Las Bolsas fuerzan la remontada mientras el petróleo se mantiene clavado por encima de los 100 dólares
El Ibex 35 logra avanzar un leve 0,1%. Los analistas reconocen que cualquier señal de acercamiento basta para espantar los peores augurios

Interpretar la secuencia de acontecimientos se ha vuelto un ejercicio crecientemente incierto. Los inversores examinan con lupa cada declaración en busca de alguna señal, y aunque las palabras del presidente estadounidense, Donald Trump —acostumbrado a mensajes cambiantes y a anuncios que a menudo no se traducen en hechos sobre el terreno— se reciben con la cautela habitual, los mercados se aferran a cualquier indicio de distensión. “Seguimos esperando que el riesgo de un mayor aumento en los precios energéticos mantenga la presión sobre todas las partes para continuar con la desescalada”, reconocen los analistas de MUFG.
Ante la ausencia de señales claras de distensión, las plazas financieras dependen casi por completo del goteo informativo y de la evolución de los precios energéticos. Si el lunes Teherán negaba con rotundidad la existencia de contactos con Washington, este martes una fuente iraní admitía a la CNN que el país está dispuesto a escuchar propuestas “sostenibles” para poner fin a la guerra. Esa contradicción resume el clima de incertidumbre que domina la escena internacional.
El barril de brent, que a comienzos de semana volvió a rozar la temida barrera de los 120 dólares, muestra este martes una mayor estabilidad, aunque se mantiene holgadamente por encima de los 100 dólares. Recuperar los niveles previos al estallido del conflicto llevará tiempo y dependerá, en gran medida, de que el tablero político no registre nuevos sobresaltos y de que el estrecho de Ormuz recupere la actividad. De momento, esa tregua informativa permite a los inversores respirar algo más aliviados, aunque la volatilidad seguirá siendo la tónica dominante.
El errático comportamiento del Ibex 35 es una muestra más del desconcierto que impera en los mercados. El selectivo, que durante la sesión llegó a ceder más de un 1%, terminó el día con un avance meramente testimonial del 0,13%, reflejo de un escenario en el que cualquier gesto o matiz puede cambiar de inmediato el pulso de la jornada.
Al margen de las tensiones políticas, los inversores han dejado espacio para los movimientos corporativos, y Puig e Indra encarnan bien esa dinámica. Un día después de que la firma de cosmética confirmara que mantiene conversaciones con Estée Lauder para una posible fusión, las acciones de Puig se han disparado un 12,97%. La subida, sin embargo, no basta para acercar el valor a los 24,5 euros por acción con los que debutó en Bolsa en 2024, un listón que sigue quedando lejos. También Indra acapara focos a las puertas de la celebración de su consejo. La compañía retrocede un 4,19%, un descenso que se amplía a más del 18% desde que la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) trasladara su preocupación por el posible conflicto de intereses que entraña la adquisición de una empresa vinculada al propio presidente del grupo.
Más éxito que el índice español han tenido el resto de Bolsas europeas. El FTSE británico ha avanzado un 0,7%; el Cac francés, un 0,23%; el Euro Stoxx 50, un 0,2% mientras el Dax alemán ha finalizado en tablas. En un contexto en el que anticipar los movimientos en el golfo Pérsico entraña riesgos evidentes, los inversores prefieren no exponerse en exceso y optan por mantener un perfil defensivo. La estrategia de aprovechar las recientes correcciones para tomar posiciones a precios más atractivos —habitual en episodios de volatilidad— no parece, por ahora, formar parte del guion. La prudencia se impone ante un escenario en el que cualquier giro geopolítico puede alterar en cuestión de minutos el pulso de los mercados.
Wall Street tampoco ha ofrecido una dirección clara. Después de varios intentos coqueteando con las ganancias, los índices estadounidenses han finalizado la sesión con caídas que van desde el 0,18% del Dow Jones al 0,84% del Nasdaq. Los analistas de Renta 4 admiten que hablar de un alto el fuego sigue siendo inviable, pero recuerdan que incluso el simple rumor de un acercamiento diplomático “lleva a un punto que permite visualizar una resolución al mismo, sin estar este ni mucho menos asegurado”.
Para que los mercados recuperen algo de estabilidad, el consenso coincide en que cualquier avance negociador debe incluir necesariamente la reapertura del estrecho de Ormuz, un elemento clave para garantizar el flujo energético y reducir la presión que pesa sobre los inversores desde el estallido de la crisis.
Desde que la semana pasada EE UU e Israel redoblaran la presión con el ataque a los yacimientos de gas, las infraestructuras energéticas se han convertido en la gran preocupación. Según las informaciones adelantadas por el diario Wall Street Journal varios países del Golfo Pérsico podrían unirse a la coalición contra Teherán a raíz de los ataques iraníes contra su industria petrolera. “La situación subyacente sigue siendo increíblemente frágil o inflamable”, señala el analista de mercado de IG, Tony Sycamore. “No parece que todas las partes estén en la misma página... Trump puede hablar todo lo que quiera, pero el estrecho (de Ormuz) está cerrado y permanecerá cerrado hasta que todos los iraníes se pongan de acuerdo, y ahí es donde tenemos un problema”, añadió.
En esa misma línea se pronuncian los analistas de JP Morgan, para quienes la mayor incógnita es la duración del conflicto. “El fin de las hostilidades no implicaría necesariamente que el Estrecho se reabra por completo al comercio normal. Como resultado, la duración del conflicto —y, por tanto, la persistencia de las pérdidas de suministro— no puede preverse con precisión”, advierten.
Cuanto más se prolongue el conflicto y los precios energéticos permanezcan elevados, mayor será el riesgo de estanflación —un escenario de bajo crecimiento y alta inflación—. Para Enguerrand Artaz, gestor de fondos de La Financière de l’Échiquier, este riesgo aún es prematuro, pero refleja el temor creciente a un deterioro de las condiciones macroeconómicas. A la espera de cómo evolucionen los acontecimientos, el analista considera que, por el momento, la inacción de los bancos centrales es la respuesta más adecuada. Un contexto de precios al alza limitaría su margen para profundizar en el ciclo de bajadas de tipos.
Desde el inicio de la guerra, las rentabilidades de la deuda han acusado la tensión; aunque sin noticias claras sobre el terreno, el castigo es más moderado que en sesiones previas. El bono español a diez años avanza cinco puntos básicos, hasta el 3,5%, mientras que la referencia alemana se mantiene anclada en el 3%.
El único activo que logra salir indemne de la guerra es el dólar. En las cuatro semanas transcurridas desde el inicio de los ataques, el billete verde se anota cerca de un 2% frente al euro y se mueve en torno a las 1,158 unidades. Los analistas de ING creen que esta tendencia se mantendrá mientras no aparezcan señales positivas provenientes de Teherán y no solo de Washington sobre un posible avance diplomático. Más allá del refugio ocasional que ofrece la divisa estadounidense, el mercado sigue orbitando alrededor de un único factor: la incertidumbre. Hasta que no se produzcan avances tangibles en el terreno diplomático, en particular en lo referente al Estrecho, cualquier atisbo de calma seguirá siendo frágil y provisional.
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