Sin perito legal no hay caso: la falta de expertos médicos tensiona los pleitos sanitarios
La escasez de profesionales puede debilitar reclamaciones y dificulta su recorrido en los tribunales; los retrasos de la justicia también complican el peritaje

En los pleitos sanitarios tener razón no basta si nadie puede demostrarla ante un juez. Ese es el papel del perito judicial: analizar los hechos, revisar la documentación clínica y explicar al juez, de forma clara, qué ocurrió desde el punto de vista médico. El problema es que esos perfiles escasean. Cada vez cuesta más encontrar médicos especializados, disponibles y preparados para intervenir en un procedimiento. Una escasez que está tensionando la litigación sanitaria y condicionando la viabilidad de muchos procedimientos. Sin un informe sólido, muchos asuntos llegan debilitados o directamente no llegan.
“La escasez se explica, ante todo, por una transformación muy profunda de la propia medicina”, sostiene Juan Carlos Prados-Frutos, director médico de La Pericial. A su juicio, la medicina se ha vuelto “mucho más técnica, fragmentada y especializada, hasta el punto de que en muchos casos ya no basta con un especialista general”. Para el experto, en muchos procedimientos se necesita un subespecialista muy concreto para determinados tipos de periciales.
Esa evolución, no obstante, ha estrechado el mercado. “El universo de profesionales aptos para valorar un caso concreto se reduce muchísimo”, apunta Prados-Frutos. El dilema, añade, es que la medicina legal ya no es para cualquiera. Y ese es uno de los principales problemas del sector. “Un buen clínico no es necesariamente un buen perito”, reconoce. “Hay que saber leer una historia clínica con mirada jurídica, detectar qué elementos son relevantes en un procedimiento y separar lo que tiene valor técnico de lo que de verdad tiene trascendencia legal. Esa especialización no solo médica, sino también pericial, es parte de la escasez”, añade.
El aumento de la demanda por parte de los clientes también es un factor que agrava el problema. “Hay más reclamaciones, más conciencia de los derechos del paciente y más necesidad de informes periciales para sostener o defender un caso”, subraya Ignacio Montoro, socio de Summons Abogados. La consecuencia es evidente. “Se necesita más gente preparada, pero la oferta de peritos realmente capacitados no aumenta al mismo ritmo”, sostiene.
Del hospital al juzgado
Para muchos médicos, además, el peritaje no es un escaparate especialmente atractivo. “No todo el mundo quiere entrar en ese terreno, porque implica responsabilidad, exposición, posibles fricciones con colegas y una carga emocional y profesional importante”, apostilla Prados-Frutos. “Aunque haya muchos médicos excelentes, no todos quieren o pueden asumir el papel de perito”.
La razón es que no es lo mismo ser médico que ser perito. “Una cosa es tratar pacientes, operar, diagnosticar o tomar decisiones clínicas y otra muy distinta es exponer un criterio técnico frente a un abogado, un juez o un fiscal. La pericia requiere un tipo de práctica que no forma parte del día a día de la mayoría de los médicos”, apunta Montoro. La disponibilidad del profesional también es un factor determinante. “Tienen agendas muy cargadas, poco margen para formarse en profundidad y escaso tiempo para asumir encargos periciales con la dedicación que necesitan”, subraya. Todo eso hace que, incluso cuando hay perfiles válidos, no siempre estén disponibles para asumir el trabajo.
Las barreras para dedicarse a la pericia son varias. Alejandra Carbonell, perito cardióloga de La Pericial, destaca en primer lugar la formación específica. “No basta con ser un buen médico ni con conocer bien una especialidad”, afirma. Para ejercer como perito, “hay que aprender también cómo se trabaja en sala, cómo se estructura un informe, cómo se responde a las preguntas del abogado contrario y cómo se traduce una cuestión médica compleja a un lenguaje comprensible”, añade.
La experiencia práctica también marca diferencias. “Una cosa es haber hecho cursos o haberse formado, y otra muy distinta es haber estado realmente en un juicio, haber vivido la tensión de una vista y haber sabido defender el criterio con claridad”, señala Carbonell. Esa destreza en sala es fundamental, y no todos los especialistas la tienen. “Muchas veces es lo que marca la diferencia entre un perito correcto y un perito realmente útil”, remarca.
A ello se suma la falta de tiempo. La pericia exige estudio documental, preparación y una lectura completa del caso, algo difícil de compatibilizar para muchos especialistas con actividad asistencial. “No es solo sentarse a leer un caso; hay que estudiar bien la documentación, entender el contexto, valorar el encaje jurídico y sostener todo eso ante terceros”, opina Carbonell. Con agendas tan cargadas, afirma, muchos médicos no tienen margen para asumir estos encargos con la profundidad que requiere.
Clientes en desventaja
La escasez de expertos juega en contra de los clientes. “Un caso sin perito es un caso muy debilitado”, expresa Adrián Carriedo, socio director de Carriedo Legal. “En muchísimos procedimientos es la pieza que permite transformar una sospecha médica en una reclamación jurídicamente defendible”, comenta. Este factor, además, genera desigualdades. “Hay partes que cuentan con aseguradoras, estructuras potentes, medios económicos y acceso más fácil a especialistas. Pero el paciente o el cliente individual muchas veces depende de sus propios recursos, y eso hace que la diferencia entre una parte y otra sea enorme”.
Esa brecha tiene consecuencias muy concretas. “A veces hay casos que son buenos, que realmente tienen base, pero que se pierden por falta de una pericial adecuada. No porque no exista un problema, sino porque no se logró encontrar a la persona correcta a tiempo”, explica Carriedo. En la práctica, cuenta, “puede dejar al cliente sin indemnización, sin reconocimiento y sin una respuesta justa”.
Los retrasos judiciales son otro factor clave. “Cuando un procedimiento se alarga demasiado, el perito tiene que trabajar con hechos muy antiguos, con documentación que quizá ya no refleja el estado actual del paciente”, dice Prados-Frutos. Una circunstancia que también complica la defensa del informe. “Para el cliente es muy frustrante que un asunto que afecta a su salud, a su vida, a su familia o a su economía quede bloqueado durante tanto tiempo”, señala Carriedo. “Desde el punto de vista pericial, eso significa que la prueba llega tarde y, a veces, con menos fuerza de la que tendría en un momento más cercano a los hechos”, concluye.