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En colaboración conLa Ley
Inteligencia artificial
Tribuna

El peligro de confiar un peritaje económico a la IA: sesgos, alucinaciones y complacencia

La inteligencia artificial tropieza con barreras estructurales e insalvables, como el contexto procesal o las alucinaciones

getty images

Los avances de la inteligencia artificial (IA) siguen siendo espectaculares. La IA ya no es un simple asistente conversacional, sino que se ha convertido en un sistema operativo bastante autónomo que se ha ido dotando de una arquitectura de agentes/especialistas prácticos. Por ello, podría decirse que el uso de la IA en manos de un perito económico-financiero podría llegar a equipararse con la utilización de dinamita en un proyecto de ingeniería civil. Es una herramienta con una potencia descomunal, capaz de ejecutar en segundos tareas mecánicas de demolición que antes exigían las horas de varios recursos destinados a “picar piedra”.

La IA nos permite procesar cientos de asientos contables, identificar red flags o señales de alerta, extraer patrones de bases de datos masivas o incluso estructurar ciertas conclusiones preliminares. Por tanto, la eficiencia de su uso durante el desarrollo del trabajo es innegable. Pero, ¿qué ocurre si usamos esa IA sin los controles adecuados? La respuesta es la misma que si utilizamos dinamita sin contar con el criterio del ingeniero. La dinamita por sí sola no decide dónde se abre el túnel, ni evalúa la estabilidad de la montaña.

En el caso de un perito económico-financiero, delegar la redacción final del informe o el análisis crítico de los distintos procedimientos en la IA puede activar un explosivo en los cimientos de su propia credibilidad como perito. El examen final para todo perito sigue siendo la ratificación, y ahí, permítanme el spoiler, el perito no podrá refinar ningún prompt ni tendrá segundas oportunidades. El perito se enfrentará, a cuerpo descubierto, al interrogatorio cruzado de los letrados de las partes y a las preguntas, más o menos punzantes según el caso, del juez/árbitro.

Será en la ratificación en sede judicial o arbitral donde bastará un contrainforme pericial o las inteligentes preguntas del abogado de la contraparte para que se accione la chispa. Si la narrativa del informe pericial contiene alguna alucinación de nuestra querida IA o una conclusión incoherente que el perito, lamentablemente, no revisó a fondo, todo saltará por los aires.

Por tanto, si bien la IA puede ser un buen combustible para dinamizar y agilizar ciertas tareas del trabajo, sin el detonador del juicio humano y la revisión crítica de cada frase, lo único que acabará dinamitando el perito será su reputación profesional y la utilidad de su trabajo en el proceso judicial/arbitral en el que se encuentra inmerso su cliente. A pesar de los avances, en el ecosistema del peritaje económico-financiero la IA todavía tropieza con barreras estructurales e insalvables: su ceguera ante el contexto procesal y la estrategia del litigio, su riesgo crítico de alucinación y su total incompatibilidad con el escepticismo profesional.

Para comprobarlo, invito al lector a hacer la prueba: nutra a un modelo de IA con estados financieros manipulados o con un libro mayor deliberadamente descuadrado. El sistema, con una velocidad pasmosa, estructurará un informe formalmente impecable, con gráficos limpios y hasta una prosa demasiado persuasiva.

Sin embargo, su primera conclusión será errónea porque el algoritmo ha operado bajo un principio de complacencia, asumiendo por defecto que los datos de entrada son ciertos. La IA, por ahora, sigue careciendo del “instinto” técnico suficiente para detectar anomalías transaccionales, indicios de fraude o estrategias complejas de ocultación de activos.

Por suerte, mientras que la máquina se limita a describir de forma automatizada lo que los números muestran, nuestro ojo humano entrenado tras muchos años de experiencia forense busca precisamente lo contrario, lograr identificar lo que los números ocultan deliberadamente.

Nuestra mirada crítica sigue siendo la que aporta valor a nuestros clientes, porque mientras que la IA genera un importante volumen de páginas, el perito económico-financiero humano sigue siendo el que prepara conclusiones clave que evitan contingencias millonarias, permiten reclamar importantes daños y perjuicios y evidencian apropiaciones indebidas y fraudes/manipulaciones contables.

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