El cambio de tercio en tipos invierte las prioridades de los bancos

Ya no sobran oficinas bancarias en España. Sea a causa de los severos recortes de capacidad aplicados en los últimos años sobre la red comercial, sea porque la subida de tipos hace más rentable dicha red o, probablemente, a causa de los dos motivos a la vez, la banca ha archivado los planes para seguir recortando capacidad.

Junto con los planes de reducción de red, ha quedado en el cajón el argumentario del sector respecto a los cambios de hábitos de los clientes y la escasa rentabilidad de la oficina a pie de calle. Por más que las operaciones telemáticas cubran la gran mayoría de las demandas de los clientes (baste como ejemplo el arrollador éxito de Bizum), para conseguir negocio es necesario desgastar la suela del zapato. Que el euríbor a un año pase del -0,5% al 3% lo cambia todo, y más allá de las dudas sobre la recesión técnica, la mora o la inflación, la labor comercial parece que compensa de nuevo.

En paralelo, las plantillas se pueden estirar como un chicle, pero no hacia el infinito. Lo que en las presentaciones a analistas se denomina eficiencia, en la oficina de barrio se llama hacer más negocio con menos personal. Cierto es, por otro lado, que la burbuja inmobiliaria dejó un exceso de capacidad en el sistema financiero que, a juzgar por las cifras, España ha tardado década y media en purgar, antes de estabilizarse. En cada PAU se abría antes la correspondiente oficina bancaria que la panadería, y de aquellos polvos, donde la responsabilidad del sector no fue menor, han venido tantos y tantos lodos.

Desde que empezó la crisis financiera la banca ha prescindido de unos 120.000 empleados, más de una tercera parte de los que tenía en 2008. Y desde 2015 ha recortado el 40% de la red de sucursales. A cada banco le sobraban oficinas, pero también sobraban bancos y, una vez fusionados, siguieron sobrando oficinas. En el camino de la legítima búsqueda de la eficiencia, aguzada por años de dinero sin intereses, han quedado algunas víctimas: la competencia de otros tiempos y el acceso a los servicios bancarios, con 1,6 millones de personas viviendo en municipios sin oficina bancaria y una decreciente atención presencial, necesaria no solo para las personas mayores, sino también para autónomos y pequeña empresa.

La subida de tipos, dolorosa para familias y compañías endeudadas, tiene para los bancos esta vertiente positiva. Suben en Bolsa y pueden acudir al mercado a presumir de mejoras en la eficiencia cuyo origen no está, esta vez, en la aplicación de la habitual medicina de tijera sobre una red ya muy exprimida.