¿Es momento de comprar? ¿Por qué el castigo a Europa? Las claves de la Bolsa ante el conflicto
Barclays cree que el Stoxx 600 podría llegar a caer más del 10% si el barril de Brent llega a 100 dólares. El mercado europeo, más castigado que Wall Street
El endurecimiento de la ofensiva en Oriente Próximo está despertando los peores presagios entre los inversores, ecos de crisis energéticas pasadas. El bloqueo de rutas comerciales e infraestructuras energéticas ante los ataques de Irán en respuesta a los bombardeos de EE UU han acelerado las subidas del precio de materias primas como el petróleo y el gas natural y lastrado a la renta variable, situación que en todo caso se ha revertido parcialmente este miércoles. “Si el petróleo llega a 100 dólares, el Stoxx 600 podría caer hasta aproximadamente los 550 puntos”, apunta el equipo de estrategia de renta variable de Barclays dirigido por Emmanuel Cau. Supondría una corrección del 10,3% desde los niveles actuales. Un escenario así se puede contemplar si el conflicto se alarga, derivando en una escalada de la inflación que lastre el crecimiento económico global.
¿Hay pánico vendedor en el mercado?
Los estrategas de los bancos de inversión esperan, por lo general, un conflicto de varias semanas, pero advierten de que si el enfrentamiento entre Washington y Teherán se agrava (en plazos e intensidad), el mundo se podría ir hacia una fase de elevada inflación acompañada por un crecimiento económico reducido o nulo. Un escenario que sigue sin ser el principal para los bancos de inversión, pero que va ganando posiciones en el sentimiento del inversor conforme suben gas y petróleo y se aceleran las caídas en los activos de riesgo. “El mercado parece estar en transición mental de una guerra corta a una guerra larga”, advierte Peter Schaffrik, estratega macroeconómico global de RBC Capital Markets.
Tampoco ayuda al ánimo de los inversores que el presidente de Estados Unidos Donald Trump recurriera a la expresión “haré lo que sea necesario” (whatever it takes, en inglés) para hablar del conflicto con Irán. Un lema, que en Barclays interpretan que implicará que “las cosas podrían empeorar antes de mejorar”.
Con todo, los bancos de inversión mantienen una perspectiva positiva para 2026 e insisten en que su escenario principal pasa por un conflicto de corta duración. “Salvo una gran interrupción económica, la volatilidad derivada de los acontecimientos geopolíticos suele ser de corta duración”, comentan los estrategas de JP Morgan Banca Privada. En esta misma línea, Max Layton, responsable global de investigación de materias primas en Citi, apunta que su “escenario base, aunque es difícil de prever, indica más subidas de precios en el corto plazo”. El banco estiman que si se logra reducir el “petróleo en riesgo”, aquel incapaz de salir de los países productores de Oriente Próximo, algo que debería ocurrir en una o dos semanas según su escenario base, el precio del Brent caería a unos 70 dólares por barril en el segundo trimestre.
¿Cuáles son los elementos críticos?
En este aspecto, el consenso es casi absoluto: los focos de atención son el tiempo que dure el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde se exporta el 20% del petróleo y el gas del mundo, y el daño a la industria petrolera que pueda comprometer la recuperación del mercado. “Hasta el momento, no se han producido daños significativos en la infraestructura de petróleo y gas de la región”, explica Norbert Rücker, director de análisis de Julius Baer. “Pero el bloqueo del estrecho de Ormuz trae consigo una nueva dinámica: sin espacio de almacenamiento, los yacimientos petrolíferos y las refinerías se verán obligados a reducir su producción. Estas noticias probablemente acentuarán la preocupación por el suministro, agravando aún más la crisis energética a muy corto plazo”.
¿Por qué la Bolsa Europa cae más que la de EE UU?
El temor a que el conflicto de Oriente Próximo acabe repercutiendo en la economía se está acelerando. Si la escalada de los precios energéticos se extiende en el tiempo, tendrá impacto en la inflación y ralentizará el crecimiento, una dinámica que es más aguda en Europa que en Estados Unidos. La primera economía del mundo es, también, el primer productor de petróleo y un exportador neto. “Por regiones, el Reino Unido y Estados Unidos tienden a resistir mejor, mientras que Japón y Europa continental son más vulnerables por su dependencia de las importaciones energéticas”, explica Beata Manthey, la estratega jefe de renta variable europea de Citi.
Así, la corrección de estos días se está centrando en mayor medida en las Bolsas europeas y asiáticas, que además mostraban un mejor comportamiento en el año. El repunte de la inflación por los mayores costes energéticos puede impactar en la hoja de ruta del Banco Central Europeo. Los estrategas de ING recuerdan que el conflicto entre Oriente Próximo ha detonado en un momento en el que los inversores contaban “con importantes posiciones sobreponderadas en Europa y los mercados emergentes, tanto en divisas como en renta variable”. Algo que, en su opinión, hace susceptibles a ambos bloques a una mayor desinversión si los precios de la energía se mantienen altos.
¿Están más expuestas las cotizadas europeas o españolas?
No. Según datos de Facset recopilados por Citi, un 3% de los ingresos de las empresas incluidas en el MSCI Europe están ligados a Oriente Próximo. Porcentaje similar al de las cotizadas estadounidenses pero ligeramente superior al de las asiáticas. Entre los sectores europeos más afectados por una cronificación de los ataques en el golfo Pérsico están la industria aeroespacial y defensa, los bienes de lujo y los productos químicos.
Por otro lado, las cotizaciones no han dado verosimilitud a las amenazas de Donald Trump sobre España, al menos de momento: el Ibex evoluciona en línea con el resto del mercado europeo, y está más condicionado por su composición sectorial que por el pasaporte de sus empresas. Entre las empresas del Stoxx 600 con un mayor exposición a Oriente Próximo están varios valores españoles: BBVA, Puig y Amadeus. Citi los incluye en un listado en el que hay compañías con más de un 8% de sus ingresos dependientes de esta región. En el caso de la entidad presidida por Carlos Torres, su facturación ligada a la zona alcanza el 13,9%, lejos del 42,6% que implica para la ingeniería italiana Saipem. El porcentaje baja al 11,6% en el caso de Puig y es del 9,9% para Amadeus.
¿Qué recomiendan los analistas?
Unanimidad: mantener la calma. “No hay necesidad de asumir riesgos heroicos, pero los inversores deben equilibrar riesgos a corto plazo con oportunidades a mediano plazo”, resumen los expertos de Barclays. En la misma línea, Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l´Échiquier (LFDE) defiende la necesidad de “evitar cualquier sobrerreacción negativa ante estos acontecimientos”.
Los expertos repiten casi como un mantra que las caídas pueden ser una oportunidad para reforzar posiciones en empresas de calidad a buen precio, aunque con un elevado riesgo. “Con el miedo (y el petróleo) dominando, es posible ver más caídas, aunque los retrocesos impulsados por geopolítica suelen ser buenas oportunidades de compra para los valientes, mientras que la dislocación por IA y los temores crediticios parecen exagerados respecto a los fundamentos. No hay necesidad de asumir riesgos heroicos, pero los inversores deben equilibrar riesgos a corto plazo con oportunidades a medio plazo, resumen en Barclays.
¿Qué dice la hemeroteca?
El equipo de Estrategias de Inversión de BNP Paribas Wealth Management apunta que “históricamente, este tipo de episodios no ha logrado descarrilar la economía, resultando en correcciones temporales del mercado. Al analizar todos los principales eventos geopolíticos relacionados con el petróleo y Oriente Próximo desde 1990, encontramos que el S&P 500 perdió solo un 5 % en promedio y que al mercado le tomó menos de 41 días recuperar esas pérdidas”. JP Morgan Banca Privada calcula que, en los últimos 50 años, los cambios de régimen de un país productor de petróleo han provocado subidas medias del 30%. En el caso de la Revolución Iraní, que tuvo lugar entre 1978 y 1979, los precios del crudo se duplicaron, lo que desencadenó una recesión global.
Madison Faller y Erik Wytenus, responsables de estrategia de inversión de JP Morgan Banca Privada, calculan que un shock similar al de entonces provocaría un aumento del 0,8% en la inflación de EE UU este año y un freno en igual porcentaje para el PIB. “Tal movimiento probablemente provocaría una venta masiva en los mercados bursátiles globales, similar a las caídas que se vieron durante la Guerra del Golfo y la invasión rusa de Ucrania”, destacan.