Hoja de ruta para el compromiso real con la ESG

LLYC analiza los retos a los que se enfrentan las empresas en materia ambiental, social y de gobernanza

Hoja de ruta para el compromiso real con la ESG

El papel que desempeña la empresa en la sociedad ha cambiado. Ha dejado de ser vista como una entidad al margen de la sociedad en la que opera para exigir de ella que tome un papel activo en la búsqueda y ejecución de soluciones en materias ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés, o ASG, en español). A raíz de la pandemia se ha puesto de manifiesto la interconexión de los elementos sociales, éticos y ambientales y su creciente importancia para la ciudadanía.

La consultora de comunicación, marketing digital y asuntos públicos LLYC ha pulsado ese interés ciudadano en el informe 10 retos de la ESG en un mundo convulso. Hoja de ruta para empresas que apuestan por un compromiso real, que acaba de publicar. El estudio analiza cómo se encuentra la conversación social en torno a la ESG en la empresa acudiendo al nuevo ágora que es Twitter, donde el equipo de DDB de LLYC analiza 11,5 millones de mensajes generados en España, en español y dentro de España, desde el 1 de mayo de 2019 y el 6 de junio de 2022.

“Twitter marca la tendencia, es donde está la discusión. Creemos que sirve mucho para entender sobre todo lo que está por venir”, señala Almudena Alonso, directora sénior de stakeholders de LLYC. “Esta escucha está enfocada al comportamiento empresarial respecto a lo que deberían hacer en temas de sostenibilidad. Hemos querido sacar el ruido, no se centra en lo que se exige a la comunidad política”, puntualiza Alonso. “El estudio parte de un periodo muy amplio porque queríamos ver la evolución con el momento disruptivo de pandemia”, añade.

El informe de LLYC analiza 11,5 millones de mensajes en Twitter en España

Las tres dimensiones de los temas de sostenibilidad son sumamente importantes y están íntimamente ligadas, pero en el estudio realizado por LLYC sobre la conversación en Twitter, los aspectos ambientales son los que generan un mayor nivel de conversación, cubriendo un 65,4% de los mensajes. Los aspectos relacionados con temas sociales o laborales alcanzan el 32,1%. El tercer lugar lo ocupa el factor de gobierno, con apenas un 2,5% de la conversación.

Desarrollo normativo

Cristina Monge, politóloga y socióloga, integrante del panel de expertos que han colaborado en el informe de LLYC, reconoce que “en los últimos años ha habido mucho desarrollo de legislación y de programas voluntarios relacionados sobre todo con emisiones de CO2, y eso ha hecho que la percepción pública se vaya hacia allí”. Sin embargo, remarca Monge, “la sostenibilidad tiene que implicar también la parte social y la de buen gobierno de la empresa. Es decir, que las empresas tienen que hacer su negocio haciendo las cosas bien. Eso implica, primero, que tienen que gobernarse bien. En segundo lugar, que tienen que tener en cuenta sus externalidades ambientales. Y en tercer lugar, que tienen que ser conscientes de cómo están influyendo en la configuración de una sociedad”.

Los aspectos ambientales son los que marcan un mayor nivel de conversación (65%)

La temática que encabeza las conversaciones es la de contaminación y residuos, con más de un tercio (38%). La razón es que la reducción de la contaminación del aire, el agua y el suelo, así como la gestión de los residuos, son problemas de alcance y gestión local, más cercanos a los perfiles que impulsan las conversaciones. El segundo gran tema se corresponde con el mayor reto ambiental de nuestra era: el cambio climático, con un 25% de los mensajes y un 22% de los perfiles.

El estudio detecta que ha surgido una comunidad negacionista muy fuerte en la temática de cambio climático (20% de mensajes, 16% de perfiles, 14% de alcance), frente a las comunidades ecologistas (con una media del 15% de los mensajes, el 9% de los perfiles y el 14% del alcance).

Incentivos y formación

El informe se detiene también en dos puntos que van íntimamente ligados, los incentivos y la formación. Para la directora sénior de stakeholders de LLYC, “la mejor manera de que esto cale en toda la organización es con un CEO o un comité de dirección convencidos, vincular sus propios resultados y objetivos no solo a la consecución del número sino a la consecución del número de una manera responsable. Al final si la gente lo entiende se siente también orgullosa de colaborar y eso los líderes son los únicos que pueden hacerlo”.

Aunque alejado de las conversaciones en Twitter, el cumplimiento normativo es el primer paso para establecer en cualquier empresa una cultura empresarial y un gobierno corporativo alineado con los valores de la sostenibilidad, destaca el informe. Monge recalca que “una cosa es cumplir la legalidad, que es obligatorio, y otra cumplir los estándares. De lo que se trata es de que la empresa entienda que estos temas son una oportunidad para hacer las cosas mejor, y por tanto tu empresa va a ser más exitosa”.

El informe concluye que la asunción de la Agenda 2030 con sus ODS y las políticas de ESG dentro de las empresas suponen sendos marcos para avanzar en el camino de la sostenibilidad, objetivo último, colectivo e inaplazable.

Los 10 retos empresariales

Una vez detectadas las preocupaciones, el informe propone una serie de pautas y expone los retos a los que se enfrentan las empresas para atender esas demandas.

1) Conectar con la ciudadanía, para que la sostenibilidad esté en su contexto cotidiano, cercano y actual; 2) utilizar un lenguaje sencillo, alejado de términos técnicos; 3) es necesaria la existencia de un marco legal estable y común para todas las empresas; 4) estandarización de las métricas a nivel global; 5) la Administración pública tiene que recompensar a los mejores y sancionar a los peores mediante los mecanismos que existen, tales como la compra pública, la inversión pública, la fiscalidad y el activismo público en empresas privadas mediante la SEPI, entre otras; 6) alianzas de colaboración público-privada-social; 7) incentivos ligados a la ESG, empleando un enfoque estratégico y centrado en el impacto sobre los grupos de interés; 8) mejora de los aspectos sociales; 9) trabajar con las cadenas de suministros, y 10) formar a los máximos líderes de las empresas para alcanzar los compromisos ambientales, sociales y de buen gobierno, y crear una cultura sostenible en todos los niveles.

Se trata, en resumen, de satisfacer estas necesidades halladas en la conversación, para no hacer greenwashing sino realmente formar parte del compromiso con la ESG.

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