Ir al contenido
_
_
_
_
En colaboración conLa Ley
Mercosur
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

¿Cómo gestionamos Mercosur?

España puede convertirse en el ‘hub comercial’, el puente entre Mercosur y la Unión Europea

El acuerdo UE-Mercosur ya es una realidad tras más de 20 largos años de negociación sin resultado. Es verdad que no ha contado con el consenso de todos los estados miembros y que Francia ha anunciado su intención de lograr una marcha atrás. Difícil.

La ausencia de consenso interno y la contestación del sector primario explican bien que el acuerdo tiene beneficiarios pero claramente también cosecha perdedores. Alemania logra ampliar su mercado de productos industriales a una zona del mundo en plena expansión. La ventaja tecnológica y la eliminación de aranceles suponen un claro respaldo para la industria alemana.

Sin embargo, la situación es mucho más compleja para los países del sur europeo: España, Portugal, Italia, Grecia e incluso Francia. En estos países, el sector primario tiene un peso relevante. Y la competencia en costes salariales de Argentina o Brasil es claramente perjudicial. La presión competitiva sobre los agricultores europeos es evidente. Por eso se han estado manifestando en Bruselas contra el acuerdo en las últimas semanas.

Quizás fruto de estas protestas, el acuerdo incorpora unas salvaguardas que tratan de proteger -siquiera temporalmente- los sectores en riesgo. Para los denominados productos sensibles se prevén límites en las importaciones e incluso la posibilidad de suspender las preferencias arancelarias si se superan determinados umbrales o provocan caídas significativas de precios. Se trata de mecanismos relativamente complejos similares a los aprobados con Marruecos. Y este es el problema: según denuncian asociaciones y sindicatos agrarios y ganaderos estas salvaguardas con Marruecos no han servido para proteger adecuadamente al campo europeo.

Por otra parte, cabe señalar que las exigencias fitosanitarias para la producción europea es la misma que para las importaciones de Mercosur. El problema es que no hay manera de supervisar adecuadamente el cumplimiento de dichas exigencias y que de facto -al igual que ocurre con la producción marroquí- la competencia es desigual no sólo por las diferencias salariales sino por el peso de la hiperregulación europea que no asfixia las producciones extra comunitarias.

Obviamente en este nuevo entorno, la Política Agraria Común no puede permanecer inalterada y ajena. Quizás deba pasar del subsidio al impulso de producciones de alto valor añadido donde sí somos muy competitivos. Tal vez deba enfocarse en la tecnificación, digitalización, creación de marca, protección de las denominaciones de origen y comercialización mundial.

Más allá del potencial impacto negativo sobre el sector primario, el acuerdo con Mercosur mejora la competitividad europea en el Cono Sur frente a la competencia de EEUU o China y nos da estabilidad a largo plazo en un entorno inestable y cambiante. Porque nuestra relación comercial con Estados Unidos está marcada por la imprevisibilidad bajo el liderazgo de Donald Trump; tampoco la relación con la Rusia de Putin es previsible; en cambio, sufrimos una dependencia creciente de China en sectores estratégicos; una dependencia que no deseamos. Por eso, diversificar nuestros socios comerciales no es una opción ideológica sino un imperativo estratégico.

El acuerdo europeo con Mercosur permite ampliar mercados, reducir dependencias excesivas y consolidar la mayor zona de libre comercio basada en reglas, seguridad jurídica y previsibilidad. No sustituye a EEUU o China, pero equilibra el tablero y amplía el margen de maniobra europeo.

El desafío -por tanto- es compaginar la voluntad europea de ser una potencia comercial con instrumentos de protección, ajuste y supervisión que eviten que los beneficios del acuerdo se concentren en unos pocos países y/o sectores mientras que los costes pueden ser desproporcionados para otros sectores y/o países.

España es uno de los países a los que el acuerdo puede perjudicar por el especial peso del sector primario. Sin embargo, nuestra posición en Mercosur es privilegiada por razones históricas, culturales e idiomáticas por lo que deberíamos de aprovechar esta oportunidad histórica y hacer de puente entre la UE y Mercosur. España es miembro observador de la Organización de Estados Americanos. El cruce poblacional es incomparable. Cerca de 1,7 millones de españoles están expatriados en Latam; de ellos, más de medio millón residen en la Argentina.

A la inversa, la cifra de latinoamericanos en España roza los 5 millones de los que casi medio millón son argentinos. A estos datos hay que sumar las dobles nacionalidades y los matrimonios mixtos. La intensidad de la relación humana es evidente y contrasta con un perfil diplomático relativa e inexplicablemente bajo.

Además, España es vista en la región como la ‘madre patria’; es observada como un socio leal y hasta con cariño. Y ese es un patrimonio inmaterial que deberíamos de aprovechar. Aspirar a ser el ‘hub comercial’ entre Mercosur y Europa es posible y convertiría a España en el socio necesario de ambas orillas, en el puente de ambos mercados. Oportunidad histórica. ¿Seremos capaces de aprovecharla?

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
_