La mala pasada de la inflación a las emisiones de bonos del Tesoro

No hay que descartar la posibilidad de una recompra anticipada de la deuda ligada a los precios

La inflación es uno de los enemigos del progreso aceptados por todos, aunque todos entienden también que hay circunstancias en algunas economías, especialmente las emergentes, en las que es muy complicado controlarla por la presión continua de la demanda en mercados ineficientes de bienes y servicios. Si tiene algo de positivo es el efecto devaluador que ejerce sobre las deudas en términos relativos, puesto que tanto principal como intereses quedan lentamente recortados si la renta de los endeudados avanza a ritmos similares o cercanos a la inflación. Este ejercicio de deflactación natural del pasivo, que sería bienvenido en el caso de las deudas del Tesoro de la mayoría de los países europeos, ha quedado en parte eliminado por la emisión significativa de bonos ligados a la inflación en los años pasados, en los que los precios estaban estancados o incluso cayendo.

En el caso de España, el Tesoro ha emitido en los últimos años de inflación escasa y coqueteo con la deflación casi 72.000 millones de euros en bonos ligados a la inflación a distintos plazos y a distintas rentabilidades, positivas unas y negativas otras veces. La operación pretendía ofrecer a los compradores de los títulos la posibilidad de incrementar tanto principal como rendimiento de forma adicional con los pequeños avances del índice de precios de la eurozona. Un estímulo razonable y muy poco costoso, pero que puede convertirse en abultado si la inflación retoma un ciclo alcista, como es el caso del último año.

Todos los títulos de deuda emitidos con esta fórmula, incrementan cada año el principal en la misma proporción que lo haga la inflación, y aunque se mantiene estable la remuneración porcentual, el retorno se incrementa también porque se aplica sobre una base superior. No existe una ganancia superior, pero se evita la devaluación del activo, en tanto que en el caso de bonos tradicionales la pérdida es reiterada en ciclos inflacionistas. En todo caso, dado que muchos bonos se han emitido con tipos negativos, solo se eleva el principal, y el cupón incrementado corre a favor del emisor.

El Tesoro español tiene que hacer frente ya en 2023 a la amortización de unos 6.000 millones de bonos ligados a la inflación, lo que le obligará a emitir una cantidad superior para absorberlos, ya que solo este año el principal puede incrementar su valor cerca del 10%. El resto de la partida seguirá acumulando incremento del principal en próximos ejercicios si las tasas de inflación, como prevén los expertos, se mantienen elevadas. Pero no hay que descartar la posibilidad de una recompra anticipada por parte del Tesoro, aunque frenar el avance del principal suponga abonar unos intereses más elevados en las nuevas emisiones, ya que el bono a diez años remunera ya muy por encima del 2%.