JP Morgan avisa de que la crisis es estructural y de que la inversión en acciones y bonos no será suficiente
El departamento de banca privada de la entidad estadounidense advierte de que habrá una reordenación de la economía mundial hacia la seguridad desde la eficiencia

El área de banca privada de JP Morgan asegura en una nota publicada este martes, en la que recoge sus perspectivas para los mercados para la segunda mitad de año, que “el cierre del estrecho de Ormuz supone la mayor crisis de suministro de petróleo desde la II Guerra Mundial y que este es el último capítulo de una ”reordenación estructural de la economía mundial hacia la seguridad y la resiliencia”. La entidad señala que “las sucesivas crisis son estructurales, no cíclicas, y las acciones y los bonos por sí solos ya no resultan suficientes”. Añade que el discurso sobre la inteligencia artificial se ha vuelto demasiado pesimista, cuando los datos apuntan a un superciclo continuado.
JP Morgan Private Bank afirma que la crisis energética provocada por la guerra de Irán y el cierre de unas principales vías de llegada de petróleo a Occidente implica un cambio de paradigma en el que la eficiencia ya no es lo importante, sino la seguridad, y asegura que “los mercados ya han comenzado a descontar este cambio”. Destaca que las acciones del sector europeo de defensa duplicaron su valor en 2025, las de recursos naturales subieron más del 30% y el oro se ha disparado un 130% en tres años. “La pregunta para los inversores no es si la fragmentación es real, sino si las carteras están preparadas para ella”, asegura.
“Los inversores deben mantener un equilibrio delicado: no reaccionar de forma exagerada a los titulares a corto plazo, pero tampoco ignorar los cambios a largo plazo. Vemos oportunidades atractivas en los mercados emergentes, en las inversiones relacionadas por la seguridad y en los líderes nacionales que están surgiendo en todos los frentes de un mundo que se divide”, afirma Grace Peters.
Incluso antes del conflicto en Irán, la inflación en Estados Unidos rondaba el 3%. La subida de los precios de la energía no ha hecho más que agravar un problema estructural: a lo largo de la década de 2020, los precios al consumo en Estados Unidos han subido más de un 25% en términos acumulados, mientras que la renta fija básica solo ha generado una rentabilidad del 5%. Ante la volatilidad de los bonos y de las acciones durante el conflicto, los inversores necesitan un conjunto de herramientas más amplio, que incluya activos reales, estrategias activas y un plan disciplinado diseñado para resistir la presión inflacionaria, no solo para capear un ciclo.
“Las acciones vinculadas a las materias primas, las infraestructuras globales y el sector inmobiliario ofrecen flujos de caja resistentes a la inflación e, históricamente, han generado rendimientos anualizados del 8% al 12% en diferentes contextos de inflación. Sin embargo, casi el 80% de los family offices encuestados afirmaron no tener exposición a infraestructuras, a pesar de expresar su preocupación por la inflación”, comenta en el comunicado Stephen Parker, que concluye: “Los fondos de cobertura macro y las estrategias de valor relativo —que generaron rendimientos positivos en 2022 cuando tanto las acciones como los bonos cayeron— siguen siendo un complemento importante”.
La inteligencia artificial podría resultar ser una de las fuerzas deflacionistas más poderosas de esta generación, al reducir el coste de los conocimientos especializados y aumentar la producción económica sin necesidad de mano de obra adicional. Sin embargo, el discurso predominante sigue centrado en la disrupción: el desplazamiento de la mano de obra, el desempleo y la destrucción de los modelos de negocio.
Sin embargo, Peters asegura que “la IA está aliviando la limitación de los conocimientos especializados, al igual que la electricidad alivió la limitación de energía y el ordenador alivió la limitación de la información”. El alcance de su impacto es difícil de valorar y es precisamente por eso por lo que los mercados tienen dudas al respecto, a su juicio. “Nuestra recomendación es posicionarse en los sectores que se benefician de la expansión de los centros de datos, explorar los mercados privados y evitar los sectores tradicionales vulnerables a la disrupción”, afirma.