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La tortilla de patatas española sabe a francesa

Los productores locales denuncian el hundimiento de los precios en origen por la entrada masiva de producto galo de peor calidad

Imagen de la campaña de recogida de patata en Campo de Cartagena.Cedida

La tortilla de patatas, ese plato que tanto define a la gastronomía española, cada vez tiene un mayor sabor francés. Los productores nacionales de patata han denunciado el hundimiento de los precios en origen debido a la entrada masiva de patata vieja francesa de conservación, un excedente galo de peor calidad que los grandes operadores del canal Horeca (el que trabaja con la hostelería) adquieren a entre 15 y 20 céntimos el kilo, muy por debajo de los 35-40 céntimos que cuesta producirla.

“Hay una paradoja sobre el verano turístico español: mientras los hoteles, bares y restaurantes de toda España viven una de sus mejores temporadas en años, los agricultores que producen la patata con la que se hacen las tortillas están al borde de la ruina”, ha advertido el responsable de patata de COAG, Alberto Duque. Esta organización agraria alude al “efecto dominó” que ha provocado en los mercados la entrada masiva de patata francesa: “Los agricultores pierden entre 100 y 150 euros por tonelada mientras el turista come en el bar una tortilla hecha con patata almacenada en cámara desde el año pasado, que se oscurece y deshace al freírla”.

Según ha denunciado la organización agraria COAG, los grandes operadores y almacenistas que abastecen a la hostelería y restauración a gran escala han encontrado en los excedentes de patata francesa de segunda calidad una oportunidad de margen que no han desaprovechado. De este modo, se da la paradoja de que un producto almacenado desde la cosecha de 2025 sale de Francia y llega a los fogones de miles de establecimientos españoles con el impacto inmediato en de todo el mercado. También el de la patata nueva española recién recolectada en la Región de Murcia (Campo de Cartagena) y Andalucía, que en junio debería haber tenido su momento de máxima demanda y en cambio se ha acumulado sin salida en el campo.

El resultado es lo que COAG denomina la tormenta perfecta para el patatero español: “Excedentes franceses de segunda calidad a precio de derribo, bum de consumo en hostelería por temporada alta de turismo, y una estrategia coordinada de los grandes operadores que ha dado la espalda al producto nacional justo cuando más se necesitaba”.

Sin cubrir costes

La situación a pie de cosecha empeora. Los agricultores del Campo de Cartagena y Andalucía cobran entre 25 y 30 céntimos por kilo cuando sus costes (con el gasóleo agrícola un 50% más caro que hace un año y los fertilizantes nitrogenados entre un 40% al alza por el efecto de la Guerra en Irán) superan los 35-40 céntimos. Por tanto, cada tonelada vendida supone unas pérdidas netas de entre 100 y 150 euros.

La tendencia que ha llevado a esta situación lleva un decenio cociéndose. En este tiempo, las importaciones de patata francesa han crecido un 33%, de 708.000 toneladas en 2016 a 941.000 en 2025. En solo un año, de 2023 a 2024, el salto fue del 23,5%, hasta las 955.870 toneladas, el máximo histórico de la serie. Hoy, casi tres de cada cuatro kilos de patata importada en España proceden de Francia, el 73,7%.

Ante esta situación, COAG exige a las grandes marcas y operadores del canal Horeca y cadenas de distribución que operan en España que apuesten decididamente por la patata nueva española en sus lineales durante los meses de campaña (mayo, junio y julio), así como que garanticen un etiquetado claro y visible del origen y la condición del producto (nueva/conservación y país de procedencia), para que el consumidor pueda tomar decisiones de compra informadas.

También reclaman que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación actúe con urgencia ante esta situación, reforzando los mecanismos de control del cumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria, para que se establezcan unos precios justos por encima de los costes de producción reales. De igual forma, demandan que se impulsen campañas conjuntas de promoción del consumo de patata nueva española, poniendo en valor sus propiedades nutricionales, su frescura, su calidad culinaria y su contribución a la agricultura nacional y al medio rural.

Precisamente, para poner en valor las propiedades nutricionales de la patata española están surgiendo iniciativas como la de la firma Patatas Arrebola, fundada en 1965 y con sede en La Rinconada (Sevilla). Con una producción de 30.000 toneladas de patata manipulada al año, la empresa andaluza ha lanzado al mercado ‘Sabor del SUR’, una nueva marca creada para identificar en los puntos de venta la patata de temporada 100% andaluza y garantizar al consumidor que su cultivo, procesado y distribución se han realizado íntegramente en Andalucía. La iniciativa busca promover el consumo de proximidad, poner en valor el trabajo de agricultores y empresas andaluzas y contribuir a un modelo de producción más sostenible.

“Sabor del SUR’ no nace únicamente como una marca, sino como una forma de reivindicar la importancia de consumir nuestros productos cuando están en temporada, apoyando a nuestros agricultores y a las empresas que generan empleo y riqueza en Andalucía”, señala José Peláez, gerente de Patatas Arrebola.

A lo largo del año, el mercado español convive con patatas procedentes de diferentes zonas productoras, como Francia o Egipto, en función de la época de cultivo. Sin embargo, el consumidor no siempre dispone de información clara que le permita identificar el origen del producto que adquiere.

Según los responsables de la empresa andaluza, mientras la patata cultivada en Andalucía recorre una media de apenas 50 kilómetros antes de su manipulación y distribución, una patata procedente de Francia puede recorrer entre 1.500 y 2.000 kilómetros, permaneciendo almacenada durante largos periodos de tiempo; y una importada desde Egipto puede superar los 5.000 kilómetros de transporte hasta llegar al punto de venta.

“La patata de proximidad gana en frescura y, por tanto, en calidad culinaria respecto a la que ha estado meses conservada en cámaras o soportando grandes recorridos de transporte. Además la patata de conservación contiene antigerminantes, porque va a tardar muchos meses en consumirse, cosa que no pasa con las patatas de aquí”, apunta Javier Boceta, vicepresidente del sector de la Patata dentro de Asociafruit.

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