Más de una decena de municipios pequeños, desperdigados por el territorio nacional, sobre todo en Andalucía y Cataluña, y algunas ciudades de mediano tamaño, como Córdoba y Albacete, ensayan fórmulas de participación ciudadana directa en la elaboración de los presupuestos. Ciudadanos de a pie que ocupan los puestos de concejales y proponen inversiones al pleno municipal en un ejercicio de democracia participativa. Los presupuestos participativos siguen la experiencia de Porto Alegre, en Brasil. Una ciudad con 1,3 millones de habitantes en la que se llevan invertidos desde 1989 más de 1.000 millones de dólares bajo este modelo. Las próximas elecciones autonómicas y municipales de mayo sirven para que muchos candidatos a alcaldes hayan introducido esta fórmula en sus programas. La idea está calando en grandes ciudades como Madrid.