La Fed afronta la última reunión de Powell atrapada entre la inflación y las dudas sobre el crecimiento
El consenso apuesta por tipos sin cambios, aunque prevé un recorte a final de año. El comité bancario del Senado vota mañana sobre el nombramiento de Kevin Warsh
Inflación persistente y riesgos a la baja para el crecimiento. Ese es el delicado equilibrio al que se enfrenta hoy el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en la que será con toda probabilidad su última reunión al frente del comité de Mercado Abierto después de ocho años. La próxima cita, en junio, se celebrará previsiblemente con un nuevo responsable: Kevin Warsh. El economista, designado por el presidente estadounidense, Donald Trump, encara hoy la votación de la Comisión Bancaria del Senado antes de ser ratificado por la Cámara Alta. El mandato de Powell concluye el 15 de mayo.
Antes de conocerse ese desenlace, la atención de los mercados está puesta en la reunión de política monetaria. Los inversores examinarán con lupa no tanto la decisión sobre los tipos de interés (no se esperan movimientos en el precio del dinero) como el diagnóstico que haga el Comité de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) sobre la evolución de la economía. El conflicto en Oriente Próximo y los riesgos para el suministro energético derivados del cierre del estrecho de Ormuz vuelven a situarse entre las principales amenazas, y ahora con mucho más motivo: la guerra se prolonga desde hace dos meses, y los efectos sobre las cadenas de suministro, la producción petrolera, los precios y la actividad se han multiplicado.
“La Fed mantendrá su política monetaria sin cambios. Las perspectivas de inflación son, sin duda, tan inciertas como lo eran en la reunión de marzo. Si bien las acciones se comportan como si la guerra con Irán hubiera terminado, el tráfico a través del Estrecho continúa gravemente afectado. En consecuencia, la incertidumbre sobre el impacto del conflicto en la inflación subyacente se mantiene elevada”, señalan los analistas de Bank of America. En el primer mes de la guerra, el índice de precios al consumo (IPC) se situó en el 3,3%, su nivel más alto desde abril de 2024. Mientras la tasa general aumentó un 0,9% entre febrero y marzo, la inflación subyacente —que excluye la energía y los alimentos frescos— moderó su avance al 0,2%, hasta situarse en el 2,6% interanual.
“La información de la que disponen los miembros con derecho a voto del comité no permite identificar ningún efecto claro de transmisión del encarecimiento de la energía a los precios subyacentes”, remarca Mabrouk Chetouane, estratega jefe de mercados de Natixis AM. Recuerda, además, que de media suelen transcurrir unos tres meses antes de que subidas en partidas como la energía se trasladen a los costes empresariales y a los salarios. Por ahora, el impacto del conflicto solo se refleja con claridad en las encuestas de confianza de consumidores y empresarios.
A diferencia de la crisis inflacionaria de 2022, cuando la guerra en Ucrania dejó al descubierto los cuellos de botella en las cadenas de suministro y el exceso de demanda derivado del ahorro acumulado durante la pandemia, el escenario actual es distinto. Hasta el inicio del conflicto, los precios se mantenían contenidos y el repunte responde ahora a un shock de oferta que no se ve acompañado de un auge del consumo. Un repunte de los tipos podría traducirse en un empeoramiento de la economía sin que esto provoque un ajuste de los precios.
Lucas Méaic, estratega multiactivos en Indosuez WM, considera que la Reserva Federal está bien posicionada para adoptar una estrategia de espera y observar cuál es el impacto de la guerra. Con una inflación aún contenida y un mercado laboral que ha mostrado cierta mejoría—la tasa de paro se ha estabilizado en el 4,3%—, no descarta que el comunicado del FOMC tenga un tono ligeramente restrictivo.
Aunque los futuros sobre los fondos federales que recoge la herramienta FedWatch de CME no descuentan recortes este año, los analistas siguen esperando al menos una bajada a final de ejercicio, en línea con las proyecciones del comité. “Es probable que Powell se muestre cauto respecto a cambios a corto plazo. El principal riesgo es que adopte un tono abiertamente escéptico sobre nuevas rebajas”, señala Xiao Cui, economista para EE UU de Pictet WM, que no prevé un recorte antes de septiembre o diciembre. En cualquier caso, el consenso descarta una subida de tipos.
Continuidad
Powell volverá a ser preguntado sobre si permanecerá en la institución una vez que expire su presidencia, el próximo 15 de mayo. Su asiento en el consejo de gobernadores, al que pertenece desde 2012, está garantizado hasta el 31 de enero de 2028. El marco legal del banco central así lo establece, aunque la experiencia histórica apunta en sentido contrario: en casi medio siglo, ningún presidente de la Fed ha optado por seguir formando parte de la junta tras abandonar el cargo.
El contexto actual, sin embargo, es distinto. Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, los ataques a Powell han sido constantes y han supuesto un desafío directo a la independencia de la Reserva Federal, incluida la amenaza de destitución por resistirse a recortar los tipos. “Lo más probable es que vuelva a decir que aún no ha tomado una decisión”, señalan los analistas de MFS Investment Management.
Lo que sí parece cada vez más claro es que Kevin Warsh será el próximo presidente de la Reserva Federal. La retirada de los cargos contra Powell por parte del Departamento de Justicia ha allanado el camino para acelerar su confirmación en el Senado, después de que el pasado fin de semana el senador republicano Thom Tillis, miembro del Comité Bancario de la Cámara Alta, anunciara que levantaba el bloqueo que mantenía sobre el nombramiento. Según explicó, la decisión del Departamento de Justicia elimina una amenaza clave para la independencia de la institución. “Con estas garantías, espero con interés apoyar la confirmación de Kevin Warsh”, afirmó Tillis en un comunicado. “Es un candidato excepcional, y ha llegado el momento de que la Fed deje atrás esta distracción y vuelva a centrarse plenamente en su misión”, añadió. El voto Tillis resulta decisivo en el Comité Bancario del Senado, donde los republicanos cuentan con 13 escaños frente a los 11 demócratas. En el pleno, Warsh tiene prácticamente asegurado el voto de la mayoría de 53 republicanos contra 47 demócratas.
Durante su comparecencia la semana pasada, Warsh insistió en que no será un “títere de Trump” y reivindicó su independencia. Crítico con la institución desde que la abandonó en 2011, el economista reclamó en la audiencia de confirmación un “cambio de régimen” en la forma en que la Reserva Federal conduce la política monetaria. “Una Fed liderada por Warsh pondría más énfasis en la estabilidad de precios y el empleo, con menos atención a cuestiones como el riesgo climático o la equidad social”, destaca Sievert.
Con la guerra en Oriente Próximo aún sin un desenlace claro, una inflación que se resiste a desaparecer y el relevo en la cúpula del banco central prácticamente encarrilado, Jerome Powell afronta una reunión que puede ser la última al frente del FOMC. No se esperan grandes movimientos en los tipos, pero sí el cierre de una etapa marcada por la defensa de la independencia de la Fed en uno de los periodos más complejos de la política monetaria reciente.