Jefes en serie

Claustrofobia organizativa y barreras de género

La jueza Montes es obstinada y de fuerte carácter, pero muy frágil a la vez

Refleja el síndrome de la impostora, que frena el talento femenino en las organizaciones

Candela Peña en su papel como jueza Montes en la serie ‘Hierro’.
Candela Peña en su papel como jueza Montes en la serie ‘Hierro’.

Claustrofobia, belleza, viento pueden ser características de determinadas islas, pero cuando hablamos de la Isla del Hierro cobra dimensión de storytelling. Aparece como una isla llena de peculiaridades, costumbres, modismos propios que hicieron mis delicias y placeres como visitante y luego como espectador. Más allá del paisaje seco, rocoso, esos troncos de árboles retorcidos sobre sí mismos, esos acantilados perturbadores; esas plantaciones de plátanos saturadas de calor, esa tierra negra volcánica, esa isla donde el aislamiento y la insularidad siempre están presentes, los límites finitos de la isla, que conecta con el mundo exterior a través del ferri que sale cada día del puerto. Ahí transcurre la historia de la jueza Montes.

Carácter y sensibilidad

El personaje de Montes es muy complejo y duro. Sin embargo, es imposible que no genere empatía y caiga bien a los espectadores por sus cicatrices de la vida -que se atisban, pero nunca se llegan a desvelar del todo- y la mochila triste e invisible que lleva a sus espaldas -se enfrenta en solitario al cuidado de su hijo-. Otro rasgo definitorio es la extraña simetría entre los dos grandes personajes de la serie. Colocados en las antípodas morales, Candela y Antonio Díaz [el actor Darío Grandinetti], que inicialmente parece el culpable de asesinato por sus turbias relaciones con una organización criminal, tendrán una extraña conexión basada en algunos comportamientos afines. Ambos son obstinados, de fuerte carácter, y tienen cierta manera personal de llevar las cosas.

En Hierro, los guionistas escriben, de un modo maestro, contra las expectativas del espectador. Para muestra un detalle de su primer capítulo, una menudencia exquisita de escritura sorprendente: cuando la jueza llega a la isla, habla con unos albañiles que le están arreglando el baño de su nueva casa y les pide, taxativamente, que acaben la obra ya, tal y como se habían comprometido. Enseguida la mente del espectador proyecta una imagen de ella como alguien acostumbrado a cierta clase de vida, que exige que se acabe una obra porque no puede vivir “ni un día sin cuarto de baño”. Alguien poderoso, con carácter… Pero, al final del capítulo, descubrimos que Candela tiene un hijo afectado por una enfermedad neurológica y que necesita ese cuarto de baño terminado para duchar a su hijo, al que ama con una ternura desgarradora.

El síndrome de la impostora

Esta percepción sesgada tras su asertividad inicial, rozando la agresividad verbal, es la que muchas personas pueden ver en determinadas mujeres que han tenido que hacerse un lugar entre directivos varones. Mi percepción de la jueza Montes no es la de una mujer fuerte; en realidad es una persona que por su situación personal se siente muy frágil. Sin embargo, hace lo imposible para avanzar y progresar en su carrera profesional y cumplir con sus objetivos.

En ella se ven reflejados claramente el síndrome de la impostora, el techo de cristal y la socialización diferenciada, que son las principales barreras para el desarrollo del talento femenino en la organización. El primero, viene dado por la falta de autoestima y confianza para desarrollar puestos en espacios tradicionalmente masculinos. Esta falta de seguridad está directamente condicionada por los estereotipos y el aprendizaje social de las mujeres desde la infancia.

El segundo, más conocido, viene del en inglés, glass cliff, se refiere a las barreras invisibles que impiden a las mujeres alcanzar los puestos de máxima responsabilidad. Y el tercero, la socialización diferenciada, es el que enseñaba en el pasado explícitamente -y aún hoy tácitamente- a las niñas a ser discretas, a mostrase educadas e incluso a pedir permiso para hablar. Esta circunstancia hace que en las organizaciones estas conductas se den mucho más en mujeres que en hombres.

Gracias jueza Montes, gracias Candela Peña.

Norbert Monfort es profesor de Management y Cambio en Esade

Potenciación de Canarias

Hierro es una producción española que consta de dos temporadas, calificada como thriller y drama, de ocho y seis capítulos, respectivamente. Estrenada por la plataforma Movistar+ en junio de 2019, centra su trama en el trabajo de la jueza Candela Montes [Candela Peña], que llega a El Hierro desde la Península para hacerse cargo del único tribunal de la isla más remota del archipiélago canario, declarada por la Unesco como Reserva de la Biosfera y Geoparque, con 11.000 habitantes en la actualidad.

Al margen de sus dos roles protagonistas, Montes y Antonio Díaz, interpretado por Darío Grandinetti, y principal sospechoso en la primera temporada, la mayoría del elenco es de origen canario, y aunque en su argumento las tradiciones locales y la característica orografía de la isla formen parte esencial para su desarrollo, la serie está originalmente pensada para el mercado internacional, donde ha sido vendida a distintos países de América Latina y Europa.

La exposición de la isla allí donde se ha emitido ha potenciado también su interés turístico, al punto de crearse una ruta para mostrar las principales localizaciones donde tienen lugar las escenas más relevantes de sus distintos episodios.

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