La eólica marina, una oportunidad de país con el viento a favor

Hacen falta unos objetivos de generación de energía más ambiciosos, una tramitación mucho más ágil y un planteamiento más realista

Una oportunidad nunca se pierde. Si tú la dejas pasar, alguien más la aprovechará, reza el adagio popular. Esta reflexión es aplicable a muchos órdenes de la vida de una persona, pero también a situaciones que pueden condicionar el modelo futuro de una sociedad o de un país.

Vivimos en un contexto internacional convulso, que afronta desafíos de gran calado tanto en el ámbito geoestratégico como medioambiental. La crisis derivada del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia y su impacto en las relaciones entre las grandes potencias, así como el reto climático que afronta el planeta, han colocado el sector energético en el epicentro de este cambio de paradigma que marca el devenir de la sociedad global.

A este doble desafío puede responder una energía en constante crecimiento: la eólica marina u offshore. Esta fuente de energía limpia, eficiente y sostenible generó en el primer semestre de 2022 a nivel mundial 6,8 gigavatios (GW), cuatro veces más que en el mismo periodo del año anterior, según los datos de World Forum Offshore Wind.

El Viejo Continente es consciente de la importancia de no quedarse atrás y, por ello, el Parlamento Europeo en la resolución Estrategia europea para la energía renovable marina, del pasado 16 de febrero, ya estableció, para todas las cuencas marítimas de la Unión Europea, un objetivo mínimo entre los 70 y 79 GW en 2030.

El potencial de la costa española

España está firmemente comprometida a contribuir a este objetivo, en buena medida porque necesita hacer frente a un escenario particularmente complejo. A su singularidad energética, determinada por la falta de conexión de la Península Ibérica con otros países, se le suma el encarecimiento de la factura, por la sequía que ha reducido la producción hidroeléctrica, y una excepción ibérica pactada en junio con la UE que no ha logrado frenar la escalada de precios.

Aunque estamos todavía en los tacos de salida, contamos con todos los vientos a favor para convertirnos en referente mundial en eólica marina. A saber: 8.000 kilómetros de costa con potencial para albergar parques flotantes y una infraestructura portuaria de primer orden; unos recursos eólicos excelentes, a lo que se suman una trayectoria en ingeniería costera y de obras públicas de primer nivel.

Disponemos, por tanto, de todas las condiciones para hacer realidad un sector que no solo proporcionará energía limpia y renovable, sino que será un motor de dinamización económica que dará impulso a sectores industriales de elevado valor añadido y un alto grado de madurez tecnológica. Es el caso de la ingeniería civil, los astilleros, la construcción naval o industrias como la logística, la metalúrgica y la construcción, por mencionar solo algunos.

Pero la apuesta de país que constituye la eólica offshore no está exenta de obstáculos que pueden dificultar que se aproveche en su justa medida. De inicio, precisamos unos objetivos de generación de energía más ambiciosos, una tramitación administrativa mucho más ágil y un planteamiento mucho más anclado a la realidad.

El marco legal que determina el campo de juego es la Hoja de Ruta para el desarrollo de la Eólica Marina y de las Energías del Mar en España, que contempla una potencia de entre 1 y 3 GW para 2030. Esta previsión supone emplear apenas un 0,8% del espacio marítimo a tal fin. Con un enfoque más ambicioso, España podría llegar a plantearse una potencia de 10 GW, en línea con países como Portugal.

En segundo lugar, para aprovechar la oportunidad que supone la eólica marina, es clave que se acelere al máximo una tramitación normativa que ya acumula un retraso que perjudica al sector en su conjunto.

Asimismo, es clave que los concursos para adjudicar los proyectos contemplen todas las demarcaciones marítimas habilitadas para el desarrollo de la eólica marina. Un único proyecto por zona supondría limitar en gran medida las expectativas de negocio de las compañías promotoras que, como todo proyecto empresarial, requieren de un escenario regulatorio que posibilite la viabilidad de una inversión rentable y sostenible.

Prioridad para la eólica flotante

De igual modo, es imprescindible que la redacción de los pliegos priorice a las empresas que cuentan con experiencia en el desarrollo de eólica marina flotante, ya que es una garantía de éxito. No olvidemos que el hándicap que supone la estrechez de la plataforma continental en España abocará a que la mayor parte de los parques no puedan sustentarse con cimentaciones fijas, que requieren, hasta la fecha, de una profundidad inferior a los 50 metros.

A ese respecto, no solo tendremos que ser ágiles en las adjudicaciones, sino que también será importante facilitar la parte de las autorizaciones administrativas y ambientales que los adjudicatarios deben cumplimentar.

En esa línea, el desarrollo de la eólica marina supone un desafío tecnológico de primera magnitud. Las áreas marítimas que se contemplan en los cinco Planes de Ordenación del Espacio Marino cuentan con una profundidad de entre 150 y 800 metros. Esta dificultad va a obligar a las ingenierías a encontrar soluciones audaces para que las cimentaciones se puedan instalar a esas profundidades con sistemas de anclaje apropiados.

Tampoco podemos soslayar que a medida que los proyectos vayan cobrando cuerpo, será preciso facilitar la ampliación de las instalaciones portuarias con el fin de que los astilleros y otros fabricantes cuenten con un espacio suficiente y evitar el efecto cuello de botella. A tal fin, debemos establecer con urgencia un canal de interlocución entre los distintos actores implicados (puertos, astilleros, instituciones, empresas promotoras…).

La eólica marina constituye una oportunidad clave para emprender una nueva travesía que nos conduzca a un entorno sostenible para las personas y el planeta. De nuestro esfuerzo colectivo depende que la aprovechemos para ganar el futuro que nuestra sociedad se merece.

Dorleta Marina es directora de proyectos de IberBlue Wind