Cox prevé ampliar capital en más de 300 millones en su filial mexicana tras la compra de activos a Iberdrola
La compañía de Enrique Riquelme contempla una colocación de capital primario en su holding mexicano para reforzar su balance y mejorar la calificación crediticia que le otorgan las agencias de rating

Cox sigue dando pasos significativos para reforzar su situación financiera y se plantea ahora ejecutar una ampliación de capital después de comprar Iberdrola México, un gigante energético en el país por el que pagó alrededor de 3.500 millones de euros.
Concretamente, la multinacional de Enrique Riquelme —empresario que acaba de trasladar su patrimonial desde España a Panamá— contempla en este momento ejecutar una emisión de capital primario por un mínimo de 350 millones de dólares (unos 307 millones de euros al cambio actual) en su filial de México, controlada casi totalmente por la propia Cox. Fuentes de la empresa confirman este movimiento, pero advierten de que esa posibilidad, como cualquier transacción de este tipo, está sujeta a condiciones de mercado, aprobaciones regulatorias, etc.
El objetivo de la multinacional dueña de los activos productivos de Abengoa es conseguir el ansiado nivel de grado de inversión de la agencia de calificación crediticia Moody’s en su filial mexicana. Específicamente, busca “avanzar hacia una perspectiva positiva de Moody’s y, en los 12 a 18 meses siguientes, alcanzar el grado de inversión con esta agencia, con el objetivo de lograrlo en 2028, mucho antes de lo anticipado”, señala la empresa.
Esta potencial ampliación de capital que ya admite Cox en su subordinada mexicana llega después de varios hitos financieros significativos que han permitido a una compañía cuya cotización ronda los 1.000 millones de euros adquirir toda la antigua filial azteca de Iberdrola, valorada en cerca de 4.000 millones de dólares. La filial con los activos en México ya cotiza en la Bolsa de ese país, en la que Cox controla en torno al 99%, y vale alrededor de 320 millones de euros. Al precio actual de la acción allí, sin aplicar ningún descuento, la participación del grupo quedaría diluida en Cox de México hasta poco más del 50%.
Para armar la adquisición, Cox activó un préstamo puente con varios de los principales bancos del mundo. Parte de esa deuda fue sustituida por una megaemisión de bonos de 2.000 millones de dólares antes de este verano. Para seguir sustituyendo deuda de corto plazo por pasivo de largo plazo, este mismo mes de septiembre ha realizado otra emisión de capital híbrido —deuda eterna a un tipo de interés del 8,75% que las agencias de rating suelen computar al 50% como fondos propios— en Estados Unidos por 800 millones de dólares (unos 700 millones de euros), que tuvo una demanda superior a los 2.500 millones de dólares, según anunció la empresa. En un documento empleado en la colocación de este pasivo ad aeternum, Cox explica que “está evaluando una posible ampliación de capital mediante una oferta pública secundaria (follow on, en la jerga) de sus acciones en México y una colocación internacional en paralelo”.
En la colocación ya efectuada, la compañía explica que “los fondos obtenidos se destinarán principalmente a amortizar el Term Loan de 733 millones de dólares de Cox Asset México, lo que reduce su apalancamiento neto de 4,3 veces ebitda a una ratio inferior a 3,0 veces ebitda (en línea con el objetivo de la compañía)”, anunció la cotizada que dirige Ignacio Moreno, que añadía que “la operación refuerza la estructura de capital de la compañía, aumenta su flexibilidad financiera y constituye un primer paso clave para acelerar el proceso para obtener la calificación de grado de inversión con Moody’s (siéndolo ya con Fitch)”.
Además de la deuda con la banca y las emisiones de bonos, Cox cuenta con el respaldo de Allianz, quien también aportó parte del capital para esta operación. Además, el equity que ponía Cox también estaba financiado. En este apartado, la propia Iberdrola concedió un vendor loan (como se denomina en la jerga financiera al préstamo que otorga el vendedor de los activos) y otras entidades especializadas en deuda alternativa como Ben Oldman.
Como avanzó CincoDías el pasado 12 de marzo, hace poco más de seis meses, Cox estaba preparando una ampliación de capital para reforzar su balance tras la compra de Iberdrola México, ante el elevado nivel de deuda que había levantado, según confirmaban entonces diversas fuentes financieras al tanto de la operación y responsables internos de la propia Cox. Estas fuentes señalaron que era necesario reforzar la estructura de capital de la empresa en el medio plazo para equilibrar su balance. Este periódico publicó entonces que, “una vez haya firmado con sus socios, un hito que se espera en los próximos días, Cox tiene todo listo para salir posteriormente al mercado con una ampliación de capital con una cuantía aún por determinar”.
Sin embargo, la empresa presidida y propiedad de Enrique Riquelme y la familia Zardoya, entre otros, envió un comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en el que desmintió que estuviera prevista la ejecución de un aumento de capital ni a los efectos de financiar la adquisición de Iberdrola México, “ni para cualquier otra finalidad”. Aseguró entonces que la compra se financiaría con deuda bancaria, recursos propios e instrumentos de capital híbrido. Seis meses después, la ampliación figura en su presentación a inversores, en este caso en la filial mexicana.
Al margen de su situación financiera, Cox sigue logrando hitos relevantes para su negocio. Esta misma semana ha anunciado que ha logrado una victoria arbitral contra Ghana, por lo que ahora cuenta con un laudo favorable valorado en unos 200 millones de euros, correspondiente a un litigio que arrastraba por la actividad de una desaladora en el país africano. Este mismo jueves, también ha anunciado que sigue creciendo en energías renovables en Guatemala, con nuevos proyectos de más de 75 megavatios (MW) de potencia.
Su presidente, Enrique Riquelme, quien se presentó esta primavera a las elecciones del Real Madrid contra Florentino Pérez, ha participado en la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas que se celebra esta semana en Nueva York. A lo largo de su intervención, Riquelme recalcó que se está “viviendo un contexto global de alta incertidumbre y volatilidad, y que este tipo de encuentros son espacios de diálogo fundamentales para generar oportunidades de cooperación regional frente a una situación global adversa”. También añadió que este contexto “perjudica la inversión y la capacidad de los gobiernos en ámbitos tan críticos como la energía y el agua, infraestructuras esenciales para la vida, la economía, la productividad, la digitalización, la industrialización y la estabilidad social”.