La inversión en banca entre la euforia de los tipos y el riesgo de recesión

Las condiciones del mercado de renta variable para las entidades financieras empezó a cambiar para bien hace un año, cuando los bancos centrales de todo el mundo comenzaron a admitir que la inflación recuperaría tasas desconocidas desde hacía varios ejercicios. Mejoraron de forma adicional cuando los administradores de la política monetaria reconocieron públicamente que la vertical de los precios era un fenómeno persistente y en absoluto coyuntural; y lo hicieron de forma definitiva cuando empezaron a agitar los tipos de interés y a estirar los márgenes de intermediación del negocio de prestar dinero a empresas y hogares. Por ello, ahora la banca, especialmente en España, acumula las mayores subidas en sus cotizaciones de todo el parqué, con alzas del 50% desde los mínimos, un porcentaje que seguirá creciendo con el nuevo escenario de precios del dinero ya adelantado por Fráncfort.

La banca española es la que más sensibilidad tiene a las subidas de los tipos de interés, porque acapara una alta concentración de crédito hipotecario en su cartera, y de forma muy extendida, de carácter variable. Si el escenario manejado por las entidades cotizadas antes de verano era de unos tipos directores que podrían cerrar este año en el 1%, ahora el mercado descuenta, ya que tal tasa puede superar notablemente el 2% en el inicio de 2023. Con tales números alcanzados de forma tan rápida, las cuentas de resultados de los bancos dispondrán de un ejercicio 2023 muy favorable, muy por encima de las estimaciones realizadas hace tan solo unos meses.

Así las cosas, los títulos bancarios han vuelto a los porfolios de los inversores de forma intensa, aunque una muy buena parte de la revalorización potencial ha sido absorbida ya. En todo caso, la toma de posiciones en tales valores debe considerar otras cuestiones que pueden determinar también sus precios. La mayor dificultad que pueden enfrentar es una más que posible recesión de las economías europeas, que dependerá tanto del conflicto bélico en Ucrania y sus consecuencias en los precios de la energía, como en el comportamiento de la demanda de crédito en un contexto de inflaciones elevadas y tipos de interés agresivos. Añaden también sombras las iniciativas en algunos países, en España entre ellos, de una imposición extraordinaria sobre los beneficios, aunque sigue sin determinarse cómo será tal impuesto. Las autoridades supervisoras admiten, eso sí, que la banca tiene capital sobrado para soportar una recesión en la zona euro, un capital que se podrá reforzar con avances extras en los beneficios si se mantienen ciertas limitaciones a su reparto a los accionistas.