Modelo energético óptimo: no dejemos las cosas a medias

No se trata de rebajar el consumo, sino de modularlo adaptando la operativa de las empresas para ajustarlo a la estructura del parque de generación actual

El pasado 25 de agosto, el pleno del Congreso de los Diputados convalidó el Real Decreto de medidas de eficiencia energética y de reducción de dependencia de gas natural. Además de las medidas de eficiencia energética, se abordan medidas urgentes para facilitar la penetración de generación renovable eléctrica, en particular el autoconsumo, y su integración en el sistema eléctrico, así como la penetración de gases renovables. El impacto de la guerra que se está librando en Ucrania en el precio y abastecimiento de energía ha puesto en relieve un problema que llevamos arrastrando muchos años en el sector eléctrico español, al mantener un sistema marginalista donde la energía más cara es la que marca el precio. Las medidas de eficiencia energética establecidas en el corto plazo ayudan, pero no dejan de ser un parche más.

Es hora de trabajar en el establecimiento de un sistema de gestión de demanda de energía por el lado de las empresas, incentivándolas con mecanismos que les permitan poder actuar. El impacto sería mayor trabajando no solo desde el punto de vista de la oferta eléctrica, aumentando la cartera de energía renovable y diversificando las fuentes de abastecimiento de gas, sino también desde el punto de vista de la demanda para poder reducir y modular el consumo eléctrico.

En mayo del 2012 publiqué un artículo sobre gestión de demanda, en este diario, bajo el mismo título: Modelo energético óptimo: No dejemos las cosas a medias. En aquel momento, la escasa concienciación social sobre el ahorro de energía, debida principalmente al bajo precio de la energía y a la inelasticidad de la demanda, contribuían a mantener la situación de inanición. El actual escenario de gran volatilidad de precios de la energía con puntas de precios desorbitadas era uno de los escenarios posibles sobre el que nunca se trabajó.

El uso eficiente de la energía por parte de las empresas puede ser clave para una mejor operación del sistema eléctrico y, a la vez, repercute directamente en su cuenta de resultados. Es necesario establecer un mecanismo incentivador eficaz, que permita a las empresas consumidoras de energía poder aportar energía eléctrica al sistema cuando sea necesario, para su optimización.

Hasta julio del 2020, en España se contaba con una herramienta para los consumidores electro-intensivos que era el servicio de interrumpibilidad. Red Eléctrica usaba esta herramienta para dar una respuesta rápida ante restricciones de oferta eléctrica, de modo que se pudiese mantener la seguridad del sistema al menor coste posible. Hay situaciones en las que no hay suficiente generación para abastecer toda la demanda, debido a una punta de consumo, una pérdida de generación renovable, condiciones meteorológicas u otras causas.

Ante estas situaciones, mediante una orden de Red Eléctrica, los grandes consumidores reducían su consumo para seguir manteniendo el equilibrio entre oferta y demanda, percibiendo una retribución económica por prestar el servicio.

El pasado jueves 20 de octubre, Red Eléctrica volvió a reactivar este mismo mecanismo bajo el nombre de servicio de respuesta activa de la demanda. En mi opinión, este mecanismo no es suficiente para poder optimizar el actual sistema eléctrico. Cuando se creó en 1995, contábamos con una estructura de generación muy distinta a la actual, con casi nula participación de la energía solar y eólica y con ausencia de plantas de ciclos combinados de gas. Para hacernos una idea, el parque de generación de fuentes de energía no tan fácilmente gestionables (como es el caso de la energía solar y eólica) ha pasado de generar menos de 4.500Gwh en el año 2000 a más de 80.000 Gwh a finales del año pasado.

No parece suficiente disponer de un mecanismo de gestión de demanda que actúa fundamentalmente para reducir las puntas de consumo. En mi humilde opinión, habría que desarrollar otros mecanismos que se adapten a la estructura actual del parque de generación y nos ayuden a reducir la dependencia del gas. Estos mecanismos deberían estar acompañados de incentivos que permitan a las empresas adaptar sus sistemas productivos y sus operaciones. De este modo, la demanda podría participar más activamente para ayudar a reducir el coste del sistema.

Habría que contribuir a la optimización de la curva de demanda eléctrica mediante un cambio en los comportamientos a la hora de consumir para que las empresas consumidoras se adapten a la disponibilidad de las diferentes fuentes de energía. Supondría una mayor eficiencia en el conjunto del sistema y una mejor integración de las energías renovables.

Ahora que nos enfrentamos a gran volatilidad de los precios del gas, podría ayudar no depender tanto de la llamada generación de respaldo (las centrales de ciclo combinado que usan gas como combustible para operar) que usa una fuente de energía cuyos precios no parece que se vayan a estabilizar a la baja en el medio plazo y además nos hace dependientes de terceros países; exponiéndonos a tensiones geopolíticas.

No solo se trata de consumir menos, sino de modular el consumo adaptando la operativa de las empresas para poder adaptarse a la estructura del parque de generación actual. Si lo hiciésemos bien, la necesidad de incrementar infraestructuras sería menor, el coste para el sistema se podría reducir y podríamos mitigar el riesgo de abastecimiento o encarecimiento de algunas de las energías que importamos.

Mariola Pina es Presidenta y consejera delegada de Getting Greener