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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Los despidos en la banca de inversión anticipan un 2023 con nubarrones

CINCO DÍAS

Golman Sachs se convirtió ayer en el segundo gran banco de inversión en anunciar un recorte de plantilla, lo que implicará el despido de 3.200 empleados, es decir, del 6,5% de un total de 49.000. El tijeretazo ha sido, pese a todo, algo menor de lo que adelantó en diciembre el consejero delegado del banco, David Solomon, quién cifró el recorte en un 8% de los empleados, unos 4.000 puestos de trabajo. La justificación de los despidos, que se concentrarán en las unidades comerciales y en los servicios centrales, no constituye una ecuación excesivamente compleja, sino un cortante volantazo dirigido a corregir la caída de rentabilidad del negocio en un escenario marcado por la incertidumbre, la desaceleración económica y los rigores de la nueva política monetaria.

El anuncio de Golman Sachs se suma al realizado hace unos días por Credit Suisse, que ha decidido acometer una transformación “radical” de su banca de inversión y poner en marcha un agresivo plan de reducción de gastos, parte del cual pasa por sacrificar 9.000 puestos de trabajo hasta el año 2025. Todo apunta a que ambos bancos serán solo los primeros en recorrer un camino que seguirán otras entidades y que implica aligerar unas plantillas que crecieron a un ritmo notable durante una larga era de dinero fácil, abundante y barato, que estuvo vigente en ambos lados del Atlántico y que hizo posible el crecimiento exponencial de las operaciones corporativas.

Junto al endurecimiento de los mercados de financiación y el goteo, cada vez más espaciado, de movimientos corporativos destacados, las entidades están viendo mermar sus ingresos por comisiones, que en algunos casos se han reducido hasta en un 50% respecto a 2021. El sector se acerca así al cierre de una etapa dorada en términos de negocio, durante la cual brindó apoyo financiero a los fondos en sus compras corporativas y a las grandes corporaciones en su búsqueda de fusiones y adquisiciones, además de animar el mercado de opas y de regar de abundante liquidez los parqués. Esa actividad constante demandó plantillas cada vez mayores y convirtió a estas entidades en ávidos competidores por la caza de talento y en lugares privilegiados para el desarrollo de la carrera profesional. Más allá de lo que implica para el propio sector ese cambio de ciclo, la banca de inversión constituye un barómetro clásico que indica la cercanía de anticiclones o de tormentas económicas. La llegada de los recortes de empleo a las entidades anticipa, en ese sentido, un 2023 lleno de nubarrones.

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