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Los ecosistemas de emprendimiento más conectados tienen mayor poder de transformación

Un estudio de Impact Hub Madrid e Impact Hub Donostia analiza las 50 provincias españolas a través de más de 120 indicadores, organizados en salud ecológica, social y económica-emprendedora

Foto de familia tras la presentación del 'Índice de ecosistemas de emprendimiento de impacto', en Madrid.Cedida

Un ecosistema de emprendimiento es la red de actores, recursos y reglas en un lugar que contribuye a crear y hacer crecer empresas, uniendo personas, dinero, ideas y apoyo para transformar proyectos en negocios reales. Y cuando se emprende con impacto, el objetivo es desarrollar un proyecto que pueda cambiar el mercado y generar un beneficio social. Cada ecosistema empresarial es único y depende de la idiosincrasia de cada territorio.

Estamos en un momento en el que las crisis no llegan de una en una. La urgencia climática, la transformación demográfica, la pérdida de biodiversidad y el aumento de la desigualdad se superponen y se refuerzan mutuamente. Frente a esa complejidad, los instrumentos de análisis habituales de los ecosistemas de emprendimiento, centrados casi siempre en la competitividad económica y la creación de empresas, se quedan cortos.

Para lograr un mayor alcance en estos análisis nació el Índice de ecosistemas de emprendimiento de impacto, que presenta ahora su segunda edición. Elaborado por Impact Hub Madrid e Impact Hub Donostia, el índice ofrece una herramienta de diagnóstico y orientación estratégica que analiza las 50 provincias españolas no desde la competitividad, sino a través de más de 120 indicadores agrupados en tres dimensiones: salud ecológica, salud social y salud económica-emprendedora. El estudio se ha desarrollado a lo largo de 2025-2026 con el apoyo técnico de Mercatec Investigación Estratégica y con financiación del programa Alianzas_ES del Ministerio de Trabajo y Economía Social.

Una de las principales conclusiones de la segunda edición del Índice de ecosistemas de emprendimiento de impacto es que los ecosistemas de emprendimiento más saludables son aquellos capaces de generar conexiones entre diversidad de agentes, adaptarse a contextos cambiantes y construir dinámicas de colaboración que trascienden la actividad económica.

Alberto Alonso, director de Impact Hub Madrid, explicó, durante la presentación del estudio, que “el índice no busca únicamente medir o comparar, sino ofrecer una visión más amplia sobre las condiciones que permiten a los ecosistemas generar bienestar, resiliencia y capacidad de transformación. Precisamente, el emprendimiento ha sido motor de innovación durante las dos últimas décadas, y ahora debe dar un salto cualitativo: pasar de innovar en el sistema a innovar el sistema”.

Así, este índice no es una competición entre territorios, ni un ranking definitivo sobre quién lo hace mejor o peor. Es un diagnóstico de salud sistémica: la capacidad de un territorio para generar vitalidad propia, sostenerse en el tiempo y evolucionar hacia formas más complejas y cohesionadas de crear valor. Y los responsables de la investigación señalan una limitación: muchos de los procesos de transformación más importantes en un ecosistema no son todavía visibles en los datos estadísticos disponibles.

Los cambios reales en un ecosistema tardan entre cuatro y cinco años en reflejarse en indicadores. Un territorio puede estar en plena transición –nuevas redes, nuevas gobernanzas, nuevas formas de colaboración– sin que eso aparezca todavía en ninguna estadística oficial.

Salud emprendedora

El modelo parte de una premisa: un ecosistema de emprendimiento funciona como un sistema vivo donde lo económico, lo social y lo ecológico están anidados, no separados. La salud emprendedora de un territorio depende tanto de su base natural como del tejido social y cultural que la sostiene. Para realizar esto, el índice evalúa tres capacidades clave en cada provincia: vitalidad: es la capacidad de generar y sostener energía propia, actuar con autonomía y preservar los ciclos esenciales (agua, suelos, biodiversidad, bienestar); viabilidad: refleja la capacidad de mantenerse vivo en el tiempo interactuando con sistemas mayores desde su vocación y especialización, y evolución: es el potencial para avanzar hacia formas más complejas, integrar mayor cohesión y generar aprendizaje colectivo.

Estos tres objetivos se alimentan de ocho flujos de valor que el índice analiza en cada territorio: el cuidado de los recursos naturales, la diversidad de hábitats, las fuentes de energía y circularidad, el bienestar y los cuidados, la infraestructura y conectividad, la cultura, el conocimiento y la transferencia, y la gobernanza y financiación.

De esta manera, las diez provincias mejor posicionadas en el índice global son Madrid, Navarra, Girona, Huesca, La Rioja, Gipuzkoa, Bizkaia, Teruel, Lleida y Álava. Pero más que el orden, lo que el análisis pone de relieve son los patrones comunes entre los territorios más saludables: mayor conectividad entre actores, gobernanzas más colaborativas, mejor articulación entre las tres dimensiones del modelo.

Nerea González, responsable de proyectos y ecoinnovación de Impact Hub Donostia, señaló que “los resultados muestran que la fortaleza de un ecosistema no depende únicamente de indicadores económicos. La calidad de las relaciones, la diversidad de actores y la capacidad de colaboración son elementos fundamentales para afrontar los retos presentes y futuros de cada territorio”. Así, por ejemplo, Navarra ocupa el primer puesto tanto en salud ecológica como en salud económica. La Rioja es segunda en salud social con una economía situada en el puesto 18. Provincias medianas como Huesca o Teruel superan a capitales de provincia mucho más pobladas y con mayor actividad empresarial. Las provincias del sur de España y los archipiélagos presentan el mayor margen de mejora, especialmente en las dimensiones de salud ecológica y gobernanza.

El índice está diseñado como instrumento de trabajo para decisores que necesitan entender su territorio antes de actuar. Administraciones públicas que diseñan políticas de transición ecológica y social; empresas que buscan modelos de valor más sostenibles; universidades y centros de conocimiento que acompañan procesos de cambio; organizaciones sociales que actúan sobre el territorio.

Rafa Cobo, regenerative lead de Impact Hub, recalcó que “cuando observamos los territorios desde esta perspectiva aparecen nuevas oportunidades para diseñar políticas, inversiones y estrategias que refuercen su capacidad de evolución y regeneración a largo plazo”. Porque el propósito no es que un territorio compita con otro, sino que cada uno comprenda sus fortalezas, identifique sus desequilibrios y active los procesos de transformación que se ajusten a su singularidad.

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