La normalización cumple 40 años acompañando la modernización de la economía
Las normas que establecen referencias técnicas compartidas han contribuido al 14,7% del crecimiento medio anual del PIB español, con una aportación acumulada de más de 140.000 millones de euros


Las luminarias que nos alumbran, los zapatos que calzamos, el aceite de oliva con el que cocinamos, el color de las paredes de casa o el tatuaje que lucimos… la normalización está siempre presente, aunque no lo veamos. Detrás de cada uno de esos objetos y procesos cotidianos hay una labor previa de normalización o estandarización, normas que establecen referencias técnicas compartidas, facilitan la interoperabilidad, reducen barreras técnicas y aportan confianza a las relaciones comerciales, permitiendo a las organizaciones competir en mejores condiciones dentro y fuera de España.
Desde 1986, la normalización ha acompañado la modernización industrial, la integración en el mercado europeo y la expansión internacional de las empresas españolas. Fue entonces, coincidiendo con la entrada en las Comunidades Europeas, cuando se desarrolló el actual modelo de normalización con la creación de Aenor, la Asociación Española de Normalización y Certificación, a semejanza de lo que ya hacían países más avanzados como Reino Unido, Alemania, Francia o Italia. Desde 2017 UNE, la Asociación Española de Normalización, desarrolla la actividad de normalización y cooperación internacional diferenciada de la actividad de evaluación de la conformidad de Aenor, resultado de un informe de Competencia que databa de 2010. UNE celebra ahora este aniversario bajo el lema “40 años. Cada día. Progreso compartido”.
Javier García, director general de UNE, señala que “antes de 1986 había estandarización en España, pero se desarrollaba bajo el paraguas del gobierno y con un enfoque más académico, de investigación, y menos de empresa, de mercado”. El cambio fundamental que se produjo con la creación de Aenor fue “pasar a que sean los actores del mercado, la industria fundamentalmente, quien liderase la estandarización en España, que era el modelo francés –que celebra este año su centenario–“, explica García. “El Gobierno, a través del Ministerio de Industria, delegó al entorno privado el liderazgo de la actividad de normalización, si bien bajo su tutela, de acuerdo a unos parámetros que están en el marco de la Ley de Industria. Es ahí donde se fijan las obligaciones, de asegurar que tanto los órganos de gobierno como las mesas de trabajo estén representadas todas las partes interesadas: industria, administraciones públicas, academia, universidad, investigación, centros tecnológicos, consumidores y usuarios, medioambientalistas, todos los perfiles”, detalla el director general.
Comités técnicos
La representatividad de las partes interesadas se refleja en los comités técnicos de normalización (CTN), uno de los pilares en los que se sustenta la normalización en España. Son espacios en los que el conocimiento sectorial se transforma en consenso y posteriormente en normas. “Esta metodología de nos sentamos a la mesa todos los que tenemos algo que decir sobre este tema de manera abierta y transparente. Transparencia, esto es público, aquí no se juntan cuatro para definir cómo tiene que evolucionar un mercado. Esta metodología te sirve para definir las características de un proceso industrial y la calidad y la seguridad que tiene que dar un producto industrial, o te sirve para que se pongan de acuerdo entre abogados, jueces y empresas sobre compliance tributario o compliance legal. Elementos que preocupan a los consejos de administración de las empresas”, desarrolla García.
“La responsabilidad de UNE como organismo de normalización en España, la responsabilidad de ISO, como garante del sistema internacional de estandarización, es garantizar que en las mesas de los comités no haya ninguna parte dominante que pueda sesgar el contenido de la norma y generar un conflicto en materia de competencia en el mercado. Esa es nuestra responsabilidad”, continúa el ejecutivo de UNE. La asociación cuenta actualmente con 549 miembros y 982 órganos técnicos y, a cierre de 2025 acumulaba más de 60.000 normas en catálogo, de las que 37.762 están en vigor y el resto, anuladas.
Voluntariedad
El resultado de esos comités son las normas, los estándares. Un estándar es una norma voluntaria, “porque al final nuestras normas son voluntarias. Luego otra cosa es que el regulador, en determinadas ocasiones, las vea útiles y las tome para regular en ciertos ámbitos”, remarca el director general de UNE. “Son los sectores, los actores de la materia en cuestión, los que proactivamente, voluntariamente, las adoptan, porque quieren hacer las cosas bien y mejor y además tomar medidas preventivas”.
En relación a la voluntariedad, García destaca que este año se han revisado “nuestras dos normas estrella fundamentales, la ISO 9001, de los sistemas de gestión de la calidad, y la ISO 14001, sistema de gestión medioambiental. Hay más de un millón y medio de empresas en todo el mundo certificadas contra estas normas, muchísimas más que las utilizan como referencia pero que no se han certificado o que están certificadas pero con certificadoras no acreditadas. Son unas supernormas. Esas normas, es superhabitual que tanto en procesos de contratación pública como entre clientes sean casi como una base: tener un sistema de gestión de la calidad implementado”.
Junto a estas “supernormas”, García señala una tercera que se acaba de publicar, la ISO 53001. “Es una norma que hemos hecho ISO junto con el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas, que busca ayudar a las organizaciones a contribuir a la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aquellos que les sean más relevantes para la actividad que desarrollan. Esta norma va a ser una norma tractora de las grandes hacia sus cadenas de valor, ya sean pymes o empresas en otras regiones del mundo, para ir implementando la cultura y prácticas de sostenibilidad. Al final, las grandes empresas, que son las tractoras en sus cadenas de valor, van obligando también a cumplirlas. O sea, que sí, son herramientas en el que la voluntariedad está en su elaboración inicial, pero luego la aplicación en el mercado es algo más”, destaca.
Impacto económico
La normalización tiene, además, efectos directos sobre la economía. El informe Impacto económico de la normalización en España, presentado en 2025 y elaborado por el Centro de Estrategia y Prospectiva Industrial (CEPI), impulsado por el Ministerio de Industria y Turismo y la Fundación EOI, permite poner cifras a esa contribución. El estudio estima que la normalización ha contribuido al 14,7% del crecimiento medio anual del PIB español, con una aportación acumulada de más de 140.000 millones de euros en las últimas cuatro décadas.
Cuatro décadas después de su creación, UNE afronta una nueva etapa marcada por la aceleración tecnológica y por retos económicos y sociales cada vez más transversales. “La agenda social acaba siendo la que moviliza la agenda política y la agenda de la empresa”, subraya García. “La Estrategia UNE 2030 busca seguir poniendo el conocimiento recogido en las normas al servicio del progreso compartido de España y reforzar tanto su conocimiento como su aplicación”, expresa. La inteligencia artificial, la transición ecológica, la autonomía estratégica, la igualdad y la transformación digital son algunos de los ámbitos en los que será necesario desarrollar nuevos consensos y referencias comunes durante los próximos años.