El alza de los tipos no se traslada a la deuda: el pago de intereses solo sube un 3,6%

Las emisiones brutas sube un 8,2%, hasta los 256.90 millones de euros

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Las subidas de tipos para poner freno a la inflación están generando un gran revuelo en los mercados, pero su impacto en las cuentas públicas continúa siendo moderado. Aunque a lo largo de 2022 las colocaciones celebradas por el Tesoro han venido registrando unos intereses mayores, el gasto al que tendrá que hacer frente el Estado para abonar los intereses de la deuda continúa siendo asumible. Según los Presupuestos Generales, el Gobierno prevé desembolsar 31.275 millones para el pago de intereses, un 3,6% más que en 2022.

El menor aumento de esta partida, que supone el 6,9% del total del gasto presupuestado (455.978 millones de euros), se debe a que las emisiones en circulación siguen gozando de unos rendimientos inferiores, muchos de los cuales incluso siguen contando con rentabilidades negativas. Gracias a la intensa labor de financiación acometida en los años de tipos cero, el Gobierno espera que el coste medio de la deuda en circulación (1,61% a cierre de agosto) se incremente en los próximos meses, pero de manera gradual. Las referencias que van venciendo siguen cuentan con unos cupones superiores a las nuevas. A ello se suma el hecho de que solo un pequeño porcentaje de la deuda debe refinanciarse y se ve expuesta a los mayores tipos de interés derivados del proceso de normalización monetaria.

Como ya ha quedado patente en el último año y medio, la recepción de los fondos procedentes del programa de reconstrucción europea Next Generation seguirá sirviendo de oxígeno a los tesoros nacionales. A pesar de las ayudas que se recibirán, las menores amortizaciones de deuda a medio y largo plazo registradas en 2022 y el préstamo a la Seguridad Social para financiar las pensiones obligarán al Tesoro a incrementar en un 8,2% las emisiones brutas, hasta los 256.930 millones. Esta cifra continúa lejos de los 264.312 millones de euros registrados en el año de la pandemia, cuando el Gobierno se vio obligado a elevar las emisiones para financiar la batería de medidas desplegadas para mitigar los efectos de la crisis del Covid.

Por sexto año consecutivo, el organismo que dirige Carlos Cuerpo hará una transferencia a modo de préstamo a las arcas de la Seguridad Social para sufragar el aumento de las prestaciones y lograr el equilibrio financiero. El importe que se destinará en 2023 asciende a 10.004 millones, un 4,3% más que en el presente ejercicio.

El incremento de las emisiones netas no impedirá al Tesoro seguir recortando sus necesidades de financiación. Deducidas las amortizaciones, las emisiones netas alcanzarán los 70.000 millones de euros, 5.000 millones menos que lo previsto para 2022. A pesar de este recorte la cifra continúa estando lejos los 19.960 millones registrados antes del estallido de la pandemia.

El seguir contando con unas condiciones financieras cómodas permitirá al Tesoro dar un paso más en su estrategia de financiación a medio y largo plazo. El grueso de las emisiones corresponderá a bonos, obligaciones y otras deudas (94,2% del total), reduciendo a solo el 5,8% el peso de las letras. Con esta hoja de ruta la vida media de la deuda se estabiliza en el entorno de los ocho años, unos niveles históricamente altos que contrastan con lo acontecido en la crisis financiera de 2012, cuando los elevados intereses de la deuda y la desconfianza que existía en el mercado obligaron al Tesoro a concentrar sus apelaciones en los plazos cortos.

El Gobierno se mantiene firme en su compromiso con la transición ecológica. Para transformar las palabras en hechos se necesita de un gran volumen de recursos financieros y aquí los bonos verdes juegan un papel prioritario. El Tesoro reitera su intención de que estas colocaciones pasen de ser coyunturales a integrarse de manera plena en la estrategia de financiación.

El reto de bajar la deuda

Ratio sobre PIB. La vuelta a la senda de crecimiento económico tras los estragos causados por la pandemia continúa siendo insuficiente para rebajar el abultado volumen de la deuda. Aunque en 2021 se logró poner freno al notable crecimiento experimentado un año antes, el objetivo de devolver la ratio de deuda sobre PIB por debajo del 100% tendrá que esperar. Para 2023 el Ejecutivo prevé que este indicador se modere al 112,4% y retrasa a 2025 la caída al 109,7%. Mientras el Ejecutivo espera que los intereses de la deuda experimenten un pequeño repunte, resta importancia a este hecho y según lo reconocido en la presentación de los presupuestos prevé que siga bajando el peso de los intereses de la deuda sobre PIB, una tendencia que viene imperando desde 2014.

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