El hotel que ensalza la artesanía menorquina

La cadena Gran Meliá se estrena en la isla más tranquila con un concepto de hotel de lujo sostenible

Acoge el proyecto ‘Artistas en residencia’, con el que rinde homenaje a la cultura local

Detalle de una habitación, decorada con artesanía de la isla.
Detalle de una habitación, decorada con artesanía de la isla.

Se llama Villa Le Blanc, un hotel de gran lujo, que la cadena hotelera Gran Meliá ha abierto en Menorca –se trata del 15º proyecto con el distintivo más exclusivo que la empresa española abre en el mundo–. Se trata de un prototipo de hotel, situado frente a las cristalinas aguas turquesas de la costa de Migjorn, en la playa de Santo Tomás, a medio camino entre Mahón y Ciutadella, energéticamente neutro en carbono y marcado por una variedad de opciones gastronómicas que sirven de homenaje a la cocina y el modo de vida menorquín, con guiños a la artesanía de una de las islas con más encanto de España, declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1993. Un lugar tranquilo, un refugio de piedra blanca, para el disfrute y para caer rendidos ante las puestas de sol del horizonte mediterráneo o caminar dentro de la ruta Camí de Cavalls, en conexión íntima con la naturaleza de la isla.

El hotel nace –ocupa las antiguas instalaciones del Sol Beach House– con la vocación de convertirse en destino y un punto de encuentro para el descanso. El proyecto de reforma, realizado por el arquitecto Álvaro Sans y por su hija Adriana Sans, combina un diseño contemporáneo envuelto en sencillez y detalles. Dispone de 159 habitaciones (a partir de 250 euros), de las cuales 46 son de categoría prémium y 68 supreme. Tres de ellas, la Penthouse, la Master Swim Up y la Presidential Suite, ofrecen un repertorio de lujosas comodidades, entre las que se encuentran vistas privilegiadas al mar, que se pueden disfrutar desde sus balcones y desde la piscina privada de la habitación. Los colores protagonistas son los tonos blanco y azul, así como las grandes terrazas y porches característicos de la arquitectura de las islas. Las piscinas y la azotea conectan con el mar. Y hasta el mar llega el proyecto paisajístico del hotel, basado en un jardín mediterráneo, salpicado de olivos, granados, cipreses, arbustos y plantas de menor tamaño como el hipérico balear, la siempreviva o la lavanda rizada, que dan forma a este telón de fondo botánico, realizado por Alfonso Pérez-Ventana, experto en jardinería formado en el Real Jardín Botánico de Madrid.

El hotel que ensalza la artesanía menorquina

El diseño y mobiliario recuerda a un club de playa en los años dorados de la costa balear, una combinación de pasado, presente y futuro.

El hotel cuenta con el proyecto Artistas en residencia, con el que la cadena hotelera realiza un viaje por la cultura, creando todo un homenaje al arte y costumbres locales. Cerámicas, artesanía tradicional, esculturas en cristal y antigüedades, la decoración se exhibe de manera distinguida con piezas de madera antigua mallorquina del anticuario Port, así como con esculturas de artistas como Nuria Román, Blanca Madruga y objetos de vidrio soplado de Marta Armengol, con sus formas orgánicas, o de la familia Gordiola de Mallorca.

El hotel que ensalza la artesanía menorquina

La recepción en la que se da la bienvenida al visitante cuenta con obras de Rosario de Menorca: sus caballos de cerámica, las peculiares manos de colores y distintas figuras crean un entorno cálido. Uno de los elementos más característicos y mediterráneos que se repiten son los arcos y las hornacinas, engalanadas con demonios de carita traviesa creados por los artesanos Pere y Gabi Ignasi.

El hotel cuenta, además, con la galería Arcs donde se pueden adquirir piezas de los artistas anteriormente citados, y de un espacio dedicado a una de las marcas más emblemáticas de la isla, como es la firma de calzado Pons Quintana. El spa lleva el sello de la francesa Anne Semonin.

Enclavado frente a las aguas turquesas de la playa de Santo Tomás, el hotel ofrece numerosas vistas al mar Mediterráneo, incluso desde la bañera.
Enclavado frente a las aguas turquesas de la playa de Santo Tomás, el hotel ofrece numerosas vistas al mar Mediterráneo, incluso desde la bañera.

La gastronomía tiene un gran protagonismo en sus tres restaurantes con una propuesta basada en el producto local, como el porc negre, la sobrasada, la langosta o los quesos de Mahón y los sabores mediterráneos creados por el afamado S’Amarador, la propuesta de cocina a la brasa de NIVI y con Cru, del restaurador Joan Canals, que ha replicado la cocina del restaurante ubicado en Ciutadella, Ulisses, en el hotel.

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