Daniel Seifert (Coinbase): “Los servicios que ofrecemos en EE UU llegarán a Europa, como la compraventa de acciones”
El vicepresidente de la plataforma de criptoactivos cree que el Viejo Continente corre el riesgo de estar sobrerregulado y de favorecer a Estados Unidos

Daniel Seifert, vicepresidente para Europa, Oriente Medio y África de Coinbase, empezó a trabajar en Coinbase hace cuatro años, en uno de los periodos más oscuros para el mundo cripto: en 2022, el mercado vivió uno de sus peores criptoinviernos, que empezó con el colapso de TerraLuna y tocó fondo con la quiebra de FTX. A diferencia de otras, la plataforma sobrevivió hasta convertirse en el mayor exchange estadounidense y uno de los más grandes en el mundo: Europa es su segundo mercado, después de EE UU, con España, Alemania y Francia entre los países más relevantes. Coinbase fue la primera en llevar las criptos a Wall Street con su salida a Bolsa en abril de 2021: desde entonces, muchas otras siguieron su camino.
Pregunta. Coinbase es uno de los mayores exchanges en el mundo y opera en Europa bajo MiCA. ¿Qué cambio ha notado desde su adopción?
Respuesta. La industria ya había pasado por un importante proceso de depuración y algunos actores abandonaron el sector en 2022. La entrada en vigor de MiCA coincidió con una fase alcista del mercado y nosotros recibimos nuestra licencia en Luxemburgo en junio de 2025. Fue un proceso de profesionalización creciente para las empresas, con estándares cada vez más elevados en materia de protección del consumidor y segregación de activos. MiCA convirtió este principio en uno de sus pilares fundamentales. Esto significa que, si gestionas activos para clientes en Europa, deben mantenerse en Europa. Y creo que es una de las transformaciones más importantes.
P. Algunos no han conseguido la licencia a tiempo y no podrán operar hasta que la obtengan. ¿Está notando movimiento de fondos?
R. Hay mucho movimiento de fondos en estos momentos. Muchos activos están cambiando de plataforma y numerosos clientes están explorando alternativas y buscando nuevos lugares donde custodiar sus activos. En Coinbase lanzamos una campaña para que cualquier persona que trasladara sus activos a Coinbase recibiera una bonificación del 5% en bitcoin sobre los fondos transferidos desde otro exchange o monedero hasta comienzos de este mes.
P. ¿Qué aspectos de MiCA habría que mejorar?
R. Hay una cuestión que me preocupa especialmente. Incluso antes de que llegara MiCA, cuando se publicaron los primeros borradores de la regulación, veníamos defendiendo con firmeza que el enfoque hacia las stablecoins era, en cierto modo, un error. Muchos asocian las stablecoins con la dolarización, piensan que si se permite su uso, todo acabará denominándose en dólares estadounidenses. Es un error verlo así, porque también existen stablecoins en euros.
Según algunas estimaciones, para 2030 podrían alcanzar un volumen cercano a los 3 billones de dólares. Para ponerlo en perspectiva, hoy representan alrededor de 300.000 millones. Es decir, en cuatro años podrían multiplicar por 10 su tamaño. La tokenización podría alcanzar los 300 billones de dólares para 2030. Estamos hablando de algo enorme. Pensemos en los fondos tokenizados, fondos monetarios tokenizados y otros activos similares. Si quieres entrar o salir de esas inversiones, ¿cómo lo vas a hacer? La forma más sencilla y más rápida es con las stablecoins.
P. El Banco Central Europeo está trabajando en un euro tokenizado...
R. Se habla mucho de las monedas digitales de los bancos centrales, de los depósitos tokenizados... Pero todavía no existen, mientras las stablecoins crecen a un ritmo vertiginoso. Creo que deberíamos diseñar una regulación que intente posicionar a Europa como líder en el mercado de stablecoins. En lugar de centrarnos en impedir algo porque nos preocupa demasiado, deberíamos enfocarnos en la innovación y en fortalecer a Europa. Creo que este aspecto no está muy bien planteado.
P. Hay algunos proyectos de stablecoins en euros. ¿Cree que pueden llegar a tener el mismo éxito que los activos en dólares?
R. Sí, absolutamente. Pero tendremos que trabajar mucho como región para lograrlo. No podemos quedarnos sentados esperando a que eso ocurra. Debemos reconocer que, incluso fuera del sector de las criptomonedas, el dólar estadounidense es la moneda de referencia del mundo. Por eso no resulta sorprendente que ocurra lo mismo en el mercado de las stablecoins. En cierto modo, esto refleja una realidad que ya existe en el sistema financiero tradicional.
P. Coinbase no ofrece solo criptos, sino también activos tradicionales. ¿Es una manera de desligarse de un mercado muy cíclico?
R. Nuestra estrategia pasa por ser un everything exchange (una plataforma para todo). La filosofía detrás de ello es sencilla: la blockchain funciona las 24 horas del día, los siete días de la semana. Es verificable y no requiere permisos de acceso. Cualquiera puede utilizarla. Si se parte de esa idea, resulta natural preguntarse: ¿Por qué no aplicar esos mismos beneficios también a la negociación de acciones, derivados o bonos? Deberíamos utilizar esta tecnología para modernizar y mejorar las demás operaciones.
P. ¿Qué productos están disponibles en Europa?
R. Muchos servicios que ofrecemos en Estados Unidos acabarán llegando a Europa con el tiempo, como la posibilidad de negociar acciones. Incorporaremos productos derivados, aunque ya ofrecemos futuros. Hace un año adquirimos Deribit, la principal plataforma mundial de opciones sobre criptoactivos, con la intención de incorporar opciones. En cuanto a las materias primas, ofrecemos oro y plata y futuros sobre petróleo. ¿Podrían negociarse bonos, fondos de inversión o ETF? En algún momento se podría poner en marcha.
P. ¿Y los mercados de predicción?
R. También podrían llegar, aunque en un futuro lejano, porque su regulación es bastante más compleja. La ventaja de MiCA es que con una única licencia puedes prestar servicios en los 27 países de la Unión Europea.
En cambio, los mercados de predicción suelen estar regulados a nivel nacional porque a menudo se consideran una forma de apuesta. Eso implica que las licencias son diferentes en cada país: una licencia española, una francesa, una lituana... Por tanto, aunque lanzara este tipo de producto en España, eso no significaría automáticamente que pudiera ofrecerlo también en Alemania. En cualquier caso, creo que a largo plazo acabaremos avanzando también en esa dirección.
P. Los legisladores europeos están trabajando en la posibilidad de centralizar la supervisión de las empresas cripto en la ESMA. ¿Está de acuerdo?
R. Un escenario poco deseable sería acabar teniendo una supervisión duplicada. Se podría generar una ineficiencia considerable en un momento en el que necesitamos que Europa crezca y gane competitividad. En el peor de los casos, incluso podría haber orientaciones contradictorias. Entonces habría que reunir a todas las partes implicadas e intentar aclarar cuál es el camino correcto.
Además, los negocios funcionan especialmente bien cuando existe una comunicación directa, cuando podemos reunirnos y sentarnos a la misma mesa. Si todo se centraliza, habría que preguntarse cómo hacerlo.
P. EE UU todavía no cuenta con una ley que regule el sector, mientras Europa sí. ¿Se sienten más seguros donde conocen las reglas del juego?
R. En 2023 en Estados Unidos existía una aplicación coercitiva de la ley (regulation by enforcement). Básicamente, se perseguía judicialmente a las empresas y se intentaba imponer el cumplimiento normativo a través de acciones legales. Durante ese periodo, gran parte del ecosistema global de blockchain, especialmente desarrolladores, programadores e ingenieros, empezaron a trasladarse a Europa.
Desde entonces, EE UU ha modificado su postura. Quizá todavía no cuente con una ley, pero en la industria existe la percepción de que se quiere desarrollar este sector. Aunque la Clarity Act todavía no haya sido aprobada, EE UU ha recuperado cierta ventaja. Europa debe ser muy cuidadosa. Tenemos que evitar caer en un escenario de sobrerregulación, en el que todo se vuelve tan complejo, con tantas licencias, requisitos y procedimientos, que resulta más difícil construir una empresa. Si eso ocurre, la consecuencia natural será que las empresas optarán por establecerse en EE UU.