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¿Registrar tu marca como dominio web? Vuelve el “.brand” para poner coto al fraude digital

El próximo 30 de abril se abre el plazo para solicitar nuevas extensiones digitales; empresas como Seat, Zara, Amazon o Apple ya cuentan con ese blindaje

Sompong Lekhawattana (Getty Images/iStockphoto)

El próximo 30 de abril surge una oportunidad que apenas aparece una vez cada década. La Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICANN, por sus siglas en inglés) abre el plazo para solicitar nuevas extensiones en internet —la última fue en 2012— y vuelve a poner sobre la mesa una de las decisiones más ambiciosas para una marca: convertirse en su propio dominio. Es decir, utilizar el nombre de la compañía como extensión en lugar de depender del clásico “.com”. El plazo para presentar solicitudes estará abierto hasta el 12 de agosto, lo que permitirá a las empresas blindar su presencia en la red, siguiendo el camino de compañías como Seat, Zara, Amazon o Apple.

No es casualidad que el dominio digital vuelva a cobrar protagonismo en 2026. Según afirma la ICANN a este medio, el incremento de estafas y fraudes en internet —especialmente el cybersquatting, que consiste en apropiarse del dominio de una marca ajena— hace especialmente oportuno este movimiento. En España, esta tendencia es evidente. El último balance del Instituto Nacional de Ciberseguridad refleja que en 2025 se gestionaron 122.223 incidentes de ciberseguridad, un 26% más que el año anterior. El phishing fue uno de los más frecuentes, con 25.133 casos, mientras que el fraude online concentra cuatro de cada diez incidentes.

Con ese telón de fondo, ICANN sostiene que los dominios .brand pueden funcionar como una huella de identidad en la red, especialmente en sectores donde la confianza es un activo vital. “Permite a una marca crear una etiqueta en internet que sea exclusiva, descriptiva y fácil de recordar, especialmente útil para determinados países o mercados de nicho”, apunta la entidad. La idea, explican, es reforzar la confianza en un entorno donde las trampas no paran de crecer. “Es particularmente valioso, porque muchas veces los usuarios no tienen claro si pueden fiarse de una fuente en internet”.

El dominio digital también tiene implicaciones en el terreno jurídico. En propiedad industrial, por ejemplo, la adopción de un .brand introduce un cambio de paradigma. “Ya no se trata solo de reaccionar cuando hay un problema, sino de gestionar activamente la marca en el entorno digital, ayudando a consolidarla como un activo estratégico relevante”, subraya Rocío Peris, directora de desarrollo de negocio de Pons IP. Y esa diferencia se traduce en más control. “La empresa pasa de defender su marca caso por caso a controlar directamente su uso online, reduciendo posibles riesgos de confusión, suplantaciones, fraudes y usos indebidos del nombre”.

¿Marca o dominio?

Registrar una marca te da un derecho exclusivo sobre un nombre o signo, pero no significa que puedas usarlo como dirección en internet. Para tener un dominio, primero tiene que estar disponible dentro de una extensión, que suelen estar gestionadas por terceros. “Por ejemplo, los dominios .es (extensión geográfica de España) están administrados por Red.es, una entidad pública adscrita al Ministerio para la Transformación Digital”, explica Patricia Guillén, asociada senior de Baylos Abion. Frente a ese modelo, el .brand permite a la empresa controlar qué direcciones se crean bajo ella. “Podrá crear un entorno cerrado y seguro en el que cualquier dominio bajo su extensión será, por definición, auténtico”.

Un .brand no obliga a abandonar las terminaciones .com o .net. “Se trata de extensiones perfectamente compatibles”, señala José Ignacio San Martín, socio asociado del área de marcas en Elzaburu. Ahora bien, frente a los espacios abiertos, una terminación personalizada “ofrece la posibilidad de controlar todos los dominios que se creen bajo esa terminación (como los subdominios “producto.marca” o “campaña.marca”) y eliminar cualquier posible riesgo de registro por terceros”, afirma.

En caso de ser víctima de cibersquatting, en la práctica, recuperar el control del nombre puede convertirse en un proceso judicial largo. “Puede oscilar entre semanas y varios meses, según el caso”, afirma Rocío Peris. Con un .brand, sin embargo, el enfoque cambia de raíz porque la extensión funciona como un entorno cerrado bajo control del titular. “El riesgo se reduce drásticamente, al no existir registros de terceros”.

Esa capa adicional de control, añade Ángel Pedrero, director de asesoría jurídica y marcas nacional de Ungria, tiene además un efecto comercial. “Hay muchas más posibilidades de que tanto los clientes como los usuarios menos habituales interactúen, compren y regresen a webs que reconocen como oficiales o legítimas”, apunta.

Barreras

Solicitar un dominio no es nada fácil. Los expertos coinciden en que el proceso es técnico y complejo y, en la práctica, actúa como barrera de entrada. Según la guía oficial de ICANN, solo pueden optar entidades cuyo nombre solicitado esté respaldado por una marca registrada verificable. El uso estará reservado al titular de la marca, filiales o licenciatarios y sin posibilidad de apertura a terceros. La solicitud debe presentarse de forma electrónica y contar con un proveedor técnico autorizado. El solicitante debe acreditar buena fe (intención real de operar el .brand) y el término no puede ser genérico ni describir una categoría de productos o servicios, sino estar claramente vinculado a una marca concreta.

Otra de las barreras es su alto coste. “Unos 220.000 dólares de entrada y un mantenimiento anual previsto de 25.000 dólares”, cifra San Martín. Ese desembolso, añade, hace que en la práctica el .brand tienda a quedarse en manos de compañías con músculo. Especialmente, apunta Patricia Guillén, “entre grandes empresas y sectores expuestos a riesgo reputacional o fraude, como el financiero o retail”. No obstante, el tamaño no lo es todo. Como apunta Rocío Peris, “también será una opción en sectores regulados y en casos de marcas con exposición elevada en el mundo online, no dependiendo de la dimensión de la empresa sino de su modelo de negocio”.

De cara al futuro, el papel de estos dominios apunta a reforzarse. En un entorno marcado por el avance de la inteligencia artificial y la expansión de espacios digitales como el metaverso, Ángel Pedrero considera que el .brand “está llamado a desempeñar un papel cada vez más relevante como capa avanzada de identidad, control y confianza”. Eso sí, con matices: “no sustituirán al modelo tradicional, sino que convivirán con él”, concluye.

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