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AVS, la empresa vasca que ha viajado hasta Marte con la NASA y prevé elevar su facturación a 40 millones

La firma diseña equipos para proyectos científicos complejos como el reactor francés ITER

DVD 13225 FDA (29-06-26) 1005 Miguel Ámgel Carrera CEO de AVS junto a un satélite en el Parque Tecnológico de ÁlavaFERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Cuando terminó de estudiar Ingeniería Industrial, Miguel Ángel Carrera, director general y cofundador de AVS (Added Value Solutions), hizo algo poco habitual para un recién graduado: enviar currículums a la Agencia Espacial Europea (ESA) y algunos de los mayores laboratorios científicos del mundo. “Tenía claro que quería dedicarme a desarrollar la tecnología con la que se hace la ciencia”, recuerda el CEO. Aquel objetivo, que entonces parecía un sueño, acabaría marcando el rumbo de AVS, la empresa que fundó en 2006 junto a Jon Osorio.

Hoy, la compañía diseña tecnología avanzada para algunos de los proyectos científicos más complejos del planeta y trabaja para las organizaciones en las que un día Carrera quiso trabajar. “Hacemos las herramientas necesarias para que los científicos puedan hacer ciencia”, resume. Desde su sede central de Elgoibar (Gipuzkoa), AVS desarrolla equipos que deben operar en condiciones extremas, desde telescopios para observar galaxias hasta aceleradores de partículas para tratar el cáncer. “Tienen que funcionar en ambientes muy complicados, sin fallos”, apunta el director general.

Esta especialización ha impulsado el crecimiento de AVS, que ha cerrado 2025 con una facturación de 26 millones de euros y prevé alcanzar los 40 millones en 2026. La firma emplea a unas 240 personas, ha desarrollado proyectos en 26 países y cuenta con centros de ingeniería e integración en España, Reino Unido y Estados Unidos, además de oficinas en Francia, Madrid, Bilbao, Sevilla y Tenerife.

Carrera atribuye buena parte de ese impulso a una estrategia definida: especializarse en los proyectos más complejos. “Si llegamos a una licitación con 15 empresas, nos hemos equivocado”, cree el CEO. AVS busca contratos en los que apenas compiten dos o tres compañías. “Queremos hacer lo más complicado que tengan nuestros clientes”, afirma. Esta apuesta, que ha exigido años de inversión en infraestructuras y talento, les ha permitido consolidar una posición de referencia internacional.

El viaje de AVS comenzó con una intuición: los fundadores detectaron que el desarrollo tecnológico para la ciencia no respondía a encargos puntuales, sino a un mercado global que apenas empezaba a tomar forma. “Vimos que había una oportunidad de que esto fuera un sector y ahora somos el mayor exponente de España en industria de la ciencia”, dice Carrera. Desde el principio apostaron por tres ámbitos: espacio, fusión nuclear y aceleradores de partículas. “La fusión es el santo grial para obtener energía barata, limpia e ilimitada; los aceleradores son clave para acabar con el cáncer”, aclara el CEO.

Visión de futuro

Los primeros éxitos llegaron con los aceleradores, pero poco después la compañía consolidó sus tres áreas de negocio. “El hito más importante fue empezar a trabajar con la NASA en 2014”, resume Carrera. Aquella colaboración culminó el 18 de febrero de 2021, cuando el vehículo róbotico rover Perseverance aterrizó en Marte con un sensor de viento y un sistema láser desarrollados por AVS para estudiar la superficie del planeta.

La pandemia impidió al equipo viajar a Cabo Cañaveral. “Lo vivimos desde España y con mascarillas. Fue un poco descafeinado”, admite Carrera. Pero la satisfacción fue enorme. “Durante los nueve meses de viaje podía pasar cualquier cosa, pero ver que había funcionado fue una emoción increíble”, expresa.

Desde entonces, AVS ha seguido ampliando sus capacidades. En 2024 lanzó LUR-1, su primer satélite, una apuesta que ha resultado decisiva para abrir una nueva línea de negocio. “Tras su éxito, desarrollamos otros satélites para dar servicio en órbita. Estamos trabajando en la misión CAT junto a la empresa GMV y la ESA para probar la retirada de basura espacial con una mano robótica”, añade Carrera.

En paralelo, la firma participa en algunos de los mayores proyectos científicos del mundo. Entre ellos figura ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor), el reactor experimental de fusión que se construye en Francia y que Carrera define como el “mayor proyecto de la historia de la humanidad”. Además, AVS suministra equipos para centros de investigación como Berkeley, Stanford o Los Álamos. Con cartera de trabajo asegurada “hasta 2029”, el desafío ya no pasa por conseguir nuevos contratos, sino por “gestionar el crecimiento”, según el CEO de AVS.

La ciencia crea industria en España

  • Sector al alza. La industria de la ciencia reúne a las empresas que diseñan y fabrican equipos para grandes infraestructuras de investigación, como aceleradores de partículas, reactores de fusión, telescopios o misiones espaciales. Es un sector intensivo en I+D y con una fuerte vocación exportadora que genera en España entre 650 y 800 millones de euros anuales. Para Miguel Ángel Carrera, CEO de AVS, una de sus singularidades es que aborda proyectos que “el cliente nunca ha comprado y nunca se han hecho”, ya que cada contrato exige soluciones inéditas.
  • Proyectos nacionales. Durante años, más del 70% de la actividad de AVS procedió de mercados internacionales. Sin embargo, el desarrollo de grandes infraestructuras científicas en España está impulsando el sector. La empresa participa en el acelerador IFMIF-DONES de Granada, desarrolla un acelerador de hadronterapia (técnica de radioterapia oncológica) en Valencia y ha suministrado tecnología para un telescopio en Tenerife capaz de buscar vida en otros planetas y para el Centro de Láseres Pulsados de Salamanca. “Hemos entregado la tecnología científica más importante que hay en España”, destaca Carrera.
  • Diversificación. La compañía busca equilibrar sus tres áreas de actividad. “Son sectores cíclicos y el crecimiento de uno de ellos compensa la bajada de otros”, explica Carrera. Esa diversificación resulta clave para el negocio, ya que la adjudicación de un contrato puede tardar años y, en concreto, su ejecución, entre siete y diez. “Son proyectos muy a largo plazo”, resume el directivo. Esta estrategia ha permitido a AVS mantener una cartera estable y reducir su dependencia de una única actividad.

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