Ir al contenido
_
_
_
_

Las rentabilidades de las letras del Tesoro alcanzan máximos de 2024 por las expectativas de inflación y tipos más altos

España coloca 6.440 millones en deuda a seis y 12 meses. La demanda de los particulares resurge con fuerza y alcanza los 2.454 millones

Filas en el Banco de España. Europa PressCarlos Luján (Europa Press)

No todos los activos pierden valor. En un contexto en el que los inversores parecen haberse quedado sin refugios seguros, las letras del Tesoro vuelven a ganar atractivo. El aumento de la inflación y la posibilidad de que los bancos centrales mantengan o endurezcan su política monetaria están teniendo como efecto un repunte de las rentabilidades, especialmente en la deuda a corto plazo, la más seguida por el pequeño ahorrador.

El Tesoro ha arrancado el mes de abril con una emisión de 6.439,26 millones de euros en letras a seis y 12 meses. Los rendimientos han registrado un avance significativo: el interés de las letras a un año alcanza niveles máximos desde septiembre de 2024, mientras que el de seis meses se sitúa en cotas similares a las de enero de 2025.

Pese a este incremento, la rentabilidad de estas emisiones continúa por debajo de la inflación. En marzo, el primer mes de guerra, el índice de precios de consumo se situó en el 3,3%, por encima del 2,39% ofrecido por las letras a seis meses y del 2,64% correspondiente a las de 12 meses, lo que mantiene el rendimiento real en terreno negativo. Este hecho, sin embargo, no parece estar disuadiendo a los inversores. La demanda conjunta ha alcanzado los 8.655 millones de euros y, de ese total, el 28,35% (2.454 millones) correspondió a los ahorradores, lo que confirma el renovado interés del inversor minorista por la deuda pública a corto plazo.

El grueso de la emisión, unos 4.388,69 millones de euros, ha correspondido a las letras a 12 meses. El interés marginal dio un salto relevante, al pasar del 2,137% al 2,64%, nivel que no se registraba desde septiembre de 2024, cuando los tipos de interés oficiales rondaban el 3,5%, muy por encima del 2% actual. Este mayor atractivo se ha reflejado también en la demanda. Las peticiones no competitivas —que corresponden mayoritariamente a inversores minoristas— superaron los 1.434 millones de euros, prácticamente sin cambios respecto a los 1.439 millones de la subasta de marzo y en niveles récord. Superan incluso los niveles registrados en los primeros meses de 2024, antes de que el BCE iniciara el ciclo de rebaja de tipos.

Los 2.050,56 millones de euros restantes han correspondido a las letras a seis meses. Aunque sus rendimientos también han repuntado, lo han hecho de manera más contenida, al pasar del 2,07% al 2,39%, niveles similares a los de enero de 2025. La demanda de los particulares ha vuelto a superar los 1.000 millones de euros —hasta los 1.020 millones— por primera vez desde el pasado diciembre.

Desde el inicio de la guerra en Oriente Próximo, la volatilidad y la falta de certezas se han convertido en la seña de identidad de los mercados financieros. Los inversores se mueven al compás de la evolución de los precios del crudo y de las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En un entorno en el que incluso activos tradicionalmente considerados refugios, como el oro, han perdido parte de su función protectora, las alternativas para esquivar las caídas son cada vez más limitadas. Con la vista puesta en el ultimátum lanzado por Trump a Teherán, los mercados contienen el aliento.

Incluso en el mejor de los escenarios —entendido como un final del conflicto y la recuperación plena de la actividad en el estrecho de Ormuz—, el consenso de los analistas coincide en que retornar a los precios energéticos previos al estallido de la guerra llevará tiempo. En las últimas semanas, varias infraestructuras energéticas han resultado dañadas, lo que prolonga las tensiones sobre la oferta.

Mientras persista el encarecimiento del crudo y del gas, las presiones inflacionistas seguirán al alza. Aunque desde el inicio del conflicto parte del mercado ha comenzado a posicionarse a favor de nuevas subidas de los tipos de interés, numerosos expertos advierten de que este planteamiento parte de un diagnóstico erróneo. La distorsión actual no responde a un exceso de demanda, sino a problemas de oferta, por lo que un mayor endurecimiento monetario podría terminar penalizando el crecimiento económico.

Pese a ello, aunque las esperanzas de un alto el fuego y los temores a un enfriamiento de la economía han llevado a los inversores a descartar una subida de tipos en la reunión de abril, el mercado sigue asignando una alta probabilidad a un incremento en junio. Los operadores conceden ahora una probabilidad del 85% a una subida de las tasas por parte del BCE ese mes. Este escenario contrasta con las previsiones previas al inicio del conflicto, cuando el consenso contemplaba 2026 como un ejercicio de transición para la política monetaria europea.

Estas expectativas de tipos más elevados actúan, a su vez, como un aliciente para los inversores minoristas. Si el conflicto se prolonga y las tensiones inflacionistas persisten, el mercado anticipa que esta presión acabará trasladándose a mayores rendimientos en la deuda.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Buscar bolsas y mercados

_
_