de hecho, se ha ido desplazando en el tiempo, del 5% al 5,5%. En esa misma línea, César Pérez, director global de inversiones en Pictet WM, aconseja prudencia y mantiene su recomendación de infravalorar la deuda de gobierno de EE UU. “La inflación lleva superando el objetivo del 2% de la Reserva Federal 60 meses consecutivos. Es demasiado alta para una relajación de la política monetaria en el horizonte próximo”, señala. Por si no hubiera suficiente presión desde el lado de los precios y los tipos, las grandes economías no paran de aumentar su deuda y déficit. Los analistas de Barclays consideran que, con la deuda creciendo a mayor ritmo que la economía, el deterioro de las perspectivas de inflación y la falta de voluntad para sanear las cuentas públicas, siguen existiendo pocos incentivos para invertir en bonos a largo plazo.
Un entorno de tipos al alza y presiones inflacionistas es especialmente adverso para las subidas de la renta variable. En los dos últimos años, los activos de riesgo habían contado con el viento a favor de una economía sólida, unos resultados empresariales robustos y la expectativa de bajadas de tipos de interés. Ese escenario saltó por los aires a finales de febrero, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron los ataques contra Irán y el tráfico en el estrecho de Ormuz quedó paralizado. A medida que las previsiones de una intervención breve y sin impacto económico se van diluyendo, grandes firmas de inversión como Goldman Sachs, Morgan Stanley, Barclays o BNP Paribas empiezan a trabajar con la idea de que las caídas en Bolsa aún no han tocado suelo, en la medida en que los elevados precios de la energía siguen alimentando las expectativas de precios al alza.
Una inflación al alza tiende a retraer el consumo, lo que acaba traduciéndose en una economía más débil. Si las presiones de precios se enquistan y, como ha advertido el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, empiezan a trasladarse a los salarios, los bancos centrales se verán obligados a subir los tipos de interés, incluso aunque las perspectivas de crecimiento se deterioren. Ese encarecimiento del dinero elevará los costes de financiación para Estados y empresas, mientras que los hogares tendrán que asumir mayores cargas por sus préstamos. Con el consumo a la baja y los costes al alza, los beneficios y márgenes empresariales se verán presionados. Y todo ello llega en un momento en el que las Bolsas cotizan con valoraciones cada vez más exigentes. Ante la falta de visibilidad sobre la resistencia de la economía y las cuentas de las empresas, los inversores podrían replantearse su asignación de activos. Frente a una renta variable que muestra claros signos de agotamiento, las atractivas rentabilidades de la renta fija y su aparente mayor estabilidad podrían acabar actuando como un potente imán para el capital.
Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, reconoce que la situación sigue siendo extremadamente abierta. El experto sigue confiando en una resolución rápida. “La Bolsa estadounidense no está valorando un conflicto de larga duración. Por su parte, la renta fija sí refleja crecientes preocupaciones vinculadas al impacto económico del conflicto, particularmente a través de la inflación y de la evolución de los precios de la energía”, añade.