Análisis

El mercado guarda en un cajón los 100 días de gracia para Credit Suisse

Los inversores desconfían de Credit Suisse y piden acelerar sus planes de reestructuración

Bandera suiza junto a un edificio de Credit Suisse en Zurich.
Bandera suiza junto a un edificio de Credit Suisse en Zurich. REUTERS

Credit Suisse acumula problemas. Los escándalos de Archegos y Greensill provocaron la pérdida de 1.900 millones de euros hasta junio. Un lastre al que se suma la precipitada salida de Antonio Horta-Osório de su presidencia tan solo meses después de su nombramiento por saltarse la política anti-Covid de la entidad. Todo ello ha derivado en una crisis que el mercado está castigando con fuerza.

El consejero delegado de la entidad suiza desde julio, Ulrich Körner, un experto en reestructuraciones, solicitó 100 días de tregua pero el mercado ha dejado claro que no está dispuesto a esperar a finales de mes para conocer el nuevo plan estratégico de la entidad y se lo está haciendo saber a golpe de castigo a sus acciones y sus seguros de impago (CDS). El mercado ha disparado el coste de los swaps de incumplimiento crediticio a niveles muy por encima de los vistos en la quiebra de Lehman Brothers.

El mercado da por sentado que, más allá de la segregación de algunos de sus activos o la venta de determinadas áreas de negocio, la entidad recurrirá a una ampliación de capital para reforzar sus fondos propios. Algunas firmas como KBW llegan a cuantificar esta necesidad en 4.000 millones de francos suizos (4.100 millones de euros al cambio), cuando su capitalización en Bolsa se sitúa ya por debajo de los 10.500 millones de francos suizos (10.700 millones de euros).

Las dudas sobre Credit Suisse no están teniendo impacto, por ahora, sobre el resto del sector bancario. Su especialización en banca privada, gestión de activos y banca de inversión la aleja de los posibles problemas de una banca comercial tradicional –léase Banco Popular o Bankia–. Si bien, hay voces que comparan la actual situación de Credit Suisse con la de UBS en 2012. El banco, que arrastraba problemas desde el estallido de la crisis financiera, optó entonces por despedir a 10.000 trabajadores, reducir a la mínima expresión el área de renta fija y recibir una inyección de 6.000 millones de francos (unos 3.700 millones de euros entonces) por parte del Gobierno suizo.

A los problemas de Credit Suisse se suma el nerviosismo del mercado. En un ejercicio en el que tanto la renta fija como la Bolsa acumulan fuertes caídas lastrados por las omnipresentes guerra en Ucrania, crisis energética, inflación disparada y subida de tipos por parte de los bancos centrales, los inversores están ojo avizor para disparar sus apuestas bajistas y tratar de lograr plusvalías con las que maquillar el final de año.

Prueba de ello fue el ataque de la pasada semana a la libra esterlina, que a punto estuvo de perder la paridad contra el dólar. Y es que el mercado tampoco ha concedido los 100 días de gracia a la primera ministra británica Liz Truss, quien ya ha tenido que dar marcha atrás a sus planes de bajada de impuestos a las rentas más altas para contentar al mercado, y a sus propias filas conservadoras.

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