Ros, muebles a la medida de hogares, residencias de estudiantes y geriátricos

La empresa catalana invertirá entre 8 y 10 millones para su robotización

En septiembre lanzará una nueva línea de muebles para joven-adulto

Muebles Ros
Una habitación juvenil amueblada con productos de Ros.

De un taller artesanal de carpintería y ebanistería a una industria automatizada que diseña y fabrica mobiliario a medida, personalizado. “Nos gusta definirnos como el tailoring [sastre] del mueble”, dice orgulloso por teléfono desde Lleida Enric Ros, consejero delegado de esta compañía familiar, con 89 años en el mercado y la tercera generación al mando.

Su abuelo, Josep Ros, que inició el negocio en 1933 en el municipio leridano de Artesa de Segre, pronto se dio cuenta de que la fabricación en serie dejaba más dinero que ser carpintero de pueblo, cuenta Ros. Así, en la posguerra, comenzó primero a producir camas y luego, armarios y mesas.

En los sesenta, con la incorporación de su padre, Ramon Ros, inicia la expansión a grandes ciudades como Barcelona y Girona. “Se produce el primer crecimiento y entran en el mundo modular, seriado básicamente, con ventas a Cataluña”, comenta.

Muebles Ros
Mueble para teletrabajo.

Conversión industrial

En los setenta-ochenta se produce otro salto: el taller se convierte en una empresa de fabricación industrial. Introducen la melamina –tablero de aglomerado hecho con material reciclado– como materia prima, se centran en muebles modulares juveniles y su madre, María Rosa Gené, hoy directora general, se une al negocio como directora comercial. “A partir de aquí los crecimientos fueron más rápidos, sobre todo en los años noventa, y hay una expansión nacional e internacional”, prosigue.

Sin embargo, en 2008-2009, con la llegada de Enric Ros a la compañía, ocurre el gran cambio. “Pasamos a una fabricación más automatizada, hacemos una fuerte inversión tecnológica para producir uno a uno 100% bajo pedido, especializados en infantil y juvenil, con una fuerte presencia en el mercado nacional”, recuerda.

Hoy, su seña de identidad es la personalización para poder competir con grandes cadenas como Ikea o Conforama. “Entendimos que la economía de escala, el mueble por volumen, no era nuestro core business. Por eso entramos dentro de este mundo aspiracional, nuestra última transformación, que el cliente aprecia más, casi convirtiendo el mueble en moda”, explica. Es decir, adaptan su mobiliario a las necesidades, estilos de vida y personalidad de sus clientes. “Yogui, hípster, deportista, científica...”, especifica.

Enric Ros
Enric Ros, CEO de la empresa.

Próxima apuesta

La compañía, que facturó 25 millones de euros en 2021, se prepara para la automatización de sus procesos. La intención es invertir entre 8 y 10 millones en los próximos cinco o seis años en este capítulo. “Queremos robotizar para crecer, con más gama de producto y más presencia en el mercado, no para reducir plantilla”, aclara. Actualmente tiene 320 trabajadores.

También para incrementar sus exportaciones –solo representan entre el 10% y el 15% de la facturación–, principalmente a Francia y a toda Europa, y conquistar nuevos mercados, una de las asignaturas pendientes para el principal responsable de la firma. Hasta ahora están presentes en 15 países, entre ellos Grecia, Italia, Francia, Alemania, Panamá y Mozambique.

Ros
Un trabajador manipula la máquina del centro de chapado de formas curvas.

Producción y tiendas

La compañía fabrica unas 120 habitaciones diarias, unas 10.000 piezas al día personalizadas y más de 4.000 referencias, detalla Ros. Y cada año actualiza una gama de producto de sus líneas infantil y juvenil.

De hecho, en septiembre, en la Feria del Mueble de Valencia, lanzará una para joven-adulto, la tradicionalmente conocida como de matrimonio. Y durante la pandemia lanzó otra para el teletrabajo. “Aprovechamos para sacar un producto que llenaba un hueco de mercado muy necesario”, añade. También ofrece la gama Montessori, que se adapta a las necesidades de crecimiento del niño; la Pride, para el colectivo LGTBI+, y la Contract, para residencias de estudiantes, geriátricos y coliving.

Además, cuenta con alrededor de 800 puntos de venta. “Apostamos por el canal tradicional y las tiendas profesionales; no vendemos a la gran superficie ni a grandes almacenes del mueble”, puntualiza.

Living Juvenil, Baby Moon, Nenelandia o Mobel 600 en Madrid; Lara y Bebes Boix en Valencia; Muebles Gascón y Hernández en Huesca; Habitario, Mueblecope y La Paz en Barcelona; Mobles Prats en Lleida; Muebles al Momento en Málaga, y Expomuebles Villabaso en Bizkaia son algunos de los establecimientos. “Es difícil mencionar nombres, ya que son muchos los clientes y amigos que han estado con nosotros”, manifiesta.

Fomento de la circularidad

Melamina
Tableros de melamina.

Materia prima. La melamina utilizada proviene de plantaciones controladas, según la empresa, y contiene un 60% de material reciclado, con el objetivo de llegar al 100%. “Cuando se acaba la vida útil de un mueble hecho con este material, se vuelve a triturar y a convertir en tablero de nuevo”, señala Enric Ros, máximo responsable de la compañía, quien insiste en que tiene casi una circularidad total. Además, agrega que es un material muy resistente a los cambios de temperatura e insolación.

Duración. “Una habitación puede durar 30 años montada o pasar de padres a hijos; no se estropea, no envejece, se cambia por moda”, recalca.

Reutilización. La calefacción de su planta de 35.000 metros cuadrados se alimenta del serrín y los retales sobrantes de los cortes, indican, “un ejemplo de la reutilización de materiales y la aplicación del concepto residuo cero”.

Renovables. La empresa ha instalado en el tejado de su fábrica 1.500 placas solares que producen 300 kilovatios hora de energía. Pero la intención es llegar a 600 kW este año para cubrir el 45% de su consumo eléctrico.

Incertidumbre por la mayor presencia de cisnes negros

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Una empleada gestiona el centro de mecanizado polivalente.

Ros ha vivido a lo largo de sus casi 90 años en el mercado varias crisis económicas, igual o peor que la actual, y varias transformaciones profundas en su industria. Por eso afronta este cambio de ciclo, en el que se vislumbra un riesgo de recesión, con prudencia y optimismo. “La clave está en ser muy flexibles, ágiles y ser capaces de adaptarse”, considera Enric Ros, consejero delegado de la compañía de muebles.

Si bien su empresa no se ha visto afectada por la rotura de la cadena de suministros, ya que sus proveedores son nacionales, sí ha tenido que hacer frente al aumento de precio de la energía, “que está tres o cuatro veces más alto”, y de los materiales.

“Hemos tenido que subir el precio de nuestros productos un 16% en global, igual que todos los sectores”, arguye el directivo, al tiempo que se cuestiona qué pasará con el consumo. “Es la gran pregunta. No se sabe si habrá o no recesión. Estamos en un momento de mucha incertidumbre; antes había pocos cisnes negros y ahora hay muchos”, subraya.

Pese al contexto adverso, la empresa prevé que su facturación suba este año a 28 millones de euros, 3 millones más que en el ejercicio anterior. Y tras la robotización de sus procesos y de otros proyectos en marcha de innovación y diseño esperan ganar capacidad y tecnología para “atacar el mercado exterior con cierta fortaleza”.

Para lograrlo, Ros confía, además, en su propuesta de diseño y fabricación a medida y bajo pedido. Un concepto, el de la personalización, que han denominado Mood. “Es la pretensión nuestra de ser aspiracionales. De entender que cada cliente es único, que tiene una aspiración y que tenemos que cubrirla”, sostiene.

La compañía se involucra en toda la decoración de una habitación, los colores, el papel de pared y los materiales complementarios, como cuadros, alfombras..., gracias al equipo de diseño propio con el que cuenta. El objetivo final es construir una identidad.

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