La banca arrastra los pies a la hora de transmitir las alzas de tipos

La revisión de la letra de la hipoteca correspondiente al mes de noviembre ha arrojado, para quien esté obligado a sufrirla, una revisión de infarto: del -0,487% del año pasado (media de noviembre de 2021) al +2,828% del mes recién terminado. Para una hipoteca media, el peaje de la cruzada antiinflacionista del BCE es de unos 3.000 euros al año.

Han sido cuatro, tres subidas de tipos, y la que se prevé para este mismo mes. El proceso ha provocado, además de sudores fríos a los hipotecados, pérdidas históricas en las carteras de renta fija (el precio se mueve a la inversa del rendimiento) y castigado a empresas endeudadas. Pero los depósitos de las grandes entidades se mantienen irreductibles cual aldea gala al nuevo contexto de tipos.

El sector financiero argumenta, no sin razón, que se le suele pedir soplar y sorber. Dar crédito, retribuir los depósitos, pagar dividendo y, por encima de todo, ser solvente como una roca ante la marejada económica. El sector está todavía peleando por mejorar las cifras de rentabilidad con relación al capital, un porcentaje que los analistas e inversores en Bolsa miran con lupa. Es comprensible, pues, la renuencia del sector a retribuir el ahorro: su prioridad no es ganar clientes o cuota de mercado, sino rentabilizar los que tienen.

Y, en términos de hoja de balance, la captación de pasivo es aún más secundaria. El sector dispone de liquidez de sobra, la repartida por el BCE en la etapa de la pandemia: 2,1 billones en la eurozona (a cierre de octubre), de los que 250.000 millones corresponden a la banca española. Con este bagaje, el incentivo de las entidades a retribuir al accionista es nulo. La razón de ser de los depósitos es captar una liquidez que hoy por hoy no abunda, sino que sobra.

Malas noticias para el ahorrador perezoso, que si quiere hacer funcionar su dinero tendrá que o bien acudir a activos que sí reflejen la evolución monetaria (renta fija, principalmente) o bien buscar entre las ofertas tanto de entidades financieras domiciliadas en otros países de la UE como de financieras tecnológicas de nuevo cuño.

Buenas cábalas, por el contrario, para el inversor en banca o el propio sector. Que el tipo de interés aplicado al pasivo dependa de la discrecionalidad de las entidades mientras cuenta de activo recoge con inmediatez la variación del euríbor explica en buena parte las subidas del sector en Bolsa. Y, de rebote, explica también el relativo buen año del Ibex 35. Mientras el BCE no termine de drenar el exceso de liquidez, las condiciones seguirán siendo estas, y bien hará el ahorrador en no esperar otras.